María Casado, uno de los rostros más reconocibles de la información en nuestro país, se ha sentado en El show de Bertín (Canal Sur) para desgranar los entresijos más desconocidos de sus inicios mediáticos. Con una sinceridad apabullante, la periodista ha confesado que, aunque siempre hay que estar "trabajando y preparada", su despegue definitivo en la pequeña pantalla dependió de un innegable "punto de fortuna". De hecho, su aterrizaje en la televisión no fue un sueño perseguido, sino una vía de escape urgente tras sufrir una "experiencia fea" con una jefa durante su etapa en la radio. Para huir de ese ambiente enrarecido, aceptó sin dudarlo una sustitución temporal de apenas diez semanas en televisión.
Lo que muchos espectadores desconocen es que los primeros pasos de Casado en el medio audiovisual no estuvieron iluminados por los focos de un plató. "Yo no empecé haciendo cámara, yo empecé de producción, haciendo llamadas", relató la presentadora ante un atónito Bertín Osborne. Su labor inicial consistía en ser la coordinadora desde la delegación de Barcelona, es decir, la persona encargada de descolgar el teléfono para gestionar la información con la redacción central de Madrid. Una labor que desempeñaba ajena al protagonismo de la pantalla, guiada por su instinto de restarle gravedad a los baches profesionales porque "nunca pasa nada".
El diluvio y la sorpresa de la redacción
Sin embargo, el verdadero giro de guion a su vida profesional llegó dictado por la meteorología y las urgencias del directo. En una jornada en la que fallaban los redactores de plantilla, un temporal de lluvias torrenciales azotó Girona. Ante la falta de efectivos, la dirección tomó una decisión de emergencia y la mandó directamente a cubrir las inundaciones. Lejos de amedrentarse, Casado asumió el reto con una naturalidad pasmosa, lanzándole una única y sincera advertencia al operador de cámara que la acompañaba: "Yo por hablar no te preocupes... dime dónde tengo que mirar".
Su bautismo de fuego fue inmejorable: la mismísima Ana Blanco fue la encargada de darle paso en el Telediario de las tres de la tarde. Casado resolvió la conexión en riguroso directo y "con el agua que me llegaba por encima de la rodilla". En Madrid, al ver su rostro en emisión nacional, la redacción no daba crédito: "Oye, pero si esta es la chica que nos coge el teléfono", comentaban asombrados sus compañeros.
Como fue la primera vez de @MariaCasado_TV en televisión @elshowdebertin https://t.co/OiSdoLp4e1
— Sebas Maspons (@SebasMaspons) October 17, 2026
De la cola del paro a la fama
Aquella épica cobertura de emergencia se prolongó durante un par de días de directos, coincidiendo exactamente con los últimos estertores de su contrato temporal. La burocracia televisiva siguió su curso implacable y Casado vio cómo su vínculo laboral llegaba a su fin. La historia alcanzó su clímax narrativo dos meses después, un lunes cualquiera, cuando la periodista se encontraba, literalmente, "en la cola del paro renovando los papeles".
Lo que ella no sabía era que el impacto de sus directos pasados por agua había calado hondo en las altas esferas del ente público. Ese mismo jueves recibió una llamada inesperada convocándola a Madrid al día siguiente para lo que ella definió como un casting, aunque en la cadena evitaron usar esa palabra. Menos de veinticuatro horas después, la joven que gestionaba las llamadas de producción comenzó a presentar los Telediarios, culminando un ascenso meteórico que ella misma califica, con absoluto acierto, de "surrealista".
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