Estamos todo el día dale que te pego con las redes sociales. Pero hay paisajes que nadie cuelga en Instagram, ni en TikTok. Yo, por lo menos, no he visto postureo en una estepa yerma del África subsahariana ni en una sabana reseca del interior de Asia Central.
Pastizales: reconocer, respetar y restaurar
Sin embargo, esos territorios que el imaginario colectivo tiende a ignorar o a confundir con desiertos sin remedio son, según Naciones Unidas, el tipo de ecosistema más extenso de la Tierra. Cubren más de la mitad de la superficie terrestre de nuestro planeta y de ellos dependen, directamente, alrededor de 2.000 millones de personas.
Por eso, la Convención de Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD) lleva décadas tratando de que el mundo entienda lo que está en juego. Este 2026, que la ONU ha declarado año internacional de los Pastizales y los Pastores, la conmemoración del día mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía que celebramos hoy 17 de junio, llega con un lema que es casi una bronca: "Pastizales: Reconocer. Respetar. Restaurar". Tres cosas que todavía no hacemos bien.
Los pastizales son sabanas, praderas, matorrales, desiertos semiáridos y estepas
El ecosistema más ignorado del mundo
Los pastizales no son un tipo uniforme de territorio. Son sabanas, praderas, matorrales, desiertos semiáridos y estepas. Ecosistemas tan dispares en apariencia como el Sahel, la Patagonia o las llanuras de Mongolia, pero que comparten la condición de ser tierras en las que el pasto y el movimiento del ganado han sustituido, durante siglos, a la agricultura sedentaria. Y en las que ese equilibrio está siendo destruido.
La CNULD advierte de que aproximadamente la mitad de estos ecosistemas se encuentran "degradados o en riesgo". Y las consecuencias no son solo ambientales. El deterioro de los pastizales pone en jaque la seguridad alimentaria e hídrica de regiones enteras, destruye biodiversidad y amenaza los medios de vida de cientos de millones de personas.
Estas tierras, según la propia CNULD, "suministran casi el 70% del alimento para el ganado a nivel mundial", lo que los convierte en una pieza estructural de los sistemas alimentarios globales.
Los guardianes que nadie reconoce
La ONU explica que las comunidades que mejor han preservado los pastizales son, precisamente, las que menos poder tienen para defenderlos. Pastores nómadas y seminómadas, pueblos indígenas, comunidades rurales en los márgenes de la economía formal. Gente cuyo conocimiento del territorio es ancestral y cuya forma de vida -la movilidad del ganado, la rotación estacional de los pastos, el respeto por los ciclos naturales- es, en sí misma, una tecnología de conservación.
Según la CNULD, estos paisajes han sido "preservados durante generaciones" gracias al "conocimiento y gestión" de esas comunidades. El pastoreo, dice la Convención, "es uno de los sistemas de producción ganadera más sostenibles" que existen. Y sin embargo, como también reconoce con cierta resignación, "a menudo se clasifica erróneamente junto con la ganadería intensiva", lo que genera políticas que no entienden sus necesidades y no respetan su especificidad.
La ONU aclara que "invertir en la gestión sostenible de la tierra y el agua, en una mejor preparación ante las sequías y en la restauración liderada por las comunidades puede contribuir a salvaguardar estos paisajes". Son soluciones viables aunque, eso sí, exigen voluntad política, recursos y, sobre todo, que alguien decida que estos territorios —y las personas que viven en ellos— merecen estar en la agenda.
Bienes y servicios esenciales
La institución nos recuerda que "los pastores y las comunidades de pastizales mantienen una relación única y profundamente arraigada con estos ecosistemas. Los pastizales proporcionan bienes y servicios esenciales , como la conservación del suelo y el agua , que son la base del sustento, la resiliencia y la identidad cultural de millones de personas". Por eso, "más allá de los beneficios locales, estos paisajes contribuyen a la sostenibilidad global al servir como hábitats para la biodiversidad y desempeñar un papel vital en la adaptación y mitigación del cambio climático".
Y nos anima a "reconocer la importancia de los pastizales para los pueblos indígenas, las comunidades locales, las mujeres, los jóvenes y otros grupos vulnerables", como formar de subrayar "la necesidad de prácticas sostenibles de gestión de la tierra y el agua que protejan su modo de vida y estos ecosistemas de valor incalculable".
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