Es el día en el que la ciudad de Madrid – y buena parte de España – se paraliza por un partido que trasciende al fútbol. El orgullo, la rivalidad y las sanas burlas del lunes de buena mañana están en juego este domingo en el Metropolitano. Atlético de Madrid y Real Madrid se enfrentan un derbi madrileño con aroma a 2013 en el reencuentro entre Diego Pablo Simeone y un José Mourinho que ha regresado 13 años después al timonel blanco. Fue precisamente el argentino quien mandó al portugués al patíbulo al derrotar a su eterno rival en la final de la Copa del Rey del citado año…en el Santiago Bernabéu. Una crónica de una muerte anunciada que dio paso a la segunda era dorada de la entidad presidida por Florentino Pérez.

El ‘Cholo’ habló este sábado de su homólogo merengue con una palabra poco habitual en una previa de derbi: “admiración”. El argentino exhibió el “grandísimo respeto” que siente por el técnico portugués y se definió prácticamente como un mourinhista – con matices – más. La frase tiene algo de reconocimiento entre iguales, con un recuerdo feliz para los aficionados colchoneros de aquella final en la que Miranda hizo claudicar al eterno rival en la final del torneo del KO en sus dominios.

Mourinho dirigía entonces un equipo construido alrededor de una personalidad muy marcada. Simeone, por su parte, daba prácticamente sus primeros pasos para levantar a un Atlético de Madrid que terminaría haciendo de su entrenador una parte inseparable de su identidad moderna. Aquel partido acabó con un 1-2 condenatorio para los merengues y un baño masas en Neptuno tras una prórroga y casi tres lustros sin ganar al vecino. Este domingo, Diego Pablo y José se volverán a encontrar en un contexto radicalmente opuesto al de 2013.

El de Setúbal regresaba a la Casa Blanca a principios de verano para una segunda etapa después de pasar por Chelsea, Manchester United, Tottenham, Roma, Fenerbahce y Benfica. El ‘Cholo’, en cambio, nunca se fue. Llegó al Atlético en diciembre de 2011 y ha superado ya los 800 partidos al frente del equipo, con una renta de ocho títulos durante uno de los ciclos más brillantes de la historia del club otrora a la ribera del Manzanares. Dos recorridos muy distintos que vuelven a cruzarse en un escenario diferente, pues Mourinho pisará el Metropolitano por primera vez como entrenador del Real Madrid.

Cuando el entrenador también era el relato

Mourinho y Simeone pertenecen a esa generación de técnicos que entendió pronto que dirigir a un gran club trascendía a la mera pizarra. Una parte importante del engranaje perfecto pasa por la protección del vestuario, marcar el tono del discurso y asumir una presencia pública constante. El portugués convirtió la rueda de prensa en una extensión del partido durante su primera etapa en el Santiago Bernabéu. El colectivo por encima de todo y sus pechos por delante para recibir las balas mediáticas. El argentino, en paralelo, creó en el Atlético de Madrid una cultura reconocible en torno a conceptos como el esfuerzo, resistencia y competitividad. Una receta que le llevó a la cima del fútbol continental, pese a no beber del néctar de la victoria.

Sus equipos podían cambiar de dibujo y de protagonistas, pero el entrenador ocupaba buena parte del foco mediático en la previa y en el post. Eso no significa, sin embargo, que practiquen un estilo de juego similar o que sus trayectorias se simplifiquen en la idea de intensidad, defensa y confrontación. Los dos han modificado estructuras, incorporado perfiles diferentes y trabajado en contextos variopintos. Incluso han resignificado la cultura o la esencia de su club. Dos técnicos que han convertido el cargo en algo más visible que una simple función técnico-táctica. Hablar de un equipo de Mourinho se traducía en hablar directamente de José. Lo mismo ocurre con el Atlético, siendo Simeone su sinónimo más directo.

Un fútbol diferente

El contexto futbolístico, sin embargo, se ha movido durante estos años. Los grandes clubes cuentan hoy con departamentos de análisis, datos, rendimiento físico, parcelas de scouting más profesionalizadas, especialistas en acciones a balón parado y direcciones deportivas cada vez más desarrolladas. Funciones que antes se concentraban con más facilidad en torno a la figura del entrenador de turno. Ahora, todo se ha diversificado.

También ha cambiado la manera de presentar a muchos técnicos. Una parte de la nueva generación se explica públicamente a través de conceptos de juego, ocupación de espacios, presión, salida de balón o automatismos. El entrenador-personaje no ha desaparecido, pero convive con perfiles cuya autoridad se apoya más en el método que en la confrontación pública.

Mourinho y Simeone siguen vinculados a otra forma de ejercer el cargo, aunque ninguno de los dos haya permanecido inmóvil. Simeone ha ido modificando el Atlético durante sus quince temporadas, incorporando fases de mayor posesión y futbolistas alejados del perfil que acompañó a sus primeros equipos. Su continuidad difícilmente se entiende sin esa capacidad para ajustar el modelo.

Mourinho también ha recorrido contextos muy distintos desde que dejó Madrid en 2013. Inglaterra, Italia, Turquía y Portugal antes de regresar al Bernabéu. Su carrera ya no se explica desde la sensación de invulnerabilidad que acompañó sus etapas en Oporto, Chelsea o Inter, sino desde su capacidad para seguir ocupando grandes banquillos más de dos décadas después de irrumpir en la élite. Su vuelta al Madrid añade otra capa al derbi: quince años después de su primera llegada al club, dirige una plantilla construida en un fútbol diferente, con otras jerarquías internas y una estructura más amplia alrededor del primer equipo. Simeone, por su parte, ha destacado en la víspera la capacidad de transición ofensiva que ve en este Madrid y ha insistido en que los partidos anteriores no condicionan necesariamente el siguiente.

Trece años después, de nuevo frente a frente

En 2013, Mourinho llevaba tres temporadas intentando devolver al Madrid el control del fútbol español frente al Barcelona que había dominado los años anteriores. Simeone estaba todavía en el inicio de la construcción que convertiría al Atlético en un candidato habitual frente a los dos grandes. La final de Copa ganada por los rojiblancos fue uno de los primeros momentos importantes de ese cambio.

Ahora vuelven a encontrarse después de recorridos opuestos. Simeone permaneció en el mismo club hasta convertirse en el entrenador más longevo de su historia moderna. Mourinho atravesó varios proyectos antes de regresar al escenario donde protagonizó una de las etapas más intensas de su carrera.

La previa del derbi invita a hablar de sistemas, presión, transiciones y nombres propios, pero también permite observar cómo ha cambiado el oficio alrededor de ellos. Simeone y Mourinho siguen ocupando una parte importante de la conversación porque sus carreras no se explican solo a través de resultados o pizarras, sino también por la relación que han construido con sus clubes, sus vestuarios y el espacio público. Trece años después de aquella final de Copa, el derbi vuelve a reunirlos.

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