Confieso que tengo un placer culpable después de cada victoria del Real Madrid. Suelo darme un garbeo por la prensa de Barcelona para ver cómo ha sentado. No busco análisis tácticos ni explicaciones razonables. Ya vengo con ello de casa. Busco exactamente lo que un adulto funcional no debería. Y esta semana Xavier Bosch me ha devuelto a mis 17 años con un titular que parecía escrito para mí: Los pandilleros de Mou.
Reconozco que últimamente no he podido entregarme demasiado a este vicio. Es época de barbecho en el madridismo y hay que aprovechar cuando se presenta la ocasión. Nunca se sabe si estamos ante una ilusión pasajera o el comienzo de algo. El caso es que, en uno de mis habituales paseos por el periobarcelonismo, me topé con aquella joya no tan oculta de Mundo Deportivo. Por un instante, volvía a tener pelo, a estrenar cuenta en Twitter y a esperar con impaciencia la siguiente faltada lacrimógena de la prensa catalana. Por ese lado, punto para el socio 10.210.
Naturalmente, entré a leerla. Y no me decepcionó. El titular se había ganado tal derecho. Y no quebró mis expectativas. Tres puntos y seguido bastaron para la primera reprimenda a José Mourinho, que, según Bosch, estaba demasiado “crecido” por quejarse del sesteo de Iglesias Villanueva en el VAR cuando el gemelo de Yan Diomandé tuvo la mala fortuna de encontrarse con los tacos de Joao Cancelo. Mal, Xosé. Muy mal. Sobre todo porque después, como recuerda el compañero, no dijiste nada de una entrada similar de Camavinga a Rodri. Tampoco de la barrida de Tchouaméni sobre Xavi Espart. En este lance, por cierto, culerada y opinólogo le imputan al francés el esguince de tobillo del catalán.
Por un instante, volvía a tener pelo, a estrenar cuenta en Twitter y a esperar con impaciencia la siguiente faltada lacrimógena de la prensa catalana
No voy a gastar esfuerzos en discutir que Mourinho protesta o que sus ayudantes sean precisamente monjes cartujos. Le conocemos el tiempo suficiente como para saber que la moderación no está en su cartera de virtudes. Y menos mal, por otro lado. Pero otra cosa es convertir el racimo de protestas habitual de un banquillo en un acontecimiento sin precedentes.
Resulta que los madridistas protestan “absolutamente todo”, incluidos los suplentes, que tuvieron la osadía de abandonar la oscuridad del banquillo para cuestionar con indignación las decisiones arbitrales. Una “macarrización del fútbol de vergüenza ajena”, dice, perpetrada por una banda que llegó a “armar la marimorena” hasta por un saque de banda.
No sé qué partidos habrá visto durante su dilatada carrera, pero me cuesta recordar un banquillo guardando voto de silencio y con las manos en las rodillas mientras el de amarillo toma una decisión discutible. Que Mou pueda rayar en el histrionismo no me parece una revelación. Lo extraordinario sería que el resto de entrenadores, ayudantes o jugadores suplentes vivieran los partidos como quien espera su turno en la consulta de su médico de familia.
Pero, cuidado, que hay trazas pandilleras en la actitud de los que están sobre el césped. Los blancos habrían contribuido a la función con exageradas muecas y sus quejas al colegiado. Y, para colmo, sólo dos madridistas vieron la tarjeta amarilla por protestar. ¡En el descuento! Un plan maquiavélico de Mourinho para perder tiempo y acercarse a la victoria por cualquier medio a su alcance. No porque en la partida táctica se impusiera con claridad. Qué va. La escena debió de ser tremenda. Inaudita, diría. No sé cómo la redonda se recuperó de tan macabro espectáculo.
Quizá sea esa capacidad tan posmoderna de convertir lo rutinario en un suceso sin parangón sea lo que me impulse a consumir compulsivamente este tipo de columnas. Hay un punto reconfortante en comprobar que determinados reflejos del fútbol español no cambian nunca. Hay nuevos nombres, camisetas, varían los entrenadores y hasta las redes sociales, pero basta con que aparezca Mourinho para que uno vuelva a encontrarse con las discusiones de hace quince años. Debe ser lo más parecido a subirse al DeLorean.
No se me caen los anillos que no tengo al admitir que comprendo mejor a Bosch. Llevo poco tiempo en esto de columnear, pero ya he descubierto que sentarse cada semana delante de un documento en blanco no es precisamente la fiesta padre. Hay días en los que la creatividad se va a comprar tabaco y otros en los que las palabras salen solas. La inspiración, a veces esquiva, está donde menos te lo esperas. Incluso en la columna de otro.
Así que tampoco me voy a poner demasiado estupendo. Al final he acabado dedicándole una columna entera a Xavier Bosch por dedicarle una columna entera a Mourinho. Debería darle las gracias. A estas alturas del sábado todavía no sabía de qué iba a escribir mañana.
Por qué necesitamos tu apoyo
El 29N se decide mucho. Que te lo cuenten bien.
ElPlural.com no tiene grandes grupos empresariales detrás. Lo que tenemos son lectores. Y en un momento como este, eso lo es todo. Si crees que este periodismo es necesario, hazte socio o socia hoy.
Puedes cancelar cuando quieras. Gracias por tu apoyo.
Añadir ElPlural.com como fuente preferida de Google.
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.
