Llegan tiempos convulsos al Grupo Prisa. Las primeras tormentas descargan fuertes precipitaciones en la emisora reina del conglomerado mediático. La visita del portavoz orgánico del Partido Popular, Borja Sémper, al estudio de Hora 25 dejó una batería de titulares políticos, a la par que generó una zozobra interna entre los trabajadores de la Cadena SER. Según ha podido saber ElPlural.com, fuentes de la emisora apuntan al malestar generalizado que despertó el tono con el que la dirección de la compañía abordó la posibilidad de una moción de censura contra el Gobierno de Pedro Sánchez, hasta el punto de sugerir al dirigente conservador que su formación diera el paso cuanto antes. Indignación que se suma a la resaca del adiós de Àngels Barceló tras 21 años delante de los micrófonos amarillos. Salida que da pie a teorías de un supuesto “cambio de ideario” de la cadena, según han apuntado abiertamente algunos ex colaboradores.
La entrevista con Borja Sémper ha dejado una resaca incómoda intramuros de la Cadena SER, a la que se añade la abrupta salida de Barceló tras dos décadas como uno de los rostros más representativos de la emisora. Dos cuestiones que han hecho mella en núcleos de trabajadores de la compañía. Especialmente por el trato con el que la dirección trató entre bambalinas al recién reincorporado portavoz del Partido Popular. Fue, quizás, el detonante de una semana negra para uno de los puntales de referencia del Prisa.
El fuego se originó con la visita de Borja Sémper a los estudios de Hora 25 este pasado miércoles. El comité de bienvenida ya frunció ceños entre los trabajadores de la Cadena SER. Según fuentes consultadas por ElPlural.com, llamó la atención el despliegue de la cúpula de la emisora para recibir a un “simple portavoz” orgánico, que fue agasajado por los principales responsables editoriales y empresariales del grupo: el director de Informativos, Guillermo Rodríguez; el director de Contenidos, Fran Llorente; el director general, Jaume Serra; y la CEO del Grupo Prisa, Pilar Gil.
Una movilización de directivos que suele ser habitual para los principales cabezas de cartel del panorama político, si bien es cierto que se trataba del regreso a la primera línea de Sémper tras superar un cáncer de páncreas. Pero el malestar creció cuando algunos de los presentes escucharon el contenido de la conversación entre la cúpula de la empresa y el portavoz orgánico. De hecho, las fuentes consultadas apuntan a que Llorente se dirigió al político vitoriano en un tono casi imperativo para que “presentaran de una vez” la moción de censura contra el Gobierno de Pedro Sánchez.
La píldora de Llorente no sólo ha generado suspicacias en los entresijos de la Cadena SER, sino que ha provocado una sensación de incomodidad - incluso malestar e indignación – entre los trabajadores de la emisora. Lo habitual en ese tipo de conversaciones informales fuera de micrófono es que se limiten a comentarios o interrogatorios sobre la estrategia del entrevistado en cuestión. Lo mollar del asunto, según las fuentes consultadas, es la sensación de apremio para activar una herramienta constitucional de enorme calado político.
Por definición, la moción de censura es uno de los mecanismos más solemnes del ecosistema parlamentario. No se ciñe a una palanca de uso retórico, sino que tiene una vocación de cambio de signo gubernamental: candidato alternativo, debate de investidura y derribo del Gobierno en el Congreso de los Diputados como escenario. A ello, además, se le suma el viciado ambiente político, enrarecido aún más esta semana tras la imputación del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero en el caso Plus Ultra, que a su vez ha motivado al Partido Popular ha intensificar su ofensiva contra el Ejecutivo de Pedro Sánchez. De ahí que algunos trabajadores de la emisora consideren que una cadena con la trayectoria y el peso informativo de la SER debe extremar las precauciones entre el análisis político y la apariencia de presión editorial sobre un partido.
¿Volantazo ideológico?
La situación se agravó, además, dos días después, cuando a última hora del viernes explotó el bombazo: Àngels Barceló anunciaba su salida de la Cadena SER tras más de dos décadas de servicio. Un movimiento no exento de lecturas editoriales. De hecho, quien fuera colaborador de la emisora, el antropólogo Javier Aroca, habló sin tapujos desde la mesa de debate de las Malas Lenguas de Jesús Cintora. Quizás por desconocimiento, no ponderó el malestar interno en la redacción por la visita de Borja Sémper, pero sacó el pincel fino para dar unos trazos al adiós de la locutora.
A juicio del tertuliano, la marcha de la periodista se explica con una presunta derechización de la emisora, así como de su directiva, que buscarán un contenido ideológicamente diferente con el que Barceló “no comulga”. “Estuve en el primer programa que hizo en la SER y esto me parece un desastre. Àngels Barceló ha representado una manera muy genuina y muy valiente de hacer radio y ha conseguido crear un equipo plural, muy identificado con un amplio sector de la audiencia y que se ha superado constantemente”, comenzaba Aroca, que aplaudió su coherencia al entender que “uno no debe de estar en una compañía” cuando esta tiene “distintos andares a los que ha intentado defender delante de un micrófono”. “Y en situaciones muy difíciles”, apostillaba.
Aroca recordó su periplo como tertuliano en la Cadena SER, relatando que “ha habido sintonía y ritmo en todos los sentidos”. Movimientos que oscilan desde una mayor “influencia” desde Moncloa, o volantazos hacia la “derecha o menos”. “A mí me cortaron la cabeza en el periodo anterior”, apuntaba. No obstante, a su parecer, la emisora ha entrado en una fase de “cambio de ideario y posicionamiento”. Sin restarle “legitimidad”, entiende que buscan “otro tipo de radio, con otros posicionamientos sociopolíticos más a la derecha”. “Barceló ha hecho una radio progresista, innovadora y muy de cerca de lo que querían millones de oyentes”.
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