El ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico ha concedido 165 millones de euros a siete proyectos de bombeo hidroeléctrico reversible. Las futuras instalaciones estarán repartidas por Andalucía, Asturias, Aragón, Extremadura, Cataluña y Galicia, y sumarán 2.071 megavatios de potencia de generación y 21.091 megavatios hora de capacidad de almacenamiento.

Las renovables suponen ya más de la mitad de la energía generada en España

Una potencia que supondrá un incremento de la ya de por sí cada vez más importante producción procedente de energías renovables. Según datos del ministerio para la Transición Ecológica y Red Eléctrica, en 2001 este tipo de tecnologías eran responsables del 22,9% del total generado. En 2025, incluido el autoconsumo, la cifra subió al 56,6%.

España quiere reforzar las centrales hidroeléctricas reversibles para equilibrar producción y consumo

El problema de gestionar la energía

El problema es que, muchas veces, es necesario almacenar esa energía. Puede haber horas con mucho sol, viento y una producción renovable elevada que no se pueda aprovechar. En otros momentos aumenta la demanda, cae el viento o se hace de noche y la generación disponible disminuye, pero el consumo no.

Una de las soluciones que España quiere reforzar para equilibrar esos altibajos lleva décadas funcionando y utiliza un elemento tan conocido como el agua. Son las centrales hidroeléctricas reversibles, popularmente descritas como “baterías de agua”.

Guardar electricidad subiendo agua

Una central de bombeo reversible suele utilizar dos depósitos o embalses situados a diferentes alturas. Cuando la red produce más electricidad de la que se necesita, la instalación emplea ese excedente para bombear agua desde el depósito inferior hasta el superior.

El agua queda almacenada arriba, con lo que conserva una energía potencial que podrá aprovecharse más tarde. Cuando aumenta la demanda eléctrica, vuelve a descender a través de las tuberías, mueve las turbinas y genera electricidad como una central hidroeléctrica convencional.

La instalación puede actuar, por tanto, en dos sentidos. Consume electricidad cuando existe un excedente y la devuelve a la red cuando resulta necesaria. No almacena directamente, como hace una batería química, sino la energía necesaria para colocar una gran cantidad de agua a mayor altura.

El proceso implica pérdidas: la central siempre necesitará más electricidad para bombear de la que después podrá recuperar. Aun así, su capacidad para guardar grandes cantidades de energía durante varias horas la convierte en una herramienta especialmente valiosa para el sistema eléctrico.

Qué ocurre cuando sobra energía renovable

En el caso de la producción solar y eólica, cuando no existe suficiente demanda, capacidad de almacenamiento o posibilidad de exportar esa energía, una parte de la producción renovable puede tener que limitarse. En el sector se habla de vertidos o recortes de generación en relación a la electricidad que podría haberse producido, pero que no encuentra un uso inmediato.

El bombeo reversible permite aprovechar parte de esos excedentes. En lugar de reducir la generación, la electricidad se utiliza para elevar el agua y queda disponible para otro momento.

El MITECO sostiene que estas centrales están llamadas a desempeñar “un papel fundamental en la transición energética” porque ayudan a gestionar la variabilidad de la generación, aportan seguridad al suministro y limitan los vertidos de las energías renovables no gestionables.

Siete proyectos en seis comunidades

La segunda convocatoria del programa BORALMAC había comenzado con un presupuesto de 90 millones de euros. Debido al volumen de solicitudes, el gobierno lo amplió en otros 75 millones, hasta alcanzar los 165 millones finalmente adjudicados.

Dos de las instalaciones beneficiarias estarán en Asturias. Las otras se distribuirán entre Andalucía, Aragón, Extremadura, Cataluña y Galicia. Seis proyectos contemplan la creación de nuevas centrales reversibles, mientras que el situado en Extremadura aprovechará infraestructuras ya existentes para aumentar la capacidad de almacenamiento hidráulico.

Las ayudas proceden de los fondos europeos Next Generation y forman parte del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia. La primera convocatoria del programa ya había distribuido 100 millones de euros entre cuatro proyectos, que sumaban algo más de dos gigavatios de nueva potencia.

La selección no ha tenido en cuenta únicamente la viabilidad económica. El Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía también ha valorado la capacidad de integrar renovables, la madurez administrativa, la aportación a la resiliencia de la red y factores como la ubicación en territorios afectados por la transición energética o el reto demográfico.

No sustituyen a todas las baterías

Hablar de baterías de agua ayuda a entender su función, pero no significa que puedan utilizarse en cualquier lugar. Estas centrales necesitan un desnivel adecuado, espacio, infraestructuras hidráulicas y una evaluación rigurosa de sus efectos sobre el territorio.

Una batería convencional puede instalarse junto a una vivienda, una fábrica o una planta fotovoltaica. Una central reversible depende mucho más de la geografía y requiere obras de gran envergadura. Sus plazos de construcción también suelen ser superiores.

A cambio, puede alcanzar capacidades elevadas y funcionar durante muchos años. Por eso el bombeo no compite necesariamente con las baterías de litio, el almacenamiento térmico o las nuevas tecnologías basadas en hidrógeno. Cada sistema puede cubrir necesidades diferentes.

Las baterías electroquímicas responden con rapidez y son modulares. El bombeo es más útil cuando se trata de almacenar grandes volúmenes de energía y trasladar su utilización de unas horas a otras. Una red con una elevada presencia renovable necesitará probablemente una combinación de soluciones.

Más estabilidad para la red eléctrica

El almacenamiento no solo sirve para reservar energía. También ayuda a estabilizar el sistema, responder ante cambios rápidos en la generación y ajustar continuamente la oferta a la demanda.

El ministerio considera que los proyectos aportarán “mayor firmeza” a las redes eléctricas y proporcionarán más flexibilidad, seguridad, fiabilidad y calidad de suministro.

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