Salvados tuvo como protagonista en la emisión de este domingo al exmagistrado Luis Acayro Sánchez, que rompía su silencio tras perder su condición de juez y ser inhabilitado durante una década por el Supremo. En la entrega intervinieron distintas figuras al margen del protagonista, como José Ramón Pérez, sargento retirado de la Guardia Civil, o Joaquín Urías. Este último se mostró muy crítico con el alto tribunal y, además, puso el foco sobre el sistema de elección con el que se escoge a quienes lo componen.
El catedrático de Derecho Constitucional ha cuestionado en el programa de laSexta presentado por Gonzo cómo se elige a los magistrados del Tribunal Supremo y hasta qué punto los criterios políticos y las relaciones personales pueden pesar en esos nombramientos. "Para que te nombren juez del Supremo te tienes que dedicar a estar en Madrid, a ir a cenar con políticos y jueces durante meses para convencerles de tu candidatura y te nombran a dedo", ha afirmado.
Urías ha aprovechado la conversación sobre la condena que ha apartado a Acayro de la carrera judicial para cuestionar un sistema en el que, a su juicio, no necesariamente llegan a la máxima instancia quienes acumulan más méritos o conocimientos. "Los jueces del Tribunal Supremo no llegan por oposición. Ni muchísimo menos tú eres juez y vas mejorando, subes de nivel, y en un momento llegas al Supremo. Sus jueces están elegidos a dedo directamente. ¿Quién los elige? Un órgano político, un órgano elegido por los partidos políticos", ha explicado.
El jurista ha rematado su crítica con una afirmación que apunta directamente a los criterios de selección: "Entonces, no son ni los más antiguos ni los que tienen más mérito ni los que lo han hecho mejor o saben más". Sus palabras se refieren a los nombramientos discrecionales para determinadas plazas del Supremo, que corresponden al Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), y no al acceso inicial a la carrera judicial, que se realiza principalmente mediante oposición. La composición del órgano de gobierno de los jueces, cuyos vocales son elegidos por las Cortes Generales, alimenta desde hace años la controversia sobre la influencia política en la Justicia.
Pero Urías no limita sus críticas al modo en que se designa a los magistrados. El catedrático sitúa el problema también en el ejercicio del poder judicial y en la obligación de mantener la neutralidad al aplicar la ley. "El problema no es la cantidad de poder que tiene un juez, sino cómo lo utilizan. Cuando a mí se me da un poder absoluto sobre la vida de los demás, que tengo que utilizar aplicando la ley, estoy obligado a aplicarlo con neutralidad. Aplicar la ley, no mi manera de entender el mundo", ha defendido.
A partir de ahí, el experto ha cuestionado que algunos jueces sean capaces de dejar fuera de sus resoluciones sus convicciones personales. "Los jueces españoles no saben ser imparciales, no saben dejar fuera de la sala su manera de pensar, ideología o sesgo político", ha sostenido. Como ejemplo, ha aludido a las reacciones públicas de miembros de la judicatura ante decisiones judiciales de relevancia política: "Cada vez que un juez interviene políticamente, cada vez que un juez condena al fiscal general del Estado y los demás salen aplaudiendo en redes sociales o insultando al presidente del Gobierno".
Para Urías, estas conductas contribuyen a deteriorar la confianza ciudadana en los tribunales. "Que la sociedad tenga la percepción de que no son imparciales se lo han ganado a pulso", ha concluido.
“Los jueces del Supremo son escogidos a dedo. No saben dejar su ideología fuera de la sala.” #SalvadosJuezAcayro https://t.co/xrskzneaWP
— Salvados (@salvadostv) October 25, 2026
Urías ve "inquietante" el caso de Acayro: "Más datos conozco, más dudo de qué hay detrás"
El caso del exjuez Luis Acayro Sánchez es el punto de partida de buena parte de las críticas de Urías. El magistrado investigó durante ocho años la corrupción urbanística en Castro Urdiales (Cantabria), antes de acabar condenado por prevaricación judicial. En noviembre de 2022, el Tribunal Superior de Justicia de Cantabria le impuso cinco años de inhabilitación. En julio de 2025, el Tribunal Supremo dictó una nueva sentencia y elevó la pena a diez años. Dos de los cinco magistrados formularon votos particulares en los que defendieron su absolución.
"Si hubiera que definir este caso de algún modo, creo que sería con la palabra inquietante", ha dicho en el programa. El catedrático ha explicado que, cuanto más información conoce sobre el procedimiento, más dudas le genera lo ocurrido. "Es inquietante porque uno, cuando más datos lee y conoce, más se queda con la duda de qué hay detrás", ha resumido. Urías ha reconocido que no puede demostrar que existiera una rencilla personal detrás de la condena, pero ha advertido de un riesgo que considera relevante: "Que puede haber jueces que en un momento dado utilicen su sentencia para saldar cuentas personales... No es lo habitual, pero puede pasar".
Su advertencia ha sido aún más directa al referirse a las consecuencias de enfrentarse a determinados miembros de la judicatura: "Me consta que en España no es bueno enemistarse con muchos jueces porque te puede llegar a pasar algo", ha afirmado.
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