Si pensamos en el género del true crime, uno de los que más ha crecido en los últimos años, es inevitable pensar en Carles Porta. Esta historia arrancó con el ya emblemático Crims y acabó derivando en toda una maquinaria, centralizada en su productora True Crime Factory, que narra crímenes reales con una fusión muy propia, ese híbrido entre documental y ficción, entre periodismo y cine que tanto les caracteriza. No obstante, el periodista es tan solo la cara visible de todo un equipo que sostiene y desgrana cada proyecto. Una parte esencial de este engranaje es Anna Punsí, su directora de Investigación, quien estuvo al frente de los sucesos en la SER durante 21 años

El próximo 14 de mayo, sus vitrinas se ampliarán con el estreno de Peregrina en Movistar Plus+, que narra en dos episodios la desaparición de una viajera estadounidense cuando realizaba el camino de Santiago cerca de Astorga. A este, le seguirán otros dos títulos para cerrar la temporada: ¡Mátalo ya! (4 de junio) y El plan de las gemelas (2 de julio).

Pregunta: Carles Porta es la cara visible de vuestras producciones (True Crime Factory), pero tu labor dentro de proyectos como el de Peregrina es esencial. 

Respuesta: Cuando empecé con Carles Porta en el 2021 tenía el cargo de directora de Contenidos, supervisando un poco todo lo que hacemos, pero, desde hace un año y medio me convertí en la directora de Investigación.

Mi trabajo es ayudar a los guionistas y documentalistas a tirar adelante la investigación y el caso, apoyarles y darles también alas a veces. Ellos me preguntan ‘¿qué te parece si entrevistamos a un miembro de jurado?, ¿qué hacemos con la familia, llamamos o no?’. Luego también les doy apoyo durante las entrevistas y después llega la revisión. Cuando me mandan el proyecto acabado, lo que es nuestra estructura de narración, les doy pautas. Hago un poco de coordinación y supervisión de los capítulos.

(P): ¿Tu labor puede suponer que un proyecto caiga y no se lleve a cabo?

(R): Sí, y de hecho ha pasado, porque nos pueden pasar dos cosas. Una, que realmente durante el desarrollo del caso veamos que no tiene suficiente interés narrativo porque la historia se agota muy rápido, porque no hay unos giros de guion o la historia en sí no es tan impactante o tan intensa como pensábamos, etc. En ese caso, lo dejamos. Aunque es verdad que hay un análisis previo antes de empezarnos a meter de lleno que nos da una idea de si nos interesa o no.

En esta investigación previa siempre llamamos a las familias, directamente o a través de sus abogados. Aquí detectamos la atmósfera de todo. Si la familia nos pide que no lo hagamos porque eso les duele mucho, porque pasó alguna cosa añadida al caso que les destrozó mucho la vida, que están necesitando ayuda psicológica en ese momento, etc., lo replanteamos y buscamos otro caso.

En otros casos, por suerte en la mayoría, es al revés y las familias están con nosotros. Eso también nos da “poder” o posibilidades de tirar adelante con el caso. Es decir, si un caso cae es o porque la familia nos muestra muchas reticencias y no les vamos a hacer más daño del que ya sufrieron o por una cuestión más narrativa, técnica.

(P): Centrándonos en el caso de Peregrina, ¿cuál es el punto fuerte de la serie y de la investigación que habéis hecho?

(R): Hay tres puntos muy buenos en esta historia. Primero, el valor de los peregrinos. Tenemos a dos protagonistas que convierten la serie en algo muy especial. Uno es Lino, un caminante italiano que conoce a Denise al principio y el final es muy emocionante. Y después tenemos al hombre de la posada, que además falleció y se lo dedicamos en los créditos.

Hay una parte muy humana, de solidaridad, que se transmite muy bien. Además de una parte visual preciosa que tiene que ver con todo el camino, con ese paisaje tan hermoso y una parte de bosque que te puede llevar más al mundo del true crime.

Y, para mí, otra protagonista imprescindible es la policía nacional de Astorga, con esa fuerza. Normalmente, con la Policía nos cuesta que bajen un poco el nivel. Ellos están acostumbrados a hacer atestados, tienen un lenguaje muy policial, y con ella conseguimos que fuera muy sencilla, muy próxima, muy natural. Cuando conseguimos eso, que un policía con uniforme traspase la pantalla, tenemos mucho ganado. Si además eso va aderezado con estos protagonistas que vivieron esta historia tan intensamente y que la tienen en el recuerdo muy adentro, yo creo que esto la convierte en una serie muy especial, de estas que te dejan huella.

También es muy importante la parte de archivo, que es la reconstrucción del crimen, con el detenido, que también es una parte muy heavy que te deja bastante clavado en la silla, porque ves la cara del mal y cómo a esta persona parece que no le importa mucho todo lo que ocurrió. Esto contrasta mucho porque ves a una gente que sufre un montón por todo lo que pasó y después ves esta frialdad en un momento tan bestia que te atrapa, te hace reflexionar y te deja bastante aturdido.

(P): Desde hace tiempo asistimos a un boom del true crime, hasta el punto de que comienzan a surgir críticas al género relacionadas con sensacionalismo o una frivolidad. ¿Te preocupa que algunas producciones estén convirtiendo los crímenes en entretenimiento?

