TELOS mira al futuro desde Europa: de la revolución cuántica a los grandes desafíos del continente
La revista de Fundación Telefónica celebra su 40 aniversario con Juan Ignacio Cirac como editor invitado y una nueva etapa editorial
¿Qué tienen en común la computación cuántica, el futuro del Pacto Verde Europeo, la posibilidad de reproducir en la Tierra la energía de las estrellas, la búsqueda de alternativas a los gigantes tecnológicos estadounidenses y la creciente importancia geopolítica del Ártico? Todos ellos obligan a mirar hacia un futuro que se está construyendo mientras intentamos comprenderlo.
Es precisamente esa incertidumbre la que recorre el número 129 de TELOS, la revista de Fundación Telefónica, que cumple 40 años abriendo una nueva etapa editorial. La publicación estrena un rediseño integral, incorpora nuevos formatos y renueva su propuesta para analizar las grandes transformaciones tecnológicas desde una perspectiva crítica, contemporánea y especialmente atenta a Europa.
Bajo el título Inspiración cuántica, el nuevo número parte de una de las revoluciones científicas llamadas a marcar las próximas décadas para extender sus preguntas mucho más allá de los laboratorios. La física cuántica sirve para interrogarse también sobre conceptos como el tiempo, la realidad, el conocimiento o la seguridad y, sobre todo, para asumir que la incertidumbre no tiene por qué ser únicamente un problema: también puede convertirse en una herramienta para entender el presente.
Juan Ignacio Cirac y la revolución cuántica
Para abordar ese territorio, TELOS 129 cuenta como editor invitado con Juan Ignacio Cirac, pionero de la computación cuántica y uno de los científicos españoles con mayor reconocimiento internacional. “La cuántica no es únicamente una disciplina científica, sino un lenguaje que atraviesa múltiples ámbitos y redefine nuestra comprensión del presente y del futuro”, sostiene Cirac en la presentación del número.

La nómina de participantes permite hacerse una idea de la amplitud con la que la revista aborda esa revolución. A Cirac se suman nombres como la física y escritora Sonia Fernández-Vidal, el historiador de la ciencia José Manuel Sánchez Ron, la investigadora Marta Peirano, la cosmóloga Ruth Lazkoz o la científica Alba Cervera, además de entrevistas con figuras internacionales como el premio Nobel de Física Alain Aspect, el físico teórico Carlo Rovelli o la física biológica Sonia Contera.
El resultado no pretende ser únicamente una explicación de qué es la física cuántica o de qué posibilidades ofrece la computación cuántica. El número propone utilizar sus paradojas y su capacidad para desafiar nuestra intuición como punto de partida para reflexionar sobre un mundo en transformación.
Y buena parte de esa transformación se está jugando en Europa.
Eureka: mirar desde Europa lo que está cambiando
Una de las principales novedades de esta nueva etapa de TELOS es Eureka, un cuadernillo independiente que amplía la vocación divulgativa de la revista con una mirada visual y de actualidad desde la Unión Europea. Su lema, “Vanguardia europea, tecnológica y social”, resume bien el planteamiento.
Aquí las grandes preguntas dejan de pertenecer exclusivamente al terreno de la teoría. ¿Podrá Europa cumplir sus compromisos climáticos en un contexto de creciente polarización? ¿Será capaz de convertir la fusión nuclear en una fuente energética viable? ¿Puede construir alternativas tecnológicas propias frente al dominio de Estados Unidos? ¿Qué consecuencias tendrá para el continente la transformación del Ártico? Cuatro artículos de TELOS 129 permiten recorrer algunas de esas incógnitas, te proponemos un recorrido por los mismos.
El Pacto Verde ante una batalla que ya no es solo científica
En El ocaso del consenso verde en Europa, el investigador del CSIC Fernando Valladares parte de una paradoja. La Unión Europea mantiene el objetivo de convertirse en el primer continente climáticamente neutro en 2050, pero el debate sobre cómo conseguirlo se desarrolla en un escenario político muy diferente al que vio nacer el Pacto Verde Europeo.
