Recuerdo aquel día como si hubiese sido ayer. La nostalgia y la memoria se entrelazan, navegas por ellas y conectas con la niñez. 11 de febrero de 1995. Era domingo y el Racing jugaba contra el Barça. No sabes de sistemas ni de esquemas, no analizas cambios ni maldices al árbitro con precisión quirúrgica. Vives el partido desde otro lugar, cerca de la pureza, la inocencia. A través de esa forma limpia de mirar que se pierde el día que te fumas tu primer cigarro.
Como siempre, entré a El Sardinero a hombros de mi padre. Desde ahí arriba, te sentías un gigante. Uno de esos que no encuentran oposición. En la puerta del estadio, los guardias de seguridad miraban hacia otro lado, intimidados por el coloso de bufanda y gorro blanquiverde que avanzaba ante sus ojos. Pero aquel no era un partido más. Venía el Fútbol Club Barcelona de Johan Cruyff. No atravesaba su mejor momento, pero aún quedaban detalles del Dream Team. Un gigante del fútbol frente a la sencillez aguerrida del equipo montañés. Ceballos, Zygmantovich, Pablo, Merino, Iñaki, Carreras, Esteban Torre, David Billabona, Quique Setién, Popov y Radchenko. Y un tal Pedro Munitis que jugaría unos minutos de aquel partido. Un escuadrón que se enfrentaba a jugadores como Hristo Stoichkov, Gica Hagi o Pep Guardiola. Y, sin embargo, hay días en los que en casa del pobre ocurre un milagro. No pasa casi nunca. Pero aquel concreto día, en Santander, se obró. La noche más mágica jamás vivida en los Campos de Sport.
Esteban Torre abrió la lata. Todavía con pelo, el padre de Pablo reventó el balón, lo teledirigió a la base del palo y batió a Carles Busquets, el padre de Sergio. La segunda parte fue cosa de dos Dmitris hijos del telón de acero. Radchenko y Popov eran la hoz y el martillo del equipo. Jugaban con la defensa rival como niños a la P’yanitsa. Un centro de Popov encontró la cabeza de Quique Setién para el segundo. El tercero lo marcó Jesús Merino, un central que definió como si hubiese nacido delantero, al más puro estilo Gerd Müller. De hecho, años después llevaría el 9 en la espalda en uno de esos ejercicios de randomismo que nos regala Don fútbol de vez en cuando.
Los dos últimos llevaron la firma del mejor de nuestros soviéticos. Dmitri Radchenko. Con su físico y su garra parecía un guerrero épico ruso. Un bogatyr. Nuestro Ilya Muromets. Busquets hizo una patada voladora digna de Bruce Lee en Operación Dragón, permitiendo que el nacido en Leningrado empujara el balón a la red. El quinto fue de penalti. Dmitri engañó a Angoy, que había sustituido a Busquets, y cerró la goleada.
Lo que estaba ocurriendo en Santander era real. Juventudes Verdiblancas rugía en el fondo norte. El pequeño se había comido al grande. Al día siguiente, los niños salían temprano de casa con la camiseta del Racing y marchaban con orgullo al colegio. Desde aquel día, nada igual ha vuelto a vivirse en los Campos de Sport de El Sardinero.
5 - RACING DE SANTANDER: José María Ceballos, Andrei Zygmantovich, Pablo Alfaro, Jesús Merino, Iñaki, Lluís Carreras, Esteban Torre, David Villabona, Quique Setién, Dmitri Popov y Dmitri Radchenko. También jugaron Tomás González Rivera y Pedro Munitis. Entrenador: Vicente Miera.
0 - BARCELONA: Carlos Busquets, Eusebio, Abelardo, Albert Ferrer, Jose Guardiola, José María García Lafuente, Guillermo Amor, José María Bakero, Gica Hagi, Korneiev y Hristo Stoickhov. También jugaron Iván Iglesias, Jesús Mariano Angoy y Jordi Cruyff. Entrenador: Johan Cruyff.
Goles: 1-0 Esteban Torre (min. 44), 2-0 Quique Setién (min. 52), 3-0 Jesús Merino (min. 68), 4-0 Dmitri Radchenko (min. 73) y 5-0 Dmitri Radchenko (min. 89)
Árbitro: Antonio Jesús López Nieto. Amonestó a Ceballos, Pablo Alfaro, Iñaki, Carreras y Popov del Racing de Santander y a Guardiola y Abelardo del Barcelona. Expulsó al Chapi Ferrer y a Carlos Busquets.
Estadio: Campos de Sport del Sardinero (21 mil espectadores)