Hablamos con los creadores de la serie de Movistar Plus El Inmortal, José Manuel Lorenzo y Rafa Montesinos, en un encuentro donde repasan la evolución de una serie criminal a la que se resisten a poner un punto final definitivo. A través de sus palabras, descubrimos cómo el ritmo frenético de una entrega condensada en solo seis días convive con un profundo coqueteo con el concepto de cómic y la acción adrenalínica, todo ello sin perder la esencia humana y familiar que ha mantenido a la serie firmemente anclada a la realidad. Una radiografía perfecta sobre lo difícil que resulta escapar de un mundo que, cuando intentas dejarlo atrás, siempre vuelve para perseguirte.

P: Habéis estructurado la serie en tres actos muy claros, cada uno por temporada. La temporada uno es la del ascenso de José Antonio, la temporada dos es la caída, y la temporada tres es la traca final, que la habéis condensado en seis días. ¿Por qué decidisteis concentrar todo el final de la serie en solo seis días del año 2004? ¿Qué os daba narrativamente ese formato?

José Manuel Lorenzo: La verdad es que cuando empezamos El Inmortal, inspirado en un personaje real, una historia real, de “Los Miami” —de José Antonio, Juan Carlos en la realidad—, pensábamos hacer una sola temporada. Nos salió muy bien, funcionó muy bien y eso dio pie, casi por aclamación popular, a que nos encargaran la segunda.

La primera, como tú has dicho, es el ascenso. Es la historia de unos chicos que de la nada llegan a la cúspide y no tienen nada que perder. En la primera se ve la manera de rodar, dónde está la cámara... La forma de contar la historia es la de unos chicos que se la juegan porque no tienen nada que perder. Hasta que llegan arriba.

La segunda temporada ya están arriba. Y cuando están ahí, es curioso porque lo tienen todo por perder; entonces aparece el miedo. Tienen miedo a perderlo todo o a que se lo quiten unos nuevos que lleguen igual que llegaron ellos. Ahí entran las guerras, las traiciones personales, ahí entra todo ese mundo que hemos creado en la segunda.

Y evidentemente, también pensábamos que la segunda era la última, pero el éxito volvió a hacer que nos pidieran una tercera. En esta tercera, lo más fácil para nosotros era continuar el mundo de la dos, porque ya se había creado una base de gente consumiéndola muy interesante y todo el mundo nos planteaba por qué no seguíamos por ahí. Pero a mí me parecía que eso era como estirar un chicle. Un chicle ya muy masticado: lo estiras, lo estiras y al final... eso no me gustaba. Queríamos empezar desde cero.

Nos planteamos seguir el mundo de la segunda temporada, pero era estirar un chicle muy masticado. Queríamos empezar desde cero.

Así que había que hacer una nueva temporada y buscar algo que cambiara, incluso cambiar el formato. No es solo cambiar el formato en cuanto a la narración, sino en cuanto a la dirección; no cambiando al director, sino la manera de dirigirlo, la manera de fotografiarlo, la manera de interpretarlo, la impronta que tiene, la estética... Todo eso afecta.

La idea se le ocurrió a Diego y a David, los guionistas. Cuando empezamos a plantearnos qué tercera hacíamos —un mundo nuevo que cambiara mucho y que no se pareciera en nada a la segunda ni a la primera—, se les ocurrió la idea de hacer algo tan trepidante como que ocurriera en seis días. Un secuestro: tres días para atrás, tres para adelante. Y poner a todos los personajes fuera de la zona de confort donde estaban en la dos; ahora ya estaba cada uno en otro sitio. Un poco como lo que realmente pasó con el Inmortal “real”: una rubia capitaneándolo todo, una Paulina realmente queriendo quedarse con todo el pastel. Es una tercera temporada que, aparte de ocurrir en seis días, tiene una presencia femenina más grande que ninguna de las otras. Es la guerra entre dos mujeres.

Eso ha afectado incluso a la manera de rodar y a la manera de planificar en cuanto a la estética. Y luego tiene una cosa muy trepidante: como ocurre en seis días, es como Cenicienta, ¿no?, a las doce tienes que acabar. Por eso esta temporada es más trepidante que ninguna: cada episodio es un día.

