La tecnología de MindMuscle nace de una pregunta muy concreta: qué habría pasado si algunos niños hubieran recibido antes el apoyo adecuado. Vitali Karpeichyk, CEO y fundador de la compañía, no habla de ello desde la distancia del emprendedor que ha detectado una oportunidad de mercado. Habla desde una experiencia personal: “Fui diagnosticado con autismo y déficit de atención cuando era niño”. Por eso, añade, entiende “lo importante que puede ser el apoyo temprano”.

Fui diagnosticado con autismo y déficit de atención cuando era niño

Su startup es finalista de los Premios Fundación Mapfre a la Innovación Social, al igual que Livox, de la que te hablé la semana pasada. MindMuscle lee señales cerebrales, las traduce en información comprensible y entrena estados mentales.

Ayudar a niños con autismo y TDAH

MindMuscle se presenta como una plataforma de neurotecnología pediátrica diseñada para ayudar a niños con autismo y trastorno por déficit de atención a practicar la atención y la autorregulación. La propuesta combina un dispositivo de electroencefalografía —un headset EEG— con un software de neurofeedback adaptativo y supervisión clínica. Dicho de otro modo: una herramienta que lee señales cerebrales, las traduce en información comprensible para el niño y permite entrenar determinados estados mentales mediante ejercicios visuales e interactivos.

Karpeichyk lo resume así: “Leemos señales cerebrales y mostramos a los niños niveles de atención o relajación”. A partir de esa información, el sistema les propone ejercicios: centrarse en un objeto en la pantalla, mantener la atención o modificar su estado de activación.

La clave está en el bucle de retroalimentación: el niño recibe información en tiempo real sobre cómo lo está haciendo y, con la práctica, puede aprender a reconocer y regular mejor su propio funcionamiento.

Una tecnología conocida, llevada al mundo real

El neurofeedback no es nuevo. Existe desde hace décadas y se utiliza en contextos clínicos. La diferencia, sostiene Karpeichyk, está en hacerlo más accesible, fuera de entornos muy especializados. “No lo estamos reinventando, lo que hacemos es hacerlo más escalable, más amigable para los niños y más práctico para el uso en el mundo real”.

El modelo tradicional, explica, suele ser clínico, caro y difícil de mantener de forma constante. MindMuscle quiere reducir esas barreras mediante hardware propio, software personalizado y flujos de trabajo guiados por profesionales.

La empresa ha creado y patentado su propio dispositivo, pero el reto no ha estado solo en desarrollar la tecnología. También ha consistido en diseñarla para niños que, en muchos casos, tienen hipersensibilidad sensorial y pueden rechazar cualquier objeto colocado sobre la cabeza. “Imprimimos en 3D cientos de prototipos y los probamos con niños para encontrar la forma adecuada del dispositivo”, cuenta.

Esa parte, admite, ha sido una de las más difíciles del proyecto. No basta con que el aparato mida señales cerebrales. Tiene que poder usarse de verdad. Y eso, cuando se trabaja con infancia neurodivergente, obliga a escuchar al cuerpo del niño, sus límites, sus rechazos y sus tiempos.

Inteligencia artificial para crear contenidos personalizados

Una de las particularidades de MindMuscle está en su enfoque del contenido para generar experiencias personalizadas: “Les preguntamos a qué quieren jugar y creamos ese contenido usando inteligencia artificial”, explica Karpeichyk. “Es el enfoque contrario: creamos el contenido según lo que piden, no los obligamos a jugar siempre a uno o dos juegos”.

La compañía sigue trabajando para mejorar esos algoritmos. Para conseguirlo, necesita más datos EEG, más sesiones y más pruebas en contextos reales. Karpeichyk señala que ya han realizado un estudio piloto con 40 niños y que actualmente están en una fase beta privada, con familias y clínicas para seguir afinando el sistema. El objetivo es que la IA pueda ofrecer una respuesta cada vez más precisa y adaptada a las necesidades de cada menor.

La promesa, eso sí, no se plantea como magia ni como una solución instantánea. Karpeichyk insiste varias veces en que este tipo de intervención exige disciplina, acompañamiento y tiempo. “No es una bala de plata ni un éxito de la noche a la mañana”, advierte. En especial en casos más severos, añade, los resultados pueden requerir meses de trabajo. También recuerda que la edad importa: la neuroplasticidad es mayor a los cinco años que después de los diez, por lo que el apoyo temprano puede marcar diferencias importantes.

Cuando los padres ven una puerta abierta

Uno de los aspectos más delicados de MindMuscle es el impacto emocional que puede tener en las familias. Karpeichyk asegura que algunos padres empiezan a notar cambios después de cinco o seis sesiones. Según su experiencia, algunos niños comienzan a entenderse mejor, a reconocer sus propios estados de atención o activación y a desarrollar herramientas para regularse.

Trabajamos con casos severos, con niños que no hablan... y empiezan a hablar”, sostiene. Para una familia, el cambio no es solo terapéutico, es vital: “Después de varios años de silencio, empiezan a decir sus primeras palabras. Normalmente es ‘mamá’. Para los padres, eso lo es todo”.

El fundador de MindMuscle sabe que ese tipo de afirmaciones deben sostenerse con evidencia, seguimiento clínico y datos. Por eso insiste en que el proyecto se apoya en mediciones EEG y en una aproximación científica. “Queremos dar esperanza a los padres de que la condición de su hijo puede cambiar”, dice. Pero también insiste en que el camino requiere coraje, constancia y trabajo compartido entre profesionales, familias y niños.

De hecho, aunque el proyecto se encuentra todavía en una fase de desarrollo y validación -con fabricación en marcha y lanzamiento previsto-, su fundador ya mira más lejos: “El plan es ayudar a millones de niños en todo el mundo a vivir una vida mejor y darles la oportunidad de un futuro más brillante”, afirma.

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