El Regate

El método Fàbregas: presión, espacios y un Como que juega sin miedo

El 1-9 ante el Lens pone el foco en el trabajo táctico de Fàbregas, un entrenador que combina posesión, presión y movimientos para romper líneas

Cesc Fàbregas dando instrucciones durante un partido del Como esta temporada. Europa Press.
Cesc Fàbregas dando instrucciones durante un partido del Como esta temporada. Europa Press.

Cesc Fàbregas pasó buena parte de su carrera dibujando pases que los demás ni tan siquiera se atrevían a imaginar. Lo hizo en el Arsenal, en el Barcelona, en el Chelsea y con la selección española. Siempre acostumbrado a encontrar un resquicio entre un bosque de piernas, una maraña de camisetas y defensas que parecían perfectamente dispuestas sobre el tapete. Ahora observa los toros desde la barrera, pero su manera de entender el fútbol conserva una enfermiza pero reconocible obsesión, la de encontrar una ventaja antes de que aparezca. El Como, convertido en uno de los equipos más interesantes de Europa, se parece bastante a esa concepción del fútbol.

El miércoles, el conjunto italiano firmó un 1-9 ante el Lens que habría resultado difícil de creer para el más optimista de sus feligreses. Tres goles antes del descanso, otros cinco en apenas 22 minutos de la segunda mitad. Una exhibición que terminó por colarse a codazos entre los resultados más abultados de la historia de la Champions League. Anastasios Douvikas completó un triplete. Nico Paz, uno de los futbolistas más en forma del Viejo Continente, no se marchó sin dejar por enésima vez el ya reconocible trazado de su pincel. Hubo espacio hasta para la fábrica. Matteo Papaccioli, un canterano de 18 años, perdió la virginidad futbolística y goleadora en la máxima competición del fútbol internacional para abrochar una noche de ensueño.

Hay resultados que precisan de poca explicación y otros, en cambio, invitan a buscarla. Nueve goles a domicilio pertenecen a una categoría excepcional, incluso para un deporte acostumbrado a ensanchar las diferencias entre equipos. La puntería, los errores del adversario y las circunstancias de los partidos ayudan en ocasiones a aterrizar el análisis tras un marcador de este calibre. Esta goleada ofrece una excusa para detenerse en un libreto que lleva tiempo desarrollándose.

El trabajo de Cesc Fàbregas, por poco ruido que pueda generar en una prensa fagocitada por los "grandes", genera una atracción sin igual para quienes buscan algo más allá del resultadismo. El técnico catalán no ha inventado nada. Tampoco ha descubierto que recuperar la pelota cerca del área contraria facilita aquello de marcar goles. Su mérito reside en cómo ha organizado esos principios, en las libertades que concede dentro de una estructura exigente y en la capacidad de sus soldados para reconocer cuándo acelerar una jugada o concederse unos segundos extra de pausa.

El movimiento como arma

El Como quiere la pelota para hacer daño. La utiliza para atraer contrarios, abrir espacios y obligar a las defensas a tomar decisiones incómodas, cuando no precipitadas. No siempre abusa de una posesión interminable o de una secuencia de pases extraordinariamente elaborada. A veces basta con mover al adversario los metros suficientes para abrir una ventana oculta a la vista en un primer momento. La primera receta aparece en la salida de balón, partiendo de un 4-2-3-1 que muta a medida que progresa la jugada. Los laterales avanzan, mientras uno de los mediocentros se retrasa para ayudar a los centrales y las piezas de vanguardia intercambian posiciones. El dibujo inicial es una maniobra de distracción.

Máximo Perrone es uno de los engranajes vitales de ese mecanismo. Cuando se acerca a la zaga, ofrece siempre una línea adicional de pase que permite reestructurar las posiciones de sus compañeros. Si permanece en el centro, facilita la conexión con quienes reciben por delante. Su movilidad condiciona el funcionamiento del resto de las piezas, especialmente la altura de los laterales y los movimientos subsiguientes de los futbolistas del ataque.

El efecto se aprecia en las combinaciones que se producen en torno al balón. Un lateral gana metros, el extremo abandona el confort de la banda y el mediapunta ocupa un espacio diferente. La defensa contraria se debate entre seguir esos movimientos o conservar sus posiciones. Cualquiera de las dos alternativas puede ofrecer una ventaja al Como si sus futbolistas leen correctamente la situación. Es precisamente esa una de las virtudes del trabajo de Fàbregas. Sus soldados no están atados a posiciones fijas, sino que se desplazan para facilitar el pase, distraer a un rival o liberar una zona que aprovechará otro compañero. La circulación cobra sentido porque el resto de movimientos ha allanado el camino para ello.

La estadística de la temporada anterior ayuda a entender la propuesta. Según figura en un análisis de Opta, el Como era uno de los conjuntos con mayor posesión de la Serie A, con un 60,4%, destacando su capacidad para superar líneas rivales a través del pase. Guarismos que describen a un equipo que no se conformaba con la acumulación de posesiones inocuas, sino que las canalizaba para progresar. Es en ese contexto donde la figura de Nico Paz se convierte en referencia, apareciendo a la espalda de la medular rival para recibir de espaldas, girarse y acelerar a través de un pase o una conducción.

Su presencia influyó en la evolución del sistema. El 4-4-2 de Cesc en sus primeras etapas evolucionó hasta el 4-2-3-1 que dotaba de mayor libertad al mediapunta. Los extremos podían fijar a los laterales contrarios u ocupar posiciones interiores, mientras los jugadores de banda y los centrocampistas ajustaban sus posiciones para mantener vivas otras líneas de pase. Un entramado construido sobre la premisa de ofrecer amenazas a distintas alturas. Si el rival protege el centro, buscar la progresión por fuera. Si los defensores se abren en exceso, aprovechar esos pasillos interiores para conectar con Nico Paz o el resto de futbolistas que atacan la espalda de la zaga.