(R): Es delicado. Nosotros hablamos por nuestros proyectos y a mí me cuesta criticar a los compañeros o a otras productoras, pero sí que creo que cuando se hacen mal las cosas nos acaba afectando a todos y nos meten a todos en el mismo saco.

Hace poco, Carles Porta estuvo en el Consejo General del Poder Judicial haciendo una jornada de formación con jueces y se titulaba ‘Contar sin dañar’. Yo creo que es posible hacerlo. Nosotros, y ojalá dure para siempre, somos ejemplo de ello.

Hay cosas que duelen mucho, entonces como ya es todo tan trágico, añadirle más dolor no le veo mucho sentido. El sensacionalismo pasaría por ahí, por ponerle muchos adjetivos, imágenes muy duras... Al final ese tipo de producto también acaba tirando para atrás. La gente lo asume como un entretenimiento, tampoco hay que huir de ello, es una historia, está bien contada y se intentan poner los elementos para que atrape y sea atractiva, pero eso no tiene por qué generar un dolor añadido y una sensación de violencia o generar angustia.

Hay que encontrar el equilibrio entre lo que quieres contar, en entretener y en respetar. No le veríamos ningún sentido a irnos de esta línea.

(P): El Gobierno español ha impulsado una reforma de la Ley Orgánica 1/1982 de Protección Civil del Derecho al Honor, con el objetivo de limitar el true crime y proteger a las víctimas. ¿Cómo verías esta legislación? ¿Crees que puede perjudicar al género o la libertad artística?

(R): Veremos por dónde va, de momento es un proyecto de ley y siempre acaba cambiando. Legislar cuando hay polémica es un poco delicado, porque entonces pones a todo el mundo en el mismo saco y es un poco injusto. Ya nos encontramos bastantes restricciones, sobre todo por cuestiones de privacidad, como es lógico.

Nosotros lo acercamos más a la parte de documental informativo, aunque le demos un tinte cinematográfico que, claro, está hermanado con el entretenimiento. Entonces hay que saber estar en esta parte, pero también está la del derecho al honor, el derecho a la imagen, que colisionan a veces con el derecho a la información o el interés público.

Esto lo trabajamos cada día. Tenemos un equipo de abogados que nos asesoran, una figura que se llama Clareance, que se dedica a mirar frame por frame todo aquello que pueda vulnerar algún tipo de derecho para que no se nos escape absolutamente nada.

(P): Al margen de tu carrera actual como directora de Investigación, durante 21 años fuiste periodista de sucesos en la Cadena SER. ¿Qué errores crees que se siguen cometiendo hoy en la cobertura mediática de crímenes o desapariciones?

Allí vivía ese día a día, cuando todo está muy caliente y acaba de pasar. Es muy delicado porque puedes cometer errores, y para mí el principal es la prisa, el querer ser el primero, aunque nos paguen para ello. Esto ha pasado, el que a una persona que está en estado crítico la den por muerta. Las prisas son muy malas consejeras y nos pueden hacer cometer errores graves. Yo también los he cometido.

También el respeto hacia las víctimas que acaban de sufrir un impacto súper bestia en sus vidas y que probablemente están muy aturdidas. A veces, nos acercamos mucho a ellas, plantamos la cámara delante de la finca donde han matado a la víctima o donde vivía sin pensar que tiene hijos, hermanos o padres, etc.

A pesar de que los periodistas quiero pensar que somos sensibles, estás muy enfocado en tu trabajo y en contar bien la información y deberíamos ser un poco más cautos o más prudentes. Entiendo que es una dinámica difícil cuando acaba de pasar algo y sobre todo para la gente que trabaja en televisión, porque necesita imágenes. Siempre reivindico que hay que ir al sitio, pero con prudencia.

Por ejemplo, a los compañeros de prácticas que venían a la radio siempre les decía: ‘Tienes que ir allí, tienes que hablar con todo el mundo, pero yo no quiero un corte de voz en la radio donde diga que era muy buena gente’. Esto ya ha pasado a la historia. Solo me sirve el vecino que diga ‘a las tres de la mañana he oído un grito muy fuerte y he llamado a 112’. Eso tiene un valor informativo, pero todo lo que son opiniones, valoraciones, mucho adjetivo, no.  

(P): Y, para terminar, nos hablabas de esa sensibilidad que también tienen los periodistas al margen de su trabajo. ¿Qué queda de Ana Punsí detrás de cada caso?

(R): Siempre queda algo de todos. Hay algunos en los que te implicas más personalmente, o porque eres el guionista o porque has tenido más contacto con las familias y te los llevas contigo.

Hay una cosa muy bonita, que es que te llevas relaciones que no te imaginabas. Las víctimas, después de todo lo que ha pasado, después del proceso judicial, algunas incluso siguen sin encontrar sus seres queridos, acabas haciendo un vínculo personal bastante importante con ellos y pasan los años y te sigues felicitando las navidades y preguntando cada equis tiempo cómo está todo.

Es un gran aprendizaje del valor humano en unas situaciones tan heavies. Es muy duro lo que viven, te rompe la vida, y aprendes que después de una cosa así la gente se tiene que reconstruir porque no hay más opción y que el amor es lo único que les sustenta. La gente puede morir de muchos motivos, pero por un crimen es durísimo.

Para mí es difícil dejarlo fuera de casa, te lo llevas siempre, pero me quedo con esta parte positiva de haber conocido a gente increíble con una capacidad de superación extraordinaria.

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