El nombre de Fernando Mendoza ha irrumpido con fuerza en la NFL. El quarterback, estadounidense con raíces españolas, ha sido elegido como número 1 del Draft, un hito que lo sitúa directamente en el centro del foco mediático. Pero su reacción ha sido muy distinta a la habitual en estos casos: “No creo que sea titular todavía”, afirmó, rebajando expectativas desde el primer día.

Un número 1 histórico con acento español

Aunque su formación deportiva se ha desarrollado en Estados Unidos, Mendoza nunca ha ocultado sus raíces españolas, que han marcado parte de su identidad fuera del campo. Esa conexión con España ha hecho que su elección en el Draft tenga una repercusión especial también en el deporte europeo, donde no es habitual ver a jugadores con ese vínculo alcanzar una posición tan alta.

Es algo muy importante para mí y para mi familia”, ha reconocido sobre sus orígenes, en una muestra de que esa parte de su historia sigue muy presente incluso en el momento más importante de su carrera.

Un contrato de estrella desde el primer día

Ser elegido como número 1 del Draft implica también un salto inmediato en lo económico. Mendoza ha firmado un contrato rookie de cuatro años, valorado en torno a 36 millones de euros, totalmente garantizados y con un bonus de firma muy elevado, en línea con los estándares actuales de la NFL para el primer pick.

Ese acuerdo lo sitúa directamente entre los jóvenes mejor pagados de la liga, aunque él mismo ha querido quitarle protagonismo a ese aspecto. “El dinero no cambia nada, lo importante es estar preparado para competir”, explicó tras conocerse su contrato.

“Tengo mucho que aprender”

Lejos del discurso habitual de confianza extrema, Mendoza ha optado por un tono mucho más prudente. “Tengo mucho que aprender”, insistió, consciente del salto que supone pasar del fútbol universitario a la NFL.

Su mensaje ha sorprendido porque rompe con el perfil típico del número 1 del Draft. No habla de liderar desde el primer día, sino de adaptación y proceso. “Quiero ganarme mi sitio”, añadió, dejando claro que no se siente con un rol asegurado pese a su posición en el Draft.

El propio jugador ha señalado cuál será su principal desafío inmediato: la velocidad del juego. “Todo es más rápido aquí”, explicó, en referencia a la diferencia entre el nivel universitario y la NFL.

En la posición de quarterback, esa adaptación es todavía más compleja. No solo se trata de ejecutar jugadas, sino de leer defensas, tomar decisiones en segundos y gestionar la presión constante. Por eso, su enfoque es claro: progresión antes que protagonismo inmediato.

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