Esta temporada tiene una presencia femenina más grande que ninguna de las otras. Es la guerra entre dos mujeres.

P: Empezasteis la serie pensando que iba a ser de una sola temporada. ¿Teníais desde la concepción de la serie bien definido el final de los personajes, o fue cambiando?

JML: No, fue cambiando a medida que nos iban pasando cosas. Cuando ves la primera, te das cuenta de lo que estás haciendo y de dónde has puesto al personaje, y te entra una gran sensación y unas ganas enormes de hacer la segunda, porque el personaje es tan distinto. En la primera, como digo, es un hombre de la calle, callejero, que empezó vendiendo en la calle; y en la segunda es un tío ya instalado en la opulencia, con guardaespaldas, con una organización muy grande y con miedo a perderlo. Entonces, no lo teníamos pensado. De hecho, la tercera es en la que más licencias dramáticas nos hemos permitido con respecto a la realidad, porque siempre nos ha inspirado mucho la realidad. Hemos avanzado un poco más el cuento para no repetirnos.

Rafa Montesinos: Cada temporada tiene su personalidad. Y es curioso cómo se puede relativizar el tiempo, que es una de las magias del cine. En este caso, la segunda temporada son cinco años y la tercera temporada son seis días. Queríamos darle presión, darle un punto adrenalínico donde se puede hacer eterno el día y pueden parecer años. Queríamos coquetear con el concepto cómic, darle un punto fantástico y donde es imposible que puedas salir de esto una vez que estás metido. Él mismo reconoce que ya no quiere estar en eso, que quiere dedicarse a su hija.

JML: Es como la vida, ¿no? Lo bueno es fácil dejarlo. Las buenas palabras tienen poco recorrido, las alabanzas también... pero las cosas malas no se van nunca.

Queríamos darle un punto adrenalínico donde se puede hacer eterno el día y pueden parecer años.

P: Sobre todo si has hecho cosas malas, ¿no? Te van a perseguir.

JML: Vuelven siempre. Vuelven siempre.

RM: Sí, así es.

P: La serie está inspirada en Los Miami, que es una banda real, una realidad criminal de Madrid. Ahora que la serie llega a su fin, ¿cuál creéis que ha sido el mayor reto al equilibrar la crónica negra real con las necesidades de un thriller de ficción que enganche a nivel internacional?

JML: Bueno, nunca digas "llega a su fin", ¿eh?, porque yo todavía no tengo nada claro que sea el fin. Cada vez que presentamos esto, siempre hay un final. Yo no lo tengo tan claro. Aquí hay muchos personajes que piden por esa boca, que piden que continuemos con ellos. Lo estamos presentando como la última temporada... hasta que Dios diga lo contrario.

Hemos tenido la suerte de poder tener contacto directo con José Antonio, con Juan Carlos Peña, el personaje real. Nos ha contado verdaderamente cómo funcionaban las cosas en esa época, que era muy distinto a como es hoy. Cómo funcionaban los contactos con los policías de la droga, muchas de las situaciones que vivieron... Teníamos un material ingente de casos reales, y el reto era ficcionarlo.

Aquí hay muchos personajes que piden por esa boca, que piden que continuemos con ellos. Lo estamos presentando como la última temporada... hasta que Dios diga lo contrario.

El reto era hacer que esa realidad no fuera siempre la misma. En la primera temporada, por ejemplo, yo creo que el 60-70% de todo lo que narramos es muy real, y luego nos hemos inventado cosas y personajes para poder avanzar dramáticamente según nuestros intereses, que son los del público.

Una de las claves de la serie ha sido la mezcla entre acción y drama con humanidad. O sea, a nuestros personajes no solo los conoces a través de sus aventuras, sino que los conoces muy bien a través de su vida personal. Y eso le da una humanidad y los hace muy presentes, muy reales; los hace de verdad. Esas croquetas en la casa de la madre, ese cuidado familiar... pasaba mucho en El Padrino, que fue una gran inspiración.

P: Si tuvierais que definir el final de la serie en una sola palabra, ¿cuál sería?

RM: ¿En una sola palabra? ¡Uf! Bueno, es que son dos palabras: "muerto en vida".

JML: Yo lo definiría... como un final "inquietante".

RM: Sí, estoy de acuerdo.

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