1981 fue un año muy importante en la historia de España. Hace tan solo seis años que Franco falleció y supuso el fin de la transición democrática del país. Calvo-Sotelo era investido como presidente tras la sorprendente dimisión de Adolfo Suárez, se aprobó la ley del divorcio, pero sin duda el hecho que marcó ese año fue el intento fallido de golpe de Estado protagonizado por el general Antonio Tejero. Pero eso no fue lo único. Unas semanas después, el mundo del fútbol y la sociedad estuvieron pendientes del secuestro de uno de los mejores goleadores de la historia de La Liga, Enrique Castro 'Quini'. Este mes de marzo se cumplen 45 años de su secuestro.

El momento del desastre

Una semana después del 23-F, y con el terrorismo de ETA y GRAPO a la orden del día, este evento en un primer momento se interpretó como un nuevo ataque de alguna de estas bandas terroristas. Era el 1 de marzo y el Barça acababa de golear en casa al Hércules por 6-0. Tras el partido, 'Quini', salió del Camp Nou en dirección al aeropuerto de El Prat para recoger a su mujer, sin embargo, nunca llegó a su destino. Tres encapuchados le encañonaron y le subieron en un coche dirección Zaragoza.

Su mujer se percató de que algo pasaba al no encontrar a su marido en el aeropuerto. El defensa José Ramón Alexanko, amigo de Quini y muy presente en las jornadas posteriores, el presidente Josep Lluís Núñez y el vicepresidente Joan Gaspart se personaron en casa del futbolista y fue ahí cuando recibieron la primera llamada de los secuestradores. Reclamaban un total de 100 millones de pesetas (alrededor de 600.000 euros)

La casa del futbolista se convirtió en el punto de encuentro de periodistas y aficionados que esperaban con ansia la vuelta del goleador asturiano. A pesar de este suceso, la liga no se detuvo y el equipo siguió disputando partidos

El conjunto azulgrana, dirigido entonces por Helenio Herrera, atravesaba un buen momento competitivo y llegaba a aquella jornada situado a solo dos puntos del Atlético, líder del campeonato y su rival el domingo 8 de marzo. En los días previos se habló incluso de una posible suspensión del encuentro, y Bernd Schuster, una de las grandes figuras del Barça, llegó a deslizar que podía negarse a jugar: “Además de piernas, tengo corazón”, afirmó. Pese a ello, la Federación no modificó sus planes y el Atlético-Barça terminó disputándose en el Vicente Calderón.

La única concesión fue puramente simbólica: el Barça pudo jugar sin el dorsal 9 y ‘Keegan’ Ramírez ocupó la titularidad con el 14 a la espalda, algo absolutamente inusual en una época en la que las alineaciones seguían numerándose del 1 al 11. El partido acabó con derrota azulgrana por 1-0, un golpe al que se unieron después una nueva caída en Salamanca (2-1) y un empate sin goles frente al Zaragoza en el Camp Nou. Aquella mala racha terminó por apartar al Barça de la pelea por el título, que finalmente conquistó la Real Sociedad.

El momento de la liberación

La Policía Nacional junto a la policía de Suiza crearon una estrategia para atrapar a los captores. Tras varias llamadas entre los secuestradores y la mujer del jugador, se estableció que harían el pago en una cuenta de Suiza. La policía interceptó a uno de los secuestradores tras haber retirado tres millones de pesetas de una sucursal. Tras varias horas de interrogatorio, el hombre, electricista de profesión, confesó el lugar donde se encontraba el jugador. 'Quini' estaba recluido en una habitación debajo de un taller propiedad de uno de los secuestradores.

Mientras España se encontraba celebrando una victoria ante la selección inglesa en Wembley, los locutores anunciaban con esmero la liberación del jugador: "¡Han liberado a Quini! ¡Han liberado a Quini!!”, la feliz noticia relegó al día siguiente en las portadas todo, incluido el triunfo de ‘La Roja’, a la que por entonces aún nadie la conocía así. Incluso La Gazzetta dello Sport llevó a primera plana la grata nueva

Cuando fue liberado, el propio Quini sorprendió al definir a sus secuestradores como “buena gente”, llegándo incluso a pedir que no entraran en prisión y rechazar la pensión que le entregaban después de vivir secuestrado durante casi un mes. FInalmente, fueron condenados a diez años de prisión y, con el paso del tiempo, el delantero incluso llegó a reencontrarse con uno de ellos, a quien entregó su número de teléfono. Tras pasar 25 días retenido, Quini firmó una de las historias más asombrosas del fútbol español. Terminó aquella misma temporada como máximo goleador de la Liga con 20 tantos. Apenas 85 días después de recuperar la libertad, fue decisivo en la final de Copa que el Barça ganó ante el Sporting al marcar dos goles. No en vano le llamaban ‘El Brujo’. Su dimensión en el fútbol asturiano quedó reflejada años después, cuando su muerte en 2018, a los 68 años, llenó El Molinón en un emotivo homenaje póstumo en el que volvió a resonar el grito que lo acompañó siempre: “¡ahora, Quini, ahora!”.

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