La apuesta de Telemadrid por reforzar sus tardes con perfiles claramente escorados ideológicamente hacia la derecha mediática sigue sin dar resultados. Lejos de revertir la crisis de audiencia que arrastra la cadena autonómica, los programas encabezados por Carlos Cuesta y Christian Gálvez se erigen como uno de los principales lastres de su parrilla, con cifras que no solo están por debajo de la media, sino que rozan en muchos casos el denominado "cero técnico".
Este martes, La tarde de Telemadrid, el programa de Gálvez, anotaba un 0,5% de cuota de pantalla y una media de 5.000 telespectadores. Mientras, Hablamos de Madrid, el formato de Cuesta, firmaba un 1,7% de share y 13.000 televidentes.
Los datos son contundentes. El espacio presentado por Cuesta debutó en febrero con un 2,9% de cuota de pantalla, pero lejos de consolidarse, ha ido perdiendo fuelle hasta caer a cifras como el 1,6% y apenas 13.000 espectadores, situándose muy por debajo de la media de la cadena, que ronda el 5%. Este desplome no es puntual, sino estructural: el programa se ha convertido en el menos visto de su franja, incapaz de competir no solo con cadenas nacionales, sino incluso con otras ofertas autonómicas.
En paralelo, el formato vespertino que conduce Gálvez tampoco ha conseguido levantar cabeza. La franja de tarde de Telemadrid atraviesa mínimos históricos, con registros que se mueven entre el 2% y el 3% de share, aunque llegando a rozar el cero técnico en varios días. Lejos de ser una anomalía, estos datos reflejan una tendencia sostenida que evidencia la desconexión entre la propuesta de la cadena y el público madrileño.
El problema, sin embargo, va más allá de los números. La apuesta por Cuesta, un perfil vinculado a medios conservadores, es interpretada como un intento de reforzar una línea editorial alineada con el Gobierno de Isabel Díaz Ayuso. Esta percepción no es nueva: Telemadrid lleva años arrastrando críticas por su supuesta deriva ideológica, hasta el punto de que algunos sectores la han rebautizado como "TeleAyuso".
En este contexto, los malos datos de audiencia adquieren una dimensión política. No solo se trata de programas que no funcionan, sino de una estrategia de programación que parece priorizar el posicionamiento ideológico frente al servicio público. De hecho, los propios trabajadores de la cadena han cuestionado algunos de estos formatos. En el caso de Hablamos de Madrid, sindicatos internos llegaron a pedir incluso un cambio de nombre, denunciando que los contenidos abordados se alejaban de la realidad madrileña para centrarse en una agenda política nacional claramente sesgada.
El resultado es una tormenta en la que confluyen programas con baja audiencia, críticas internas y una creciente percepción de instrumentalización política. Todo ello en una cadena que, además, atraviesa dificultades estructurales y financieras, lo que agrava aún más la situación.
En términos de share, la televisión pública madrileña finalizó el 2025 con una media del 5,1% de cuota, límite que no ha vuelto a alcanzar en este primer trimestre del año. En enero anotó un 4,9% de share, es decir, -0'2 puntos con respecto a diciembre y -0'3 con respecto a la media del último año. Mientras, en febrero, cayó una décima más hasta el 4,8% de cuota y, en marzo, se dejaba dos más, hasta el 4,6% de share.
En lo político, hasta Vox ha señalado a la televisión pública madrileña por sus cifras: "Realmente el servicio público se tiene que conjugar con tener audiencias, porque, si no, no sirve de nada. Si nadie ve los programas, ¿de qué sirve? En fin, tienen que tener ustedes una rentabilidad social, que significa que la gente vea los programas", decía la diputada del Grupo Parlamentario Vox en Madrid, Ana María Velasco Vidal-Abarca, en la última comisión de Telemadrid, en la que les reprochaba que tienen que ser "un poquito más ambiciosos".
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