El tenis profesional tiene un problema que no se mide únicamente en espectadores. Los grandes torneos siguen llenando estadios y generando audiencias millonarias, pero alrededor de las pistas se está librando otra competición mucho más difícil de ganar: la batalla por la atención del público. El Australian Open ha decidido afrontarla con una fórmula que combina más capacidad, más entretenimiento y formatos cada vez más alejados del partido tradicional.
El primer Grand Slam de la temporada prepara una nueva transformación para 2027 después de un torneo que llevó a más de 1,3 millones de personas a Melbourne Park. La organización incorporará una nueva grada temporal de 700 localidades, triplicará las zonas de sombra y ampliará el espacio dedicado a actividades y entretenimiento. El objetivo no es únicamente meter a más gente dentro del recinto, sino conseguir que el público tenga más motivos para quedarse en él.
La gran apuesta vuelve a ser el AO 1 Point Slam, un torneo paralelo en el que profesionales y amateurs compiten en eliminatorias decididas por un único punto. Para 2027 ya han confirmado su presencia Carlos Alcaraz, Jannik Sinner, Coco Gauff y Naomi Osaka, mientras jugadores aficionados de todo el país buscan clasificarse para compartir pista con las grandes estrellas. El ganador se llevará un millón de dólares australianos.
Un Grand Slam ya no empieza cuando comienza el cuadro
El cambio de mentalidad se aprecia precisamente en la forma de entender la semana previa al torneo. El Australian Open ya no quiere que el Grand Slam empiece el primer día del cuadro principal, sino convertir Melbourne Park en un destino durante tres semanas completas. La Opening Week incorpora entrenamientos abiertos, clasificación, conciertos, videojuegos, actividades familiares y diferentes experiencias alrededor del tenis.
El 1 Point Slam encaja perfectamente en esa estrategia porque comprime el deporte hasta convertirlo en una sucesión de momentos decisivos. No hay que esperar tres horas para conocer al ganador ni entender un partido completo para engancharse a la historia. Un solo punto puede eliminar a Sinner, Alcaraz o a cualquier amateur. De hecho, en 2026 el aficionado australiano Jordan Smith derrotó a Sinner durante el torneo y acabó ganando el millón de dólares.
El formato tiene además otro elemento que los grandes eventos deportivos buscan cada vez más: la posibilidad de que cualquiera pueda formar parte del espectáculo. El Australian Open prevé que hasta 1.000 clubes de todo el país organicen sus propios 1 Point Slam antes de la competición de Melbourne. El Grand Slam deja así de ser únicamente un evento al que se acude como espectador para convertirse en algo que también se puede experimentar desde las pistas locales.
La pelea ya no está solo dentro de la pista
La estrategia australiana refleja una transformación más amplia en el deporte profesional. Las grandes competiciones ya no compiten exclusivamente contra otros torneos de su disciplina. Compiten contra las redes sociales, las plataformas de streaming, los videojuegos, los conciertos y cualquier otro contenido capaz de ocupar el tiempo libre del espectador.
El tenis tiene además una particularidad complicada. Sus grandes partidos pueden durar varias horas y exigen una atención sostenida, mientras que buena parte del consumo deportivo actual se ha acostumbrado a los momentos breves, los clips y los formatos capaces de generar emoción inmediata. El reto no consiste necesariamente en convertir un partido de Grand Slam en algo corto, sino en crear alrededor de él suficientes estímulos para captar también a quien no está dispuesto a pasar cuatro horas delante de una pista.
Por eso el movimiento del Australian Open resulta más interesante que sus 700 nuevos asientos. La organización está intentando ampliar el producto sin tocar aquello que considera esencial. Los partidos masculinos seguirán disputándose al mejor de cinco sets en 2027 después de que el torneo matizara las declaraciones de su nuevo CEO, Andrew Abdo, sobre la posibilidad de explorar nuevos formatos en el futuro.
El Grand Slam como parque deportivo
La evolución del Australian Open apunta hacia una idea cada vez más presente en el deporte: el gran torneo deja de ser únicamente una competición y se convierte en una experiencia. El espectador compra una entrada para ver tenis, pero la organización quiere que pase muchas más horas dentro del recinto, consuma más servicios y encuentre actividades incluso cuando no esté viendo a su jugador favorito.
Los números explican por qué existe ese incentivo. El Australian Open 2026 generó un impacto económico de 722,3 millones de dólares australianos para Victoria y recibió 1,368 millones de espectadores durante sus tres semanas, además de superar los 1,7 millones de asistentes si se tiene en cuenta todo el Summer of Tennis australiano.
El siguiente paso, por tanto, no consiste únicamente en aumentar el aforo. Consiste en hacer que el Grand Slam sea capaz de competir por más momentos de la vida del aficionado. Que el público llegue antes, que se quede después, que pueda participar, que encuentre entretenimiento y que tenga razones para volver incluso cuando no haya un partido de las grandes estrellas.
El Australian Open está acelerando en esa dirección. El 1 Point Slam, las nuevas zonas de entretenimiento y la ampliación de la experiencia alrededor de las pistas son piezas de una misma estrategia. El tenis mantiene su formato tradicional en el centro, pero construye cada vez más cosas alrededor para asegurarse de que el espectador no mire hacia otro lado. Porque la próxima batalla de los Grand Slam quizá no sea por conseguir que más gente vea una final. Será por conseguir que, durante todo el torneo, haya algo que merezca la pena mirar.
Añadir ElPlural.com como fuente preferida de Google.
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.
