Cuando esta columna se publique Belén Esteban habrá vuelto a pisar un plató de Mediaset España tres años y medio después de su salida por la puerta de atrás. En los siete días que han pasado desde su scoop en ¡De Viernes! han resucitado en primer lugar las audiencias, en segundo lugar, las tramas y en tercero, los enemigos que estaban agazapados esperando el momento justo para ajustar cuentas pasadas. La respuesta a la pregunta “¿De verdad Belén Esteban todavía interesa?” parece ya clara, pese a quien pese. Su vuelta ha servido hasta para resucitar a personajes amortizados como Laly Bazán.
Lo cierto es que Belén, lejos de ser perfecta, está más cerca de ser un ser imperfecto y lleno de defectos que un dechado de virtudes. Pero, posiblemente, parte de su encanto resida en la imperfección que deja entrever que debajo de todo hay una persona real con los mismos problemas que atraviesan miles de mujeres en nuestro país. En esta semana la entrevista de Belén ha nutrido la parrilla al completo de Telecinco, dando hasta el salto a los cayos cochinos. Parece ser que, de forma espontánea, y para nada como resultado de recibir información del exterior, los Supervivientes han empezado a acordarse de la Esteban.
Desde las playas de Honduras, Rosa Benito aseguraba sentir nauseas por hablar de Belén, “me repugna hablar de ella”, pero sin embargo sentía la irrefrenable necesidad de mencionarla en el espacio de Mediaset mientras su hija hacía lo mismo desde el plató. ¿De verdad piensan que alguien se traga que esto ocurre de forma espontánea? ¿Que esta gente no llegó a esa playa sabiendo a quién no podían mencionar y ahora han recibido un cambio de directriz? Sea como fuere, lo que es innegable es que las espadas están en alto, pero ¿seguirán en alto si ambas coinciden en un plató? Porque si por algo es conocida la Benito es por cambiar de opinión como una veleta.
Otra que esta semana ha dejado claro que tiene problemas con Belén es Terelu, aunque el viernes pasado hablaba con un cariño que parecía ser madrina de bautismo de la hija de Belén. Sin embargo, esta semana ha asegurado que, si bien no puede decir que la Esteban sea mala persona, con su hija no se ha portado bien. Aquí el problema es que Terelu sigue sin asumir que su hija ha vendido exclusivas, ha aireado en platós sus problemas y ha decidido pasar a formar parte de un negocio que no está ni bien, ni mal, pero que trae consigo una serie de peajes. A Terelu le habría encantado ser madre de una chavala que decidiera mantenerse al margen, pero para su desgracia, lo es de una joven que ha decidido trabajar en la misma industria que mamá, la tía, el primo…
Y repito, participar en este tipo de programas no tiene nada de malo. No es una deshonra, no es vergonzoso, no te convierte en un ciudadano de segunda, pero sí te somete al juicio de otras personas que participan de la misma industria. Nada más, esa es la principal diferencia entre la hija de Terelu y la de Belén, aunque la Campos no lo entienda. Al final el caso de Terelu y el de Rosa no es tan distinto; respiran por la herida. El caso de Rosa es más flagrante, porque es tanta la inquina que tiene hacia Belén que es capaz de ver con claridad que “ha usado a su hija para hacer daño a Jesús”, sin embargo, en otros casos Rosa no solo no lo ve, sino que participa… Como veis, todo sigue manda por hombro.
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