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Hay lugares que guardan silencio durante décadas. Cuelgamuros es uno de ellos. Detrás de los muros de su Basílica permanecen los restos de más de 33.800 víctimas de la Guerra Civil y, al otro lado, familias que todavía esperan respuestas. Durante más de seis décadas, las criptas han permanecido cerradas y fuera del alcance de las cámaras. Hasta ahora. El documental de TVE Cuelgamuros, entre lo difícil y lo imposible ha conseguido algo que parecía imposible: entrar allí y dejar constancia, por primera vez, de qué hay al otro lado de esas puertas y de cómo trabajan los forenses que intentan devolver un nombre a quienes permanecen allí. Una mirada inédita a uno de los espacios más herméticos y cargados de memoria de nuestro país. Para conocer cómo se consiguió, qué encontraron al entrar y qué significa poner imágenes a un lugar que durante tanto tiempo solo había podido imaginarse, ExtraTele habla con Belén Alonso, una de las directoras del documental.
Pregunta: Primero estrenasteis en San Sebastián y días después todos los espectadores pudieron disfrutar de él gracias a su emisión en TVE. ¿Cómo te sientes después de que un proyecto tan importante haya visto la luz?
Respuesta: En el Festival de Cine nos fue muy bien. También es cierto que en la sala había gente que estaba muy interesada por temas de memoria, así que les teníamos un poco ganados. Lo más complicado era la emisión en televisión y estamos muy contentos porque tuvo bastante buena acogida. Además, en la tele ya nada es efímero. Antes hacías cuatro meses de trabajo y se quedaban en una hora, pero ahora con las plataformas, como RTVE Play, sabes que es un trabajo a futuro. También nos están llamando de bastantes festivales. Sabemos que va a tener recorrido porque es una cosa histórica, nadie había entrado allí, y eso te abre muchas puertas.
(P): ¿Cómo llega el proyecto a tus manos y, sobre todo, cómo lo recibes? Como decimos, es algo histórico, habéis sido los primeros en entrar a las criptas del Valle de Cuelgamuros.
(R): Todos los medios de comunicación llevamos mucho tiempo intentando meternos allí y ver cómo es la situación de esas criptas, en qué estado están, porque siempre se ha hablado mucho de si estaban mantenidas o no. En el 2023, cuando ya entran los forenses a trabajar y se abren por primera vez, las ganas son todavía mayores. Esto es un trabajo que lleva haciendo la dirección de Informativos desde hace mucho tiempo y nosotros estamos en Documenta RTVE, el programa especializado que se ha creado hace un año. No vamos en una franja de emisión, así que tenemos un poco más de tiempo para trabajar. Así que consideraron que era el sitio para hacerlo.
Yo había estado llevando cosas de memoria, así que me lo propusieron. Lo recibí con mucho respeto porque soy muy consciente de lo que simboliza ese lugar, de toda la carga ideológica. Al haber hecho temas de memoria tenía muy reciente todo lo que sigue moviendo el tema de la Guerra Civil y a la hora de enfrentarme a las llamadas, por ejemplo, sabía que sigue habiendo muchos miedos, muchas reticencias a hablar de esto tanto tiempo después.
Entonces, por un lado, fue como 'madre mía, lo que me viene encima', pero por otro, con mucha ilusión y ganas, porque sabía que era una cosa única que me va a quedar para siempre. Es un documento que va a dejar huella.
(P): ¿Qué fue lo más complicado a la hora de sacar el documental adelante? Imagino que el tema de los permisos habrá sido complejo, ya que, hasta ahora, las únicas imágenes del interior de las criptas eran de la Agencia EFE, de 1959.
(R): Los permisos fueron los más complicado, pero cuando yo entro a trabajar en el proyecto ya los habían conseguido. Aunque sí que es verdad que hasta el mismo que entramos teníamos las dudas, porque hubo muchas reticencias. El propio Patrimonio Nacional y el propio Gobierno sabían que no era cualquier cosa, y les costó mucho. Estábamos cargados con el camión para entrar el día que se supone que lo habíamos pactado, y todavía estaban en ello. Lo estuvieron mirando y revisando todo para tenerlo muy bien cerrado porque saben que cualquier cosa allí es polémica.
Una vez dentro tuve la sensación de vamos a ir grabando porque no sabemos muy bien hasta cuándo nos iban a dejar. Tampoco sabías muy bien los trabajos. Nosotros íbamos con la idea de intentar localizar una caja, pero realmente ahí ves lo complicado que es. Entre lo difícil y lo imposible. Los forenses creían que iban a encontrar una caja, pero no apareció; fueron a un plan B y tampoco apareció. Así que al margen de los permisos, lo más complicado es el sitio porque la accesibilidad era muy difícil. Las salas de las criptas es de doce de largo por seis de ancho, pero no llega ni a los dos metros de alto. Aunque éramos un equipo reducido de siete personas, más los forenses, teníamos que dividirnos por criptas porque no cabíamos.
Teníamos muy claro que queríamos que el espectador sintiera cómo es ese trabajo, lo duro que es, que se sintiera como uno más del equipo y lo viera todo muy de cerca también. Así que otro de los retos, sobre todo para el director de realización, el otro codirector, Manu Díaz, era cómo captar las imágenes. Todo ello con el respeto, que era fundamental.
(P): Me comentabas que eras consciente de la carga ideológica que rodea al lugar, ¿es posible enfrentarse a un proyecto como este únicamente desde el lado humano, dejando de lado cuestiones políticas?
