Puede que el Foro de Davos haya perdido bastante interés en los últimos años; pero, como te contábamos en El Telescopio, eso no significa que no se traten en él algunos de los temas más relevantes del futuro próximo. Y, en esta edición -como no podía ser de otra manera-, la ciberseguridad ha aparecido como una de las grandes preocupaciones.
La ciberseguridad se ha convertido en una cuestión política, económica y social
De hecho, la ciberseguridad ha dejado de ser un asunto puramente técnico para convertirse en una cuestión política, económica y social de primer orden. Así lo constata el Global Cybersecurity Outlook 2026 (Panorama Global de Ciberseguridad 2026), publicado justo unos días antes de la gran reunión de Davos.
Ataques con IA, aumento masivo del fraude digital y una creciente desigualdad entre países
Un panorama inquietante
Este informe anual del Foro Económico Mundial (que es también el organizador del Foro de Davos), dibuja un panorama inquietante: ataques más rápidos y sofisticados gracias a la inteligencia artificial (IA), un aumento masivo del fraude digital y una creciente desigualdad entre países y organizaciones para defenderse en el ciberespacio
“El riesgo informático en 2026 se está acelerando”, advierte el documento desde sus primeras páginas, impulsado por “los avances en IA, la fragmentación geopolítica y la complejidad de las cadenas de suministro”. El resultado es un ecosistema digital en el que las defensas tradicionales ya no son suficientes y las consecuencias de un fallo pueden propagarse a escala global en cuestión de minutos.
La IA, arma de doble filo
La IA es el gran catalizador del cambio. Según el informe, el 94% de los directivos encuestados para la realización de la investigación consideran que será el principal motor de transformación de la ciberseguridad en el corto plazo. Pero ese impacto no es necesariamente positivo: refuerza las defensas, sí; pero también potencia de forma inédita la capacidad ofensiva de los ciberdelincuentes.
“El carácter de doble uso de la IA la convierte tanto en un multiplicador de la defensa como en un acelerador de los ataques”, señala el informe. De hecho, el 87% de los participantes identifica las vulnerabilidades relacionadas con ella como el riesgo cibernético de crecimiento más rápido durante 2025.
Los ataques de phishing generados con esta tecnología , los deepfakes utilizados para estafas o las campañas automatizadas de ingeniería social están dejando de ser una amenaza futura para convertirse en una realidad cotidiana. No es casual que el fraude digital haya escalado hasta convertirse en la principal preocupación de los consejeros delegados, por delante incluso del ransomware.
El fraude digital, una amenaza cotidiana
El dato es demoledor: el 73% de las personas encuestadas afirma que ellas mismas o alguien de su entorno ha sido víctima de fraude digital en el último año. Phishing, estafas de pagos, suplantación de identidad o fraudes sentimentales forman ya parte del paisaje habitual de internet.
“El fraude digital está alcanzando niveles récord y supone una amenaza social generalizada”, alerta el informe, subrayando que el impacto ya no se limita a grandes empresas, sino que afecta directamente a hogares, pequeñas organizaciones y colectivos vulnerables.
Los CEO lo tienen claro. En 2026, el fraude y el phishing ocupan el primer puesto en su lista de riesgos y desplazan al ransomware. Una diferencia significativa con los responsables de seguridad informática (CISO), que siguen viendo en los ataques de secuestro de datos la mayor amenaza operativa. Esta brecha refleja una tensión cada vez más evidente entre la visión estratégica del negocio y la realidad técnica de la seguridad digital.
Geopolítica y ciberseguridad: una frontera difusa
Otro de los ejes clave del informe es la geopolítica. En un mundo marcado por conflictos armados, sanciones económicas y rivalidades tecnológicas, el ciberespacio se ha convertido en un nuevo campo de batalla. El 64% de las organizaciones ya tiene en cuenta los ciberataques de motivación geopolítica en su estrategia de mitigación de riesgos.
“La ciberseguridad es hoy una extensión de la competencia geopolítica”, subraya el Foro Económico Mundial. Ataques a infraestructuras críticas, espionaje digital o campañas de desinformación forman parte de un escenario híbrido en el que las fronteras entre guerra, delito y activismo se difuminan peligrosamente.
No es casual que el 31% de los encuestados reconozca tener poca o ninguna confianza en la capacidad de su país para responder a un gran ciberataque contra infraestructuras críticas. La desconfianza es especialmente alta en regiones como América Latina y el Caribe, donde apenas un 13% se siente preparado frente a este tipo de amenazas.
Infraestructuras críticas y soberanía digital
El informe alerta de manera específica sobre la vulnerabilidad de las infraestructuras críticas: energía, agua, transporte o telecomunicaciones. Incidentes recientes, como el sabotaje a una presa hidroeléctrica en Noruega o los ataques a aeropuertos europeos, ilustran hasta qué punto un fallo digital puede traducirse en consecuencias físicas reales.
En este contexto, emerge con fuerza el concepto de “soberanía digital”. Gobiernos y administraciones públicas están replanteando su dependencia de proveedores tecnológicos extranjeros y de grandes plataformas en la nube. “La ciberseguridad ha pasado de ser un reto técnico a una cuestión de soberanía”, señala el informe, en referencia al control de datos, infraestructuras y sistemas estratégicos.
Una brecha global cada vez mayor
Más allá de la tecnología y la geopolítica, el Global Cybersecurity Outlook 2026 pone el foco en una desigualdad creciente: la brecha de capacidades en ciberseguridad. Mientras las grandes corporaciones refuerzan sus sistemas y colaboran con gobiernos, muchas organizaciones pequeñas y países en desarrollo carecen de recursos, financiación y personal cualificado.
En regiones como África subsahariana o América Latina, cerca del 70% de los directivos admite no contar con las competencias necesarias para cumplir sus objetivos de ciberseguridad. Esta “inequidad cibernética”, como la denomina el informe, amenaza con consolidar un mundo digital a dos velocidades.
Colaborar o fracasar
Frente a este panorama, el mensaje del Foro Económico Mundial es claro: la ciberseguridad no se puede abordar en solitario. “Es una frontera donde la colaboración sigue siendo posible y poderosa”, afirma el informe. Compartir inteligencia, coordinar respuestas y reforzar la cooperación público-privada ya no es una opción, sino una necesidad.
Como resume Michael Miebach, CEO de Mastercard, en una de las citas destacadas del documento: “La ciberseguridad está en el corazón de la confianza digital, pero no es algo que pueda hacerse en solitario. Tenemos que unirnos y compartir inteligencia a escala global”.
En un mundo cada vez más interconectado, la seguridad digital se ha convertido en un bien común. Ignorarlo, advierte el Foro Económico Mundial, no solo pone en riesgo a empresas y gobiernos, sino a la propia estabilidad económica y social.