La WNBA durante esta última semana ha estado en el ojo del huracán gracias a la jugadora de las Indiana Fever, Sophie Cunningham. La jugadora que disputa su sexta temporada en la liga y hace unas semanas declaró en contra de la participación de mujeres trans en la liga: "Quiero proteger a las niñas en los vestuarios y a las niñas que practican deporte y que no deberían tener que competir contra hombres biológicos".

Estas palabras generaron una gran polémica, hasta tal punto que la comisionaria de la liga, Cathy Engelbert, mandó una carta para celebrar una reunión extraordinaria entre los directores de los equipos para tomar cartas en el asunto y asegurar la "integridad" de la liga y una "competencia justa". 

Este no ha sido el único momento polémico de la jugadora estadounidense. En el encuentro entre las Chicago City y las Indiana Fever acabaron saltando chispas entre Cunningham y DiJonai Carrington. Carrington cometió una dura falta contra su rival, por la que acabó recibiendo una flagrante 2 y tras el partido, la jugadora publicó un tuit afirmando que le habían dado la técnica por ser "blanca".

Una falta que reabre la polémica racial en la liga

El partido de DiJonai Carrington duró apenas cuatro minutos antes de quedar marcado por una acción que terminó en expulsión y abrió una polémica mucho mayor fuera de la pista. La jugadora de Chicago golpeó en la cabeza y la zona del cuello a Sophie Cunningham cuando la escolta de Indiana intentaba finalizar una bandeja. Los árbitros señalaron una flagrante de tipo 2, decisión que supuso su expulsión automática.

Poco después, Carrington publicó en Threads el mensaje “WHITE PRIVILEGE” y etiquetó a Indiana Fever, insinuando aparentemente que la cuestión racial había influido en el criterio arbitral. Cunningham rechazó esa interpretación tras la victoria de su equipo por 90-86 y recordó que ella misma había sido expulsada anteriormente por una acción similar, por lo que consideró que no había motivos para “jugar esa carta”. También señaló que será la WNBA la encargada de decidir si Carrington merece algún tipo de sanción adicional.

En cuanto a la jugada, Cunningham calificó la falta de innecesaria, aunque negó que existiera algún enfrentamiento personal previo entre ambas. “Claramente, creo que fue una falta innecesaria. Nunca he hablado realmente con ella y no tengo ningún problema con ella, pero supongo que tenía algunas cosas acumuladas”, explicó.

La jugadora de Indiana añadió después, en un tono desafiante: “Así que, que se desahogue. Está bien, puedo soportarlo”.

La entrenadora de las Fever, Stephanie White, respaldó la decisión arbitral, aunque descartó que Carrington hubiera intentado deliberadamente golpear a Cunningham en el cuello. “Fue una falta dura. No creo que DiJonai saliera intencionadamente a golpearla en el cuello como lo hizo, pero sucedió y creo que fue la decisión correcta”, señaló.

La árbitra Maj Forsberg también explicó por qué Cunningham no recibió ninguna sanción por su reacción posterior al golpe. Según el equipo arbitral, su respuesta fue considerada “aceptable en relación con la gravedad del contacto”.

La acción, por tanto, terminó trascendiendo mucho más allá de una simple expulsión. Lo que comenzó como una falta dura en los primeros minutos del partido derivó en un cruce de declaraciones, una acusación pública de sesgo racial y un nuevo debate en torno al criterio arbitral y a los límites de las reacciones posteriores dentro de la WNBA.

La cuestión trans en la WNBA

La polémica alrededor de Sophie Cunningham no termina ahí. Hace unas semanas, la jugadora se posicionó en contra sobre la posibilidad de que jugadoras trans entrasen en la WNBA. Dos exjugadores de la NBA, Enes Kanter Freedom y Royce White se declararon elegibles para el próximo draft, lo que ha alimentado cada vez más la polémica y la liga ya ha anunciado su postura ante esta situación.

La jugadora de Indiana Fever se mostró partidaria de impedir que mujeres trans compitan en categorías femeninas, unas declaraciones que han generado apoyos y críticas tanto dentro como fuera de la competición: "Quiero proteger a las niñas en los vestuarios y a las niñas que practican deporte y que no deberían tener que competir contra hombres biológicos", comentó la jugadora.

La WNBA, sin embargo, no puede modificar unilateralmente sus criterios. Engelbert recordó que, a diferencia de lo que sucede en otras competiciones y organismos deportivos, las reglas de elegibilidad de las jugadoras son fruto de la negociación colectiva, por lo que cualquier cambio tendrá que abordarse también con el sindicato. La liga ha anunciado además nuevas conversaciones con presidentes y directores generales de las franquicias y prevé mantener el debate con equipos y jugadoras durante las próximas semanas y meses.

Este 10 de agosto, la comisonaria ha anunciado que habrá nuevas reuniones y que se tratará el tema de la manera más sensata posible. “La liga siempre enfocará este tema de manera sensata, respetuosa y alineada con los valores de nuestra liga de hace tiempo. Segundo, las reglas de nuestra elegibilidad de jugadoras, al contrario que las reglas de elegibilidad de algunas otras ligas y cuerpos de gobierno, son fruto de la negociación colectiva. Por último, preservar la integridad de nuestro juego y asegurar que la competición justa siempre permanecerá permanecen entre las prioridades más importantes de la liga”, dijo también Cathy Engelbert.

“Reconocemos que este es un tema complejo y con matices y continuaremos teniendo conversaciones importantes con todos vosotros y la Asociación de Jugadores en los próximas semanas y meses. También planeamos organizar conversaciones adicionales y ofrecer sesiones a aquellos líderes de equipo que quieran participar. Vuestras perspectivas y opiniones son muy valiosas, y agradezco a aquellas que ya han contactado para compartir lo que piensan”, añadió Engelbert.

Las posiciones dentro de la competición están lejos de ser uniformes. La entrenadora de Minnesota Lynx, Cheryl Reeve, ha defendido que el acceso al deporte de los jóvenes trans es una cuestión de derechos humanos, mientras que jugadoras como Stefanie Dolson también han mostrado su apoyo a este colectivo. Cunningham, por su parte, se ha convertido en una de las voces más visibles del lado contrario, hasta el punto de recibir apoyos políticos como el del vicepresidente JD Vance, en una controversia que amenaza con acompañar a la WNBA mucho más allá de las canchas.

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