El arte de la presión tras pérdida

La propuesta de Cesc no acaba cuando su equipo pierde el control del esférico. El Como trata de recuperarlo cuanto antes, especialmente en campo contrario y con el claro objetivo de evitar una salida cómoda del adversario. La intensidad de esa presión queda reflejada en otro dato aportado por Opta. Durante la pasada campaña, los italianos registraron un PPDA de 7,8, el valor más bajo entre las cinco grandes ligas europeas en el momento del análisis. Una estadística que mide cuántos pases permite un equipo a su rival antes de realizar una acción defensiva. O lo que es lo mismo, un indicador óptimo para estudiar la agresividad de la presión.

He aquí un dilema adyacente. Correr mucho tras el balón no garantiza una buena defensa. La distinción es la organización de esos esfuerzos y el lugar hacia el que se intenta conducir al adversario. Sin posesión, la máquina de Fàbregas suele recurrir a una estructura de 4-4-2. El mediapunta adelanta su posición para acompañar al delantero, mientras que la distancia entre sus centrocampistas se reduce considerablemente. La idea pasa por dificultar las conexiones interiores y empujar la salida del balón hacia uno de los costados para ahogarlos.

Cuando la pelota llega al lateral, la trampa se activa. El extremo presiona al poseedor de la pelota, el lateral acompasa el movimiento y los compañeros cercanos tratan de cerrar las opciones de pase. La línea de banda limita las salidas del rival y facilita que varios futbolistas puedan intervenir en un espacio reducido, traduciéndose en una recuperación en zona privilegiada que permite atacar con buena parte del equipo adversario en desorganización. Así, el balón puede aterrizar en el área tras una combinación corta, sin necesidad de iniciar la ofensiva desde campo propio.

Como todo en la vida, la táctica cuenta con inconvenientes. Una presión bajo una mala coordinación o lectura de los jugadores abre espacios entre líneas y obliga a los centrales a defender a campo abierto. Si uno de los futbolistas no acompasa la sintonía del resto, se abre una fuga que compromete a toda la estructura. Cesc asume el riesgo porque busca que los partidos transcurran lejos de su portería. Apuesta por dificultar la elaboración contraria y recuperar en posiciones avanzadas antes que confiar en un bloque bajo.

Un entrenador sin ataduras estilísticas

La evolución del Fàbregas entrenador se antoja interesante porque ha implementado un abanico de soluciones sin renunciar a una idea común. La posesión sirve como mecanismo de control en determinados momentos del partido, pero el equipo no está secuestrado por cadenas de pases inacabables cuando aparece la oportunidad de superar una defensa con tan solo tres movimientos. La virtud está en reconocer cuándo necesita atraer al rival y cuándo conviene pisar el acelerador. Los centrales pueden buscar a los mediocentros para superar la primera línea de presión, mientras, fuera de foco, las piezas ofensivas preparan sus maniobras a la espalda de una defensa más adelantada de lo normal.

En la temporada 2024/2025, el conjunto italiano acabó la temporada en la Serie A como uno de los equipos que más pases en profundidad realizaba por partido. Destacó asimismo en acciones de progresión a través del pase. Dos registros que explican que tener la pelota no supone renunciar a la verticalidad. Esos movimientos de la línea ofensiva permiten alternar las dos necesidades. Cuando los extremos se aproximan al centro, los laterales ocupan las bandas. Si los exteriores permanecen pegados a los costados, el mediapunta goza de mayor amplitud para recibir entre líneas. Combinaciones que, a la postre, dependen de la coordinación y la capacidad de lectura de situaciones por parte de los futbolistas.

Hay mucho - quizás demasiado - del Fàbregas futbolista en el Cesc entrenador. Durante su estancia en Londres, aprendió a acelerar las jugadas desde el pase. En su regreso a Barcelona, coexistió con un modelo que demandaba una lectura posicional constante. En el Chelsea, por su parte, encontró situaciones en las que debía complementar el control de la pelota con la búsqueda de compañeros que atacaban la profundidad.

Esa mezcolanza no es un compendio de sus antiguos equipos. El catalán trabaja con una plantilla muy diferente y su éxito reside en adaptar sus principios a las características de sus futbolistas. La influencia de su carrera se traduce en la importancia que concede al pase, los apoyos y el momento preciso en el que una decisión cambia el devenir de una jugada.

Este libreto tampoco elimina las debilidades de su propuesta. Cuando el adversario impide la circulación por el interior, necesita otras alternativas para el avance. La acumulación de futbolistas en esas zonas puede dejar espacios vulnerables tras una pérdida, mientras que la presión exige una coordinación que no siempre es fácil de mantener durante los 90 minutos. Son dificultades propias de un equipo que no renuncia a la iniciativa, sino que se funde en uno con ella. La línea entre una presión eficaz y una defensa expuesta es ínfima, sobre todo cuando el contrario dispone de argumentos para superar la primera línea.

La goleada ante el Lens es la sublimación de un libreto que Fàbregas ha ido amasando durante años. No demuestra que todas sus decisiones sean acertadas o que su sistema pueda replicarse ante cualquier adversario, pero sí permite apreciar ese trabajo acumulado en torno a una propuesta reconocible. El miércoles, todo pareció suceder a una velocidad imposible para el rival. Nueve goles, un triplete de Douvikas y una de las mayores palizas de la historia de la Champions han colocado al Como en el foco de la conversación europea.

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Etiquetas Fútbol