La retirada del apoyo de Nueva Zelanda al presidente de la FIFA muestra que la crisis abierta por el intento de incorporar capital privado al negocio del Mundial ya ha llegado al terreno que más importa a Gianni Infantino: los votos. Pero también demuestra que su caída está lejos de ser inevitable. Mientras algunas federaciones rompen públicamente con el dirigente suizo, otras cierran filas en torno a él. Y en una organización donde cada una de las 211 asociaciones miembro dispone de un voto, contar países resulta bastante más útil que contar titulares.
New Zealand Football (NZF) anunció este viernes que retiraba su respaldo a la reelección de Infantino y reclamaba una investigación independiente sobre el proyecto, finalmente abandonado, con el que FIFA pretendía abrir a inversores privados una parte de los derechos comerciales de sus competiciones. La federación neozelandesa explicó a Reuters que había perdido confianza en el liderazgo de la organización y que no consideraba suficiente una revisión puramente interna.
La decisión llega cuando Infantino prepara las elecciones presidenciales previstas para el 17 de marzo de 2027, en el Congreso de FIFA que se celebrará en Marruecos. Su candidatura tendrá enfrente una crisis institucional inédita durante buena parte de sus diez años de presidencia, pero no necesariamente una mayoría dispuesta a expulsarlo.
Una crisis de 4.200 millones de dólares
El origen inmediato del conflicto está en el proyecto denominado FIFA Forward Enterprise. Infantino había planteado separar parte del negocio comercial asociado al Mundial y otras competiciones y permitir la entrada de inversores privados mediante la venta de un 20%, una operación con la que se pretendían captar alrededor de 4.200 millones de dólares.
La propuesta provocó una reacción especialmente dura de tres confederaciones: UEFA, la Confederación Asiática de Fútbol (AFC) y Concacaf, que agrupa a Norteamérica, Centroamérica y el Caribe. Las tres cuestionaron el procedimiento, la falta de consulta y el modelo de gobernanza empleado para impulsar una operación capaz de modificar durante años la explotación comercial de las principales competiciones de FIFA. El organismo terminó retirando el proyecto y posteriormente pidió disculpas a sus 211 federaciones miembro por errores en su gestión.
Había además un elemento especialmente sensible para entender las relaciones internas de FIFA. La propuesta incluía una subvención de 20 millones de dólares para cada asociación miembro durante el siguiente ciclo de financiación, una cantidad que podía duplicarse para quienes respaldaran el acuerdo, según Reuters.
Ese dato ayuda a explicar por qué la discusión no se limita a una discrepancia técnica sobre derechos comerciales. Para muchas federaciones nacionales, especialmente aquellas con mercados audiovisuales pequeños y escasa capacidad propia de generar recursos, las transferencias de FIFA constituyen una pieza relevante de su financiación.
La cuestión es también institucional: ¿hasta qué punto puede el presidente de una organización mundial utilizar su capacidad de distribución económica mientras busca apoyos entre quienes posteriormente decidirán su continuidad? Esa es una de las preguntas de gobernanza que ha dejado abierta la crisis, independientemente de que el proyecto empresarial haya sido retirado.
211 países, 211 votos
La estructura electoral de FIFA introduce una particularidad decisiva. España tiene un voto. Alemania tiene uno. Brasil tiene uno. También lo tienen Burundi, Mauritania, Fiji o Liechtenstein. El tamaño de la economía, la población, la audiencia televisiva o el peso futbolístico de cada país no modifican formalmente el valor de su papeleta.
FIFA reúne 211 asociaciones nacionales y, si en marzo concurren solo dos candidatos, hacen falta 106 votos para alcanzar la mayoría simple. Si hay tres o más aspirantes, la primera ronda exige una mayoría de dos tercios, 141 votos. Los posibles rivales de Infantino deben presentar su candidatura antes del 18 de noviembre de 2026.
Esta aritmética ayuda a interpretar con cautela uno de los datos más llamativos de la actual crisis. UEFA, AFC y Concacaf representan juntas a 136 de las 211 federaciones. Sobre el papel, sería una coalición suficiente para decidir unas elecciones a dos candidatos. Pero las confederaciones no depositan el voto presidencial: lo hacen individualmente sus asociaciones nacionales.
