Cada contrato publicitario que firma Vinicius Junior, cada campaña contra el racismo que protagoniza y cada aparición suya fuera del campo llevan el sello de la misma compañía: Roc Nation, la firma del rapero Jay-Z. Detrás de la imagen global del brasileño hay un imperio que va del hip hop a la NBA y que hoy maneja a buena parte de las estrellas del fútbol de Brasil. Así llegó el artista estadounidense a hacerse con una de las mayores figuras del deporte mundial, y esto es lo que hace por ella.

Del hip hop a la NBA: el origen de un imperio

Roc Nation es una compañía de entretenimiento y representación fundada por Shawn Carter —nombre real de Jay-Z—, uno de los artistas y hombres de negocios más influyentes de Estados Unidos y marido de Beyoncé. En su faceta musical gestiona las carreras de figuras como Rihanna o Alicia Keys, pero su ambición hace tiempo que dejó atrás la música.

El salto al deporte llegó en 2013. El rapero, que durante años había sido accionista minoritario de los Brooklyn Nets de la NBA, vendió su participación en la franquicia y fundó Roc Nation Sports. La división fue creciendo hasta colocarse entre las mayores agencias deportivas del planeta, con presencia en las grandes ligas estadounidenses de béisbol, baloncesto y fútbol americano. En 2019 abrió su rama futbolística, con la que ya representaba a estrellas europeas como los belgas Kevin De Bruyne y Romelu Lukaku.

La compra que le entregó a media Brasil

Jay-Z no fundó una agencia para fichar a Vinicius, sino que compró la empresa en la que el brasileño ya estaba. El giro hacia Sudamérica se produjo con la adquisición de TFM, una agencia con sede en São Paulo. La operación no solo sumó a Vinicius Junior a la cartera de Jay-Z, sino también a Gabriel Martinelli y al entonces adolescente Endrick. La firma brasileña arrastraba una nómina de más de cien futbolistas, que pasaron en bloque bajo el paraguas de la compañía, elevando su lista de representados en el fútbol a alrededor de ciento veinte nombres. Así nació Roc Nation Sports Brasil, dirigida por el propio fundador de TFM, Frederico Pena. Los términos económicos del acuerdo nunca se hicieron públicos.

Para Roc Nation, Brasil no era un mercado más. Sus responsables lo describieron como el primer nombre de cualquier lista de deseos en el fútbol mundial por su cantera inagotable de talento, y presentaron el movimiento como la llegada de un modelo de representación integral que, aseguraban, no existía hasta entonces en la región.

No un futbolista: una marca

Aquí está la clave que separa a Roc Nation de una agencia convencional. Su negocio no se limita a negociar traspasos o a cobrar la comisión de rigor —el porcentaje habitual sobre salarios y operaciones—, sino a construir una marca global alrededor del deportista. La propia compañía se define como el puente entre el deporte y la cultura, y su método consiste en convertir a cada jugador en una figura que trasciende el terreno de juego, con un equipo de contenidos que envuelve cada gran acuerdo en una campaña.

En Vinicius, ese trabajo tiene un rostro muy concreto: el del activismo. Desde su entrada en la órbita de Roc Nation, la faceta social del brasileño ha ganado estructura y proyección internacional. Su lucha contra el racismo que ha sufrido en sectores de algunos estadios españoles ha pasado de la denuncia espontánea a algo mucho más articulado. En 2024 recibió el Premio Sócrates —que distingue el compromiso solidario— en la gala del Balón de Oro, reconocido por el Instituto Vini Jr., la fundación que creó en 2020 para llevar la educación a las escuelas públicas de Brasil. Un año después, Netflix estrenó Baila, Vini, un documental que retrata sin filtros los episodios de racismo vividos por el jugador y su respuesta ante ellos.

Ese ecosistema —premios, documental, fundación, campañas— no es fruto del azar, sino de una estrategia de imagen. Roc Nation ha entendido que la proyección de Vinicius va mucho más allá de lo deportivo, y lo gestiona en consecuencia: no solo como un extremo del Real Madrid, sino como un icono cultural con una causa que lo hace reconocible en cualquier rincón del mundo.

Para Jay-Z, en definitiva, tener a una de las mayores estrellas del planeta fútbol en cartera es la mejor carta de presentación de una agencia que no deja de crecer en el que considera el corazón de este deporte.

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