La NBA no perdona y no espera a nadie, sino que se lo digan al nerviosismo que viven los jugadores cuando llega el cierre de mercado de traspasos. Por ello, aquel que quiera ser bien considerado en la liga le toca hablar en la cancha noche tras noche. La competición norteamericana tiende a infravalorar mucho y sobrestimar poco. El estatus tarda en llegar, incluso para los que demuestran excelsas cualidades desde el principio, salvo casos excepcionales por talentos generacionales como los de LeBron, Doncic, Wemby o Cooper Flagg. Consolidar el respeto es una ardua tarea. Aunque muchos empiezan a ser llamados desde temprano a tornarse estrellas del baloncesto, esta posición es compleja de alcanzar. Ahora bien, todo lo que han de aguardar para ser reconocidos por sus capacidades en la cancha contrasta con la rapidez con la que pueden perder esa buena consideración, tanto si es porque las lesiones les mantienen separados de la pista más tiempo del que quisiera como si se debe a que su juego no es igual de efectivo durante una o dos temporadas.
Si no lo creen, simplemente echen un vistazo al roster de los Washington Wizards. Un equipo que esta temporada se ha tornado nido para jugadores que no hace tanto eran deseados enérgicamente por cualquier franquicia y que, a día de hoy, no despiertan el mismo interés para la mayoría de los equipos. Ahí está, por ejemplo, Khris Middleton, quien un día formara parte de una de las mejores duplas de la competición junto a Giannis Antetokounmpo y fuera clave en el anillo conseguido por los Bucks en el 2021.
Cierto es que el caso de Middleton, por una trayectoria que aparenta empezar a ver su ocaso tras 14 temporadas, pueda hallar una caída razonable en la relevancia que se le otorgue en la cancha, aunque todavía pueda aportar ciertos destellos de calidad. Sin embargo, en la plantilla de los Wizards hay otros jugadores que coinciden en un momento determinante de sus carreras, convirtiéndose este curso baloncestístico, en el que forman parte de una franquicia que no tiene la misma presión que otras que aspiran a un anillo, en el año en el que deberán responder a si quieren volver a ser estrellas de la liga o segundas espadas vitales, o, por el contrario, mantener un tendencia decreciente que les lleve a ser jugadores de rol en el quinteto titular o piezas de banquillo con una mayor calidad de la habitual para los suplentes.
La temporada 2026/2027 será el río Rubicón para Anthony Davis y Trae Young. El pivot y el base llegaron al equipo de la capital estadounidense tras ser traspasados, no fichados. Ambos jugadores vienen viendo como su estatus en la liga viene descendiendo. Sobre Davis se sigue considerando que dispone de las cualidades para marcar la diferencia en un partido, aunque sus continuadas lesiones provocan una desconfianza que están llevando a que no disponga del papel protagonista que venía teniendo. Por su parte, Young viene perdiendo capacidad anotadora en las últimas temporadas. El que fuera hasta la pasada temporada el principal exponente de los Atlanta Hawks era uno de los jugadores más temidos de la liga por su cualidades, que le han llevado a promediar durante seis temporadas más de 25 puntos por partido y repartir 10 asistencias por encuentro. Sin embargo, sus últimos compases en la franquicia del estado de Georgia evidenciaron que parecía haber perdido motivación o ilusión por su equipo, cayendo su rendimiento y no acaparando tanta atención en la defensa de los equipos contra los que jugaba.
El río Rubicón era un pequeño curso de agua en el norte de Italia que servía como frontera legal sagrada entre la provincia de la Galia Cisalpina y el territorio de Italia bajo el control directo de Roma. En torno al mismo surgió la expresión "cruzar el Rubicón" se convirtió en un símbolo universal para referirse a un punto de no retorno, donde se toma una decisión arriesgada y definitiva de la que ya no hay vuelta atrás. Si un rey o general militar llegaba junto a sus tropas hasta allí tenía que tomar la decisión que marcaría su vida. Cruzarlo suponía ser recordado en la historia, porque en el momento en que se hacía se declaraba de manera automática la guerra a Roma, lo cual también podía suponer alcanzar la gloria o sufrir una notoria derrota por las capacidades de batalla de los romanos.
Davis y Young están en la orilla del río Rubicón mientras los aficionados de los Wizards expectantes y ansiosos, después de años de derrotas continuadas tras las salidas de John Wall y Bradley Beal, porque Washington protagonice la Rebelión de los Repudiados, la vuelta a la lucha por parte de aquellos en los que se dejó de confiar y que se entendió que ya están lejos de poder llevar a un equipo al título. Junto al base y al pivot se encuentra en una situación favorita de Deandre Ayton. El jugador interior no ha llegado alcanzar ese estatus de estrella dentro de la liga tras ser número uno del draft de 2018, pero sí que ha mostrado capacidad de contar con un rol solido en una plantilla aspirante al título. Sin embargo, su última temporada en los Lakers ha despertado dudas en torno a él y, por ello, a sus 28 años, necesita hacer un buen curso.
Como se mencionaba, desde los tiempos en los que la dupla de Wall y Beal comandaba a los Wizards, la ciudad de Washington ha presenciado más derrotas de las que quisiera en su pabellón. Ahora dispone de un equipo que, como si fuera la película de Moneyball, aunque no cuente con grandes estrellas, dispone de un roster que, si empieza a rodar adecuadamente, puede hacer un buen papel y llegar a los playoffs al terminar la temporada regular en novena o décima posición.
La calidad, veteranía y experiencia competitiva de jugadores como Davis, Young, Ayton y Middleton puede hallar una satisfactoria combinación con jugadores jóvenes como Alex Sarr, Coulibaly o Kyshawn George. Un roster que también cuenta AJ Dybantsa, el primer seleccionado del draft de este año, del cual se espera pueda tener un importante papel en el futuro de la liga a corto plazo y del que se debería de hablar en otro artículo a parte.
Los Wizards pueden reconducir su camino y volver a buscar la senda de la victoria. Un cambio de mentalidad no les va a convertir en aspirantes al anillo, la realidad es que no tienen plantilla para ello, pero sí pueden convertirse en un equipo interesante y divertido de seguir, como lo fueran la pasada temporada los Charlotte Hornets. Si bien, todo ello pasará porque Anthony Davis y Trae Young tomen la decisión de si cruzar o no el río Rubicón.
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