Y la disciplina de bloque está lejos de estar garantizada.
El jueves, los responsables de las federaciones de Qatar, Egipto, Líbano, Marruecos, Sudán y Mauritania firmaron una declaración conjunta de apoyo a Infantino. Cuatro de esos seis dirigentes forman además parte del Consejo de FIFA, uno de los principales órganos de gobierno de la institución. Algunas de esas federaciones pertenecen precisamente a la AFC, una de las confederaciones enfrentadas al presidente.
La paradoja resume bien cómo funciona el poder interno del fútbol mundial: una confederación puede enfrentarse a FIFA mientras algunas de sus propias federaciones respaldan al presidente que esa confederación cuestiona.
África no es un bloque, aunque sus 54 votos importan
El otro gran terreno de la batalla es África. La Confederación Africana de Fútbol (CAF) ha expresado su apoyo a Infantino y su comité ejecutivo lo ha respaldado. Pero interpretar esa declaración como 54 votos asegurados sería ignorar la historia electoral del continente.
En 1998, CAF había acordado apoyar al sueco Lennart Johansson, pero numerosas asociaciones africanas terminaron contribuyendo a la victoria de Sepp Blatter. Cuatro años después ocurrió algo parecido cuando el propio presidente africano Issa Hayatou desafió a Blatter: numerosos países del continente no siguieron al candidato promovido desde su confederación.
También fue importante África en la primera elección de Infantino, en 2016. CAF apoyaba oficialmente al bareiní Sheikh Salman Bin Ibrahim Al Khalifa, pero suficientes federaciones africanas rompieron aquella disciplina para ayudar al dirigente suizo a imponerse en segunda vuelta. En 2018, once países africanos tampoco siguieron la recomendación continental de apoyar a Marruecos como sede del Mundial de 2026 y votaron por la candidatura conjunta de Estados Unidos, México y Canadá.
Por eso, el respaldo actual de CAF ofrece una ventaja política a Infantino, pero no un cheque en blanco.
Hay razones materiales que permiten entender su buena posición en numerosos países africanos. Varios dirigentes consultados por Reuters destacan el aumento de las ayudas económicas de FIFA durante la presidencia de Infantino y el incremento de inversiones en infraestructuras y programas de desarrollo en países con menos capacidad financiera.
El presidente de CAF, Patrice Motsepe, ha defendido además que sean las propias asociaciones miembro quienes decidan el futuro de Infantino en las urnas de 2027, en lugar de resolver la crisis mediante su salida anticipada.
Eso permite distinguir dos debates que a menudo aparecen mezclados: el juicio sobre cómo se gestionó el proyecto de inversión privada y la valoración general que cada federación hace de una década de presidencia.
La elección ha empezado antes de que haya rival
Infantino llegó a FIFA en 2016, después de la crisis que terminó con la presidencia de Sepp Blatter. Después fue reelegido sin oposición en 2019 y 2023. Ahora pretende continuar al frente de la organización y todavía no existe un candidato alternativo capaz de convertir el descontento institucional en una mayoría electoral. Ahí está una de sus principales fortalezas.
Retirar un respaldo es relativamente sencillo; construir una candidatura común entre federaciones europeas, asiáticas, americanas, africanas y oceánicas resulta mucho más complicado. Los intereses económicos y deportivos de cada región no son idénticos y las posiciones de las confederaciones no obligan a las asociaciones nacionales.
Nueva Zelanda e Irlanda han retirado apoyos. UEFA, AFC y Concacaf han elevado extraordinariamente el tono. Oceania ha pedido que la revisión sirva para introducir los cambios que sean necesarios, aunque al mismo tiempo ha reconocido el desarrollo experimentado en su región durante la actual presidencia. CAF mantiene su respaldo, al igual que CONMEBOL, mientras varias federaciones árabes han decidido convertir el suyo en una declaración pública.
Por ahora, por tanto, no existe un veredicto. Existe un mapa en movimiento.
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