La Liga F vuelve a encontrarse con un viejo problema en el peor momento posible: la televisión no está pagando lo que la competición esperaba. La primera ronda para adjudicar los derechos audiovisuales de las próximas temporadas terminó sin ofertas que alcanzaran los precios de reserva fijados por la competición. El lote principal para España tenía un precio mínimo de cinco millones de euros por temporada y el segundo, de dos millones. Al no alcanzarse esas cantidades, Liga F abrió una segunda ronda de negociación cuyo plazo termina este 19 de agosto.

El calendario aprieta. La temporada 2026/27 comienza a finales de agosto y la competición todavía no tiene asegurado quién emitirá sus partidos. La situación llega después de la ruptura anticipada del acuerdo con DAZN, que había adquirido los derechos en 2022 para cinco temporadas por 35 millones de euros. La compañía decidió abandonar el contrato un año antes de lo previsto y obligó a Liga F a regresar al mercado en busca de un comprador.

El problema no es solo cuánto vale, sino quién está dispuesto a pagarlo

Aquí aparece la cuestión que interesa realmente. Que nadie haya alcanzado el precio mínimo no significa automáticamente que nadie quiera el fútbol femenino. Significa que el mercado no está valorando sus derechos al nivel que Liga F considera necesario.

Y son dos cosas diferentes.

La competición ha construido en los últimos años un discurso de crecimiento. Hay más profesionalización, mejores estadios, mayores salarios, más inversión de los grandes clubes y una exposición internacional que hace una década parecía imposible. La propia Liga F asegura que la temporada 2025/26 terminó con un 11,2% más de audiencia y 7,5 millones de espectadores acumulados, mientras el Real Madrid-Barcelona alcanzó 685.335 espectadores, récord histórico de la competición.

El problema es que una cosa es tener audiencia y otra convertirla en un producto televisivo suficientemente atractivo para que un operador pague millones por explotarlo. Los datos de consumo tienen que traducirse en abonados, publicidad, permanencia delante de la pantalla, interés por los partidos que no protagonizan Real Madrid o Barcelona y, