Israel sigue adelante en el Festival de Eurovisión 2026, el primero sin España en 65 años, después de que la UER la volviera a proteger al saltarse las normas con su campaña masiva para captar votos. El país de Oriente Medio se clasificó para la gran final del próximo sábado con su artista, Noam Bettan, que protagonizó una actuación marcada por las protestas por su participación en el certamen musical en pleno genocidio en Gaza (Palestina) y Líbano. 

Como se puede apreciar en diferentes vídeos que se han publicado en las redes sociales, durante el inicio del número israelí, se puede escuchar a personas gritando “Stop, stop the genocide! (¡Parad el genocidio!)”, voces que el propio Festival de Eurovisión ha censurado al subir la actuación a su cuenta oficial de YouTube. A ello, también hay que añadir que algunos de los asistentes a esta primera gala del certamen también portaron banderas de Palestina en el Wiener Stadthalle, recinto en el que se celebra el concurso musical en Viena (Austria). 

 

Cabe recordar que Israel no ha recibido ningún tipo de sanción después de las acciones y actitudes que realizó en las ediciones de Malmö 2024 y Basilea 2025, siendo excesivamente protegida por la UER. La organizadora del Festival permitió su participación en 2026 con un nuevo reglamento, que se aprobó para evitar una votación directa sobre su expulsión, lo que conllevó que cinco países se retirasen de la competición. España, país perteneciente al Big5 (grupo de países que se clasifican directamente en la gran final porque son los que más contribuyen a la producción del certamen), es uno de ellos. 

Se desconoce cuántos puntos y llamadas ha recibido Israel en esta primera semifinal del Festival de Eurovisión 2026, pero la sombra de la sospecha se cierne sobre su candidatura después de que The New York Times publicase una investigación que afirmaba que Israel había invertido importantes cantidades de dinero para promocionar su imagen a través del Festival de Eurovisión y, de esta manera, influir en el resultado final del concurso, utilizándolo como "herramienta de política blanda". 

"Los esfuerzos de Israel para influir en el voto de Eurovisión fueron más amplios y comenzaron años antes de lo que se sabía anteriormente. Incluso antes de que la controversia electoral estallara a la vista, según muestran los registros financieros, Israel gastó al menos 1 millón de dólares en el marketing de Eurovisión. Parte de ese dinero vino de la oficina de "hasbara" del Sr. Netanyahu, un eufemismo para la propaganda extranjera, para promocionar al cantante de Israel", asegura dicha pieza, algo que no está permitido en las nuevas reglas.

En líneas posteriores, el NYT aseguró que, durante la edición de Malmö 2024, el gobierno israelí dedicó más de 800.000 dólares a publicidad relacionada con el Festival de Eurovisión, según la Agencia de Publicidad del Gobierno de Israel: "Los datos, que fueron obtenidos por el organismo de control de los medios israelíes The Seventh Eye y proporcionados a The Times, revelan que la mayor parte del dinero provino del Ministerio de Relaciones Exteriores. Una partida de la oficina de hasbara del primer ministro mostró que también había asignado dinero para "promoción de votos"".

Otra final marcada por el genocidio en Gaza

Grecia, Finlandia, Bélgica, Suecia, Moldavia, Serbia, Croacia, Lituania y Polonia acompañarán a Israel este sábado en la gran final de Eurovisión 2026, que sigue estancada en una grave crisis reputacional originada por la gran protección y permisividad que se le ha dado y se da al país de Oriente Medio ante sus acciones y actitudes. 

El próximo sábado volverá a ser otro día muy crítico para la historia del Festival de Eurovisión, especialmente teniendo en cuenta los anteriores intentos para influir en la votación por parte del aparato de propaganda israelí.

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