(R): Aunque no quieras tratar todas esas cuestiones políticas, que yo sí que las quería tratar porque es que es inevitable y es la realidad, eso brota por todos lados. En cualquier lado está esa carga ideológica y todo ese daño que sigue estando allí. Lo que sí tenía claro de cara al contenido es que teníamos que tener a todas las partes aunque la novedad del proyecto era entrar en esas criptas y ver ese trabajo forense que nadie había grabado hasta ahora. Tenía claro que sobre este trabajo hay muchísimas opiniones a favor y en contra, y que no nos podíamos quedar solos poniendo el foco en ellos, sino también en la reacción que el trabajo provoca.
Había que ir a los partidarios de esta iniciativa, que son esas familias, esas 214 personas que quieren salir de allí, pero también a todas las otras que dicen que eso es profanar un lugar sagrado, que no están de acuerdo y que también han puesto muchos palos en las ruedas para que el proyecto no salga adelante. Había que contar la pluralidad y, ahí, ya estás tratando el tema ideológico.
(P): Más allá de la complejidad técnica de la que ha hablabas, ¿se os han puesto muchas trabas para sacar el documental adelante? Porque, por ejemplo, hace algunos meses, Abogados Cristianos reclamaba a la Audiencia Nacional que detuviera los trabajos en el Valle de Cuelgamuros.
(R): No hemos tenido ningún problema con eso. Al contrario, los benedictinos nos han tratado fenomenal allí. Hay una persona que se encarga de las misas diarias y de la Basílica, y él nos abrió las puertas traseras, porque hay un acceso por ascensor que no es el habitual, nos han dado todas las facilidades, nos han dejado grabar a la escolanía que hay allí, el colegio que tienen. Nosotros no hemos entrado allí con una cámara oculta, lo hemos hecho con un camión de cine, con mucho material.
Por eso nos sorprendió que siendo tan bueno el trato durante el rodaje, una vez que el documental está hecho y se anuncia que se presentará en el Festival de San Sebastián, nos llega un burofax de los benedictinos diciéndonos que, por favor, retiremos el documental. También se lo pidieron al director del festival y, posteriormente, escribieron a TVE para frenar la emisión.
Ellos lo único a lo que nos dijeron que no es a hacer una entrevista porque son conscientes de esa carga de la que hablábamos y nos decían: 'Digamos lo que digamos, a alguien no le va a gustar'. Así que lo que querían es que enseñáramos que es un sitio de culto. Por eso nos sorprendió que, dándonos todas las facilidades, luego no quisieran que se viese el resultado. Obviamente no llegó a más porque tenemos todos los permisos para grabar, aunque lo pusieron en duda, y además, es que no nos los tienen que dar ellos, sino que depende de Patrimonio.
Esto demuestra que sigue siendo un problema y que hay gente que sigue intentando que esas imágenes no salgan tantos años después.
(P): En una entrevista reciente decías que "al proyecto le falta fuerza, le falta impulso". ¿Por qué?
(R): Esto es lo que opinan la mayoría de los forenses también. Dos de las personas que están en las criptas nos lo dicen en el documental, que la Administración no ha empujado el proyecto porque le han influido también los miedos. Dicen tal cual que hay frenos, que hay miedos, que han hecho que el proyecto no vaya con la suficiente fuerza.
Las víctimas se quejan, sobre todo, de la falta de información. Tuvieron una reunión en Moncloa en 2023, pero desde entonces no han vuelto a tener ninguna más. Entonces dicen que no saben muy bien en qué estado está la búsqueda y se quejan de que llevan muchos años sin tener los resultados de ADN. Ese mismo año les hacen la prueba, pero todavía no los tienen, cuando una prueba de esta, según nos decía el Instituto de Toxicología, tarda entre 48 y 72 horas si son de restos degradados.
Por esto falta impulso, porque se ha puesto en marcha, pero luego hay muchos problemas burocráticos.
(P): ¿Qué crees que ha supuesto que este proyecto salga adelante? ¿Qué era necesario que España viera después de tanto tiempo?
(R): Llevábamos 70 años esperando a esto. La gente más joven a lo mejor no ve la necesidad, pero los que llevan toda la vida pensando, y sobre todo los familiares... Estoy recibiendo muchas llamadas de familias de los que querían salir de allí, de esas 214 personas. Porque no hay que olvidar que han sido encontrados de momento 25, pero hay 190 personas esperando. Y entre ellos algunos muy mayores, con 90 años. Hijos directos, que esos quedan muy pocos, para los que esperar un mes o dos es verlo o no verlo, que la ilusión de tu vida se cumple.
Para esa gente sí que es muy importante. Ha sido duro para ellos ver la realidad, algunos ya la habían visto en las visitas de Moncloa, pero es darles un nombre, humanizarlo y contar que eso fue real, porque nos olvidan las cosas. El Valle de los Caídos es un sitio que se hizo por las víctimas, pero donde las víctimas no están presentes. Están detrás de los muros de la Basílica. Eso para ellos es un dolor, porque es ocultar la realidad de quién está allí. No hay un homenaje, no pueden ir a poner flores porque no hay nada, ni una placa. Existe una placa donde pone que Franco lo inauguró, pero no donde ponga que hay 33.800 víctimas de la Guerra Civil.
Espero que este trabajo se valore y sirva para algo, y que también pueda reconfortar a las víctimas. También, por supuesto, abrir un debate en la sociedad sobre qué hay que hacer con el lugar, porque esta polémica constante nos inmoviliza y no somos capaces de avanzar.




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