Europa se ha fijado como metas intermedias reducir al menos un 55% sus emisiones netas de gases de efecto invernadero en 2030 respecto a 1990 y alcanzar una reducción del 90% en 2040. Sin embargo, Valladares advierte de que el cambio climático ha pasado de la “preocupación científica” a la “polarización política”. El problema, por tanto, ya no reside únicamente en encontrar las soluciones técnicas necesarias para descarbonizar la economía. También consiste en conseguir que la transición sea percibida como justa por quienes deben asumir sus costes.
El autor analiza cómo determinados movimientos políticos presentan las medidas climáticas como decisiones de unas élites alejadas de las preocupaciones de agricultores, trabajadores o territorios dependientes de industrias intensivas en carbono. Frente a ello, plantea reforzar instrumentos como el Fondo de Transición Justa, compensar a los sectores que se perciben como perdedores de la transformación y trasladar parte de los apoyos directamente a los ciudadanos.
“La viabilidad del Objetivo 55 depende más de ganar la batalla cultural y emocional que de la precisión técnica de la legislación”, advierte Valladares. Su reflexión termina así situando el futuro climático europeo en un terreno que combina ciencia, economía y política. Alcanzar la neutralidad climática no dependerá únicamente de disponer de tecnologías más limpias, sino también de que la sociedad considere que el camino para llegar hasta ella merece la pena.
El sueño europeo de construir una estrella en la Tierra
La energía es precisamente otra de las grandes cuestiones que atraviesan el futuro del continente. En Una estrella en nuestro jardín, Carlos Hidalgo, doctor en Física y director del Laboratorio Nacional de Fusión del CIEMAT, aborda uno de los mayores desafíos científicos de nuestro tiempo: conseguir que la humanidad pueda aprovechar la fusión nuclear como fuente energética.

La imagen parece propia de la ciencia ficción: reproducir en un laboratorio el proceso que proporciona energía al Sol y a las estrellas. No lo es. “Para obtener la fusión nuclear es necesario generar una estrella en un laboratorio”, explica Hidalgo. Y eso supone calentar los núcleos atómicos hasta temperaturas aproximadamente diez veces superiores a los cerca de 15 millones de grados centígrados existentes en el núcleo del Sol.
La dificultad no consiste únicamente en conseguir la reacción, sino en controlarla y lograr que produzca más energía de la necesaria para mantenerla. Si algún día se consigue trasladar esta tecnología a gran escala a la sociedad, las consecuencias podrían ser enormes: la fusión no genera gases de efecto invernadero y utiliza como combustible principal isótopos ligeros de hidrógeno, entre ellos el deuterio, abundante en el agua del mar.
Y aquí Europa ocupa una posición especialmente relevante. ITER, el mayor experimento de fusión nuclear del mundo, se construye en el sur de Francia mediante una colaboración internacional en la que participan 35 países, incluidos los 27 Estados miembros de la Unión Europea. Paralelamente, se desarrollan las bases de la primera planta piloto de fusión totalmente europea.
El desafío es enorme. Pero Hidalgo reivindica precisamente esa capacidad de la ciencia para avanzar sobre aquello que todavía desconoce. Los modelos científicos, recuerda, son aproximaciones necesariamente incompletas a la realidad. Esa imperfección, lejos de paralizar el conocimiento, es lo que permite seguir ampliándolo.
¿Hay vida tecnológica más allá de Silicon Valley?
Europa afronta otra dependencia mucho más visible cada vez que alguien desbloquea su teléfono móvil. Buena parte de las plataformas que utilizamos para comunicarnos, buscar información, consumir contenidos o relacionarnos con la inteligencia artificial proceden de Estados Unidos.
