La educación puede cambiar el destino de una comunidad. Especialmente cuando se trata de los primeros años de vida. Ese es el objetivo del proyecto Creciendo juntos, una iniciativa impulsada por estudiantes universitarios españoles que acaba de ganar los XIII premios al Voluntariado Universitario de la Fundación Mutua Madrileña.
El proyecto permitirá acceder a la educación a niños y niñas entre 3 y 5 años
El proyecto, desarrollado junto a ASU ONG, permitirá construir y equipar una escuela infantil en la comunidad rural de Ndava, en Burundi, destinada a niños de entre 3 y 5 años que actualmente no tienen acceso a educación temprana.
La iniciativa ha sido elegida entre 90 proyectos de voluntariado en los que participan más de 1.500 estudiantes de 65 universidades españolas. Los 15.000 euros del premio se destinarán íntegramente a levantar el nuevo centro educativo.
Una escuela para cerrar el círculo educativo
La escuela infantil no surge como una intervención aislada. Forma parte de un proyecto de desarrollo educativo que ASU ONG lleva impulsando en la zona desde hace casi 20 años.
Además de educación, el centro ofrecerá nutrición y atención sanitaria básica, para reforzar el bienestar integral de los menores.
En Ndava ya existen una escuela primaria y una secundaria construidas por la ONG. Sin embargo, faltaba un espacio educativo para los más pequeños. “De alguna manera esta escuela infantil cierra el círculo educativo de la comunidad”, explica José Xalabarder, uno de los estudiantes que participan en el proyecto.
Hasta ahora, los más pequeños simplemente no tenían un lugar donde pasar el día. “Desde que nacen hasta los 5 años, muchos niños no tienen un sitio donde estar. A veces vagan por las calles o acompañan a sus padres al trabajo”, explica.
Un problema que afecta a toda la comunidad
La ausencia de educación infantil no solo afecta a los menores. También repercute en el sistema educativo y en la economía familiar, porque alguien tiene que dejar de generar ingresos para cuidarlos.
Además, cuando los niños pequeños no tienen un espacio educativo, la responsabilidad recae muchas veces en otros menores en edad lectiva: “Los hermanos mayores tienen que cuidarlos”, señala Xalabarder. “A veces los llevan a clase con ellos o incluso tienen que quedarse en casa, lo que provoca absentismo escolar”.
Ese fenómeno genera un efecto en cadena: más abandono escolar, menos oportunidades educativas y mayores dificultades para el desarrollo de la comunidad. La nueva escuela infantil busca romper ese ciclo desde el inicio.
La importancia de la educación en los primeros años
Los primeros años de vida son determinantes para el desarrollo cognitivo, social y emocional de los niños. En contextos vulnerables, la educación temprana puede marcar la diferencia.
“En la escuela infantil los niños empiezan a aprender cosas muy básicas pero fundamentales”, explica Xalabarder. “Aprenden el abecedario, empiezan a escribir, a comunicarse con otras personas y desarrollan habilidades sociales y psicomotrices”.
Ese aprendizaje temprano facilita la transición a la educación primaria y mejora el rendimiento escolar en etapas posteriores.
Un proyecto pensado para durar
Una de las claves de “Creciendo juntos” es su planteamiento a largo plazo. La sostenibilidad del proyecto está garantizada gracias a la colaboración con instituciones locales.
El proyecto cuenta con un convenio con el ministerio de Educación de Burundi, que se encargará del profesorado y del funcionamiento del centro. “Nosotros ponemos los medios para construir la escuela, pero el ministerio asegura el profesorado y que el centro funcione”, explica Xalabarder.
Además, la iniciativa cuenta con el apoyo de una organización local que supervisa el proyecto sobre el terreno y garantiza su continuidad.
Los estudiantes universitarios que han creado este proyecto no solo participan en su financiación o su diseño. También mantienen un contacto directo con la comunidad en la que se desarrolla. “Cada año viajamos a Burundi para ver cómo funcionan las escuelas y supervisar que todo vaya bien”, explica Xalabarder. Ese vínculo directo permite conocer mejor las necesidades reales de la población y adaptar los proyectos a las condiciones locales.
El auge del voluntariado universitario en España
La iniciativa forma parte de una tendencia creciente en las universidades españolas: el aumento de proyectos de voluntariado impulsados por estudiantes. Según el XIII Estudio sobre Voluntariado Universitario de la Fundación Mutua Madrileña, durante el curso 2024-2025 en las universidades españolas se desarrollaron cerca de 2.900 iniciativas solidarias, con la participación de más de 21.600 estudiantes.
La mayoría de estas iniciativas se realizan en colaboración con ONG, lo que demuestra el papel cada vez más relevante de los jóvenes en proyectos de impacto social.
Una experiencia que también transforma a quienes participan
Más allá del impacto en la comunidad, los estudiantes destacan el aprendizaje personal que supone participar en proyectos de cooperación. “Cuando te pones en una situación complicada y te dejas afectar por lo que ves, eso hace que nazca una conciencia que antes no tenías”, explica Xalabarder.
Ese tipo de experiencias puede cambiar la forma en que los jóvenes entienden su papel en la sociedad. “No hace falta empezar haciendo algo enorme”, detalla. “La entregia puede empezar ayudando a los que tienes cerca”.
Educación como punto de partida
En Ndava, la construcción de una escuela infantil no solo ofrecerá un espacio educativo para los niños más pequeños. También permitirá a las familias trabajar con mayor estabilidad y garantizar un entorno seguro para los menores.
Para los estudiantes que impulsan el proyecto, el objetivo es sencillo: crear oportunidades desde el primer momento: “Es algo bueno para el individuo, pero también para la sociedad”.
Una escuela puede parecer una infraestructura pequeña en el mapa del mundo. Pero para una comunidad entera puede significar el comienzo de un futuro diferente.