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Gonzalo Miró calienta su salto al 'prime time' de La 1 juntando a enemigos ideológicos en la misma mesa: "Dicen que soy un idiota..."

La cadena pública intensifica la promoción de su nuevo espacio semanal, donde el presentador sentará a rostros conocidos situados en las antípodas políticas y sociales

Gonzalo Miró en 'La Cena de los Idiotas'. RTVE
Gonzalo Miró en 'La Cena de los Idiotas'. RTVE

La crispación mediática, la polarización y el choque constante en los platós parecen haber encontrado su antídoto en la nueva apuesta de la televisión pública. La 1 ya ha comenzado a promocionar el inminente estreno de La cena de los idiotas, el formato con el que Gonzalo Miró aterriza en el codiciado prime time de la cadena. Su objetivo resulta casi insólito en los tiempos que corren: demostrar que personalidades con visiones diametralmente opuestas pueden debatir sobre la actualidad más candente sin necesidad de acabar a gritos.

En el primer vídeo lanzado por RTVE para calentar motores, se puede ver al madrileño ejerciendo de meticuloso anfitrión, dando los últimos retoques a un tartar de atún antes de recibir a sus comensales. Es en ese ambiente distendido, rodeado de copas y vajilla fina, donde Miró desgrana a cámara el manifiesto fundacional del programa. "Dicen que soy un idiota por atreverme a organizar estas cenas. Los hay que piensan que soy un ingenuo por querer juntar a gente que está en las antípodas ideológicas, personas que, a priori, jamás compartirían mesa y mantel", relata el presentador, asumiendo el riesgo del formato para, a continuación, fijar su ambiciosa meta: "Pero yo estoy dispuesto a que una conversación normal y sin gritos se convierta en un gran evento semanal. Bienvenidos a La cena de los idiotas".

Lejos del bullicio de las tertulias convencionales —como las que el propio Miró frecuenta en espacios como Malas lenguas—, el nuevo formato plantea una mecánica estructurada en torno a una velada integral dentro de una misma casa. La dinámica reivindica la socialización más tradicional, dividiendo la acción en dos escenarios clave. El primero de ellos será la cocina, utilizada como un confesionario y zona de descompresión. Aquí, los invitados tendrán que mancharse las manos ayudando con los preparativos del menú mientras mantienen conversaciones íntimas y espontáneas con el presentador. Se trata de una estrategia pensada para que bajen la guardia, se despojen de sus argumentarios de partido y se olviden de las cámaras antes del plato fuerte.

Una vez en el comedor, el debate tomará las riendas absolutas del formato. Alrededor de una gran mesa interactiva, los invitados tendrán que intercambiar argumentos sobre un tema de actualidad del que ellos mismos son protagonistas directos. Para nutrir la charla y evitar que el debate caiga en el vacío, el programa no solo proyectará el extenso archivo de TVE a modo de contexto histórico innegable, sino que pondrá a prueba a los comensales con juegos y test psicológicos. Estas pruebas están diseñadas exclusivamente para evidenciar cómo las ideas preconcebidas condicionan nuestra visión del "otro" y buscarán desmontar los prejuicios en pleno directo.

Aunque la Corporación todavía no ha fijado el día exacto en el calendario, La cena de los idiotas llegará "muy pronto" a la parrilla bajo el sello de producción de RTVE en colaboración con Proamagna. La productora, experta en exprimir el tono conversacional y cercano en éxitos previos de la cadena como En la tuya o en la mía, o en formatos como Joaquín, el novato, une fuerzas con un Gonzalo Miró omnipresente para intentar consolidar un oasis televisivo. El reto está servido: lograr que, durante una noche a la semana, aquello que nos une pese más que lo que nos separa.

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