Pero ese dominio no significa que la innovación digital termine en Silicon Valley. La periodista Laura G. De Rivera lo demuestra en Fuera de las tecnológicas de EEUU también se cuecen «apps», un recorrido por plataformas nacidas en Europa, China y otras regiones que han conseguido transformar industrias enteras. “Las grandes plataformas digitales ya no son solo estadounidenses”, asegura.
Europa aporta algunos ejemplos especialmente significativos. La sueca Spotify cambió la forma de consumir música; la francesa BlaBlaCar convirtió los trayectos compartidos en un modelo global de movilidad; Deezer fue una de las pioneras del streaming musical; la británica Revolut desafió algunos de los modelos tradicionales de la banca; Glovo nació en Barcelona; la lituana Vinted ha trasladado la economía circular al consumo de moda; la estonia Bolt compite en movilidad urbana; y compañías como la neerlandesa TomTom mantienen un papel estratégico en cartografía y conducción autónoma.
El recorrido se extiende también hacia Asia, con fenómenos como TikTok, WeChat o Alipay, y muestra un ecosistema tecnológico bastante más multipolar de lo que puede sugerir la hegemonía de las grandes compañías estadounidenses.Detrás del catálogo de aplicaciones aparece una cuestión de fondo especialmente importante para Europa: quién desarrolla y controla las infraestructuras digitales que utilizamos diariamente. Innovación, privacidad, sostenibilidad y soberanía tecnológica forman ya parte de una misma conversación.
El Ártico que deja de ser inaccesible
La mirada hacia el futuro europeo conduce finalmente a uno de los lugares del planeta donde el cambio climático está alterando simultáneamente el medio ambiente y el equilibrio geopolítico.
En El hielo candente, Rafael Benítez entrevista al periodista italiano Marzio G. Mian, que lleva años recorriendo y documentando el Ártico y que en su libro Guerra blanca alerta sobre la posibilidad creciente de que la región se convierta en escenario de un conflicto a gran escala.

El punto de partida es inquietante. El deshielo está haciendo más accesible un territorio que durante siglos permaneció protegido por sus propias condiciones extremas. Con el retroceso del hielo aparecen nuevas rutas de navegación y aumenta el interés por unos recursos hasta ahora difíciles de explotar. Y, con ellos, también crece la atención de las grandes potencias.
El Ártico deja así de ser únicamente uno de los grandes indicadores de la crisis climática para convertirse en un espacio estratégico. Medio ambiente, comercio, materias primas, seguridad y rivalidad internacional empiezan a confluir en un mismo mapa. La entrevista de TELOS muestra precisamente esa conexión entre fenómenos que durante mucho tiempo se han analizado por separado. Lo que sucede con el clima puede alterar las rutas comerciales; las nuevas rutas modifican intereses económicos; y esos intereses terminan transformando las relaciones entre Estados.
Cuarenta años pensando las transformaciones que vienen
Cuántica, clima, energía, tecnología o geopolítica parecen inicialmente conversaciones diferentes. TELOS 129 las reúne bajo una misma pregunta: cómo comprender un mundo en el que las certezas cambian cada vez más deprisa.
Coincidiendo con sus 40 años de historia, la revista de Fundación Telefónica inicia así una etapa renovada tanto en diseño como en contenidos y formatos. La nueva TELOS quiere reforzar el diálogo entre ciencia, tecnología, cultura y sociedad y consolidar una mirada europea sobre las grandes transformaciones contemporáneas.
Incluso su propuesta visual participa de esa idea. La portada del número 129, obra del ilustrador Javier Jaén, se inspira en el célebre gato de Schrödinger, una de las imágenes más reconocibles de las paradojas de la física cuántica.
TELOS es una publicación de Fundación Telefónica dedicada desde hace cuatro décadas a analizar las transformaciones sociales, culturales, científicas y tecnológicas. Sus contenidos pueden consultarse gratuitamente en su edición digital y TELOS 129, Inspiración cuántica, puede descargarse también de forma gratuita.
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