Hace solo dos temporadas, cobrar tres millones de dólares netos te colocaba de lleno entre los contratos más altos de la Euroliga. Mike James ocupaba con esa cifra el tercer puesto de la lista elaborada por Eurohoops para la temporada 2024-25, solo por detrás de Sasha Vezenkov, con 4,1 millones, y Shane Larkin, con 3,75. Dos años después, ese mismo salario ya no garantiza siquiera un hueco entre los nombres mejor pagados de la competición.

El salto se entiende mejor mirando la fotografía actual. Vasilije Micic encabeza el mercado con 5,6 millones de dólares netos en Hapoel Tel Aviv, seguido por Kendrick Nunn, con 5,3 millones en Panathinaikos, y Guerschon Yabusele, con cinco. Nigel Hayes-Davis aparece con 4,5 millones, Sasha Vezenkov con 4,2 y Sylvain Francisco alcanza los cuatro.

Por debajo quedan Elijah Bryant, con 3,6 millones, Dzanan Musa, con 3,5, y un grupo instalado en los 3,2 millones en el que Eurohoops coloca a Evan Fournier, Mathias Lessort, Nikola Milutinov y Thomas Walkup. El empate obliga incluso a estirar el tradicional top ten más allá de diez nombres.

La primera cautela es obligada. Los contratos individuales no son públicos y las cantidades proceden de estimaciones periodísticas de Eurohoops, no de cifras oficiales de la Euroliga. La publicación expresa los salarios en dólares netos para facilitar la comparación entre mercados sometidos a fiscalidades muy diferentes y reconoce además algunos casos discutidos, como el de Hayes-Davis, o situaciones fiscales particulares, como la de Walkup.

De tres millones a cinco en apenas dos temporadas

La comparación con 2024 explica hasta qué punto ha cambiado el mercado. Entonces, Vezenkov encabezaba la lista con 4,1 millones de dólares netos y Mike James era tercero con tres. Ahora hay seis contratos estimados de cuatro millones o más, mientras la frontera para aparecer entre los salarios más elevados se ha desplazado hasta el entorno de los 3,2 millones.

La tendencia ya se había dejado ver el curso pasado. Micic alcanzó los 5,6 millones en su llegada a Hapoel y Nunn los 5,3 con Panathinaikos, mientras Vezenkov seguía instalado entre los mejor pagados. Lo que hace dos veranos podía entenderse como una operación excepcional empieza a parecerse cada vez más a una nueva escala salarial.

Eso no significa que cualquier estrella de la Euroliga cobre ahora tres o cuatro millones, ni que todos los grandes hayan empezado a gastar de la misma manera. De hecho, la concentración de esos contratos es uno de los datos que mejor retratan el cambio. Los jugadores situados por Eurohoops en la parte más alta pertenecen únicamente a Panathinaikos, Olympiacos, Hapoel Tel Aviv y Dubai Basketball. Fenerbahçe, Real Madrid, Anadolu Efes o Milán no aparecen en ese grupo pese a manejar plantillas de primer nivel.

Tampoco conviene confundir salario individual con presupuesto total. Un club puede repartir el gasto de forma más homogénea entre doce o quince jugadores sin colocar a ninguno en la cima de la clasificación, mientras la fiscalidad modifica de forma sustancial cuánto cuesta realmente garantizar una determinada cantidad neta. Eurohoops apunta precisamente a ambos factores para explicar algunas ausencias.

Panathinaikos lleva la escalada más lejos

Si hay un equipo que resume bien esta transformación es Panathinaikos. Cinco de sus jugadores aparecen entre los contratos más elevados que recoge Eurohoops: Nunn, Yabusele, Hayes-Davis, Francisco y Lessort. Ya no se trata de pagar una fortuna a una única estrella y construir a su alrededor, sino de acumular varios salarios de primer nivel dentro de la misma plantilla.

Olympiacos sigue una senda parecida con Vezenkov, Fournier y Milutinov. Hapoel coloca a Micic y Bryant, mientras Dubái aparece con Musa y Walkup. La consecuencia va mucho más allá de una clasificación económica: estos proyectos pueden juntar en la misma rotación a varios jugadores acostumbrados a asumir un papel protagonista en otros equipos.

Ahí está una de las claves deportivas de la nueva Euroliga. El dinero ya no se utiliza solo para pagar más a la primera espada, sino para reducir la distancia entre esa estrella y quienes la acompañan. Un mal partido de la referencia principal puede ser compensado por otro jugador con salario, talento y experiencia de primer nivel. Esa profundidad encarece cada vez más la tarea de construir una plantilla capaz de soportar una serie de playoff contra ellos.

Parte de esos contratos pertenece, además, a jugadores con pasado reciente en la NBA. Micic, Nunn, Yabusele, Vezenkov, Fournier o Musa han pasado por Estados Unidos. Eso no permite decir que la Euroliga pueda competir económicamente con la NBA en términos generales, pero sí que determinados clubes europeos ya tienen suficiente músculo para atraer o retener perfiles con mercado al otro lado del Atlántico.

Nueva reglamentación

La escalada salarial llega al mismo tiempo que aumentan los ingresos. La propia Euroliga ha fijado para 2026-27 los Ingresos Definidos Promedio de los Clubes con Licencia en 22,30 millones de euros, un 14% más que los 19,49 millones utilizados como referencia el curso anterior.

La competición intenta ordenar ese crecimiento con sus nuevos Competitive Balance Standards. El Base Remuneration Level queda fijado esta temporada en diez millones de euros netos, aunque el cálculo deja fuera determinadas categorías como los llamados Anchor Players, los jugadores sub-23 y otras excepciones previstas en la normativa. Los clubes que rebasan ese nivel deben aportar dinero a un mecanismo de compensación que después se redistribuye entre quienes cumplen los límites.

Por eso hablar de un límite salarial al uso puede llevar a engaño. La Euroliga no prohíbe gastar por encima de esos diez millones, sino que penaliza parte del exceso y establece excepciones que permiten seguir levantando plantillas muy caras. El High Remuneration Level, además, no entrará plenamente en vigor hasta la temporada 2027-28.

Añadir ElPlural.com como fuente preferida de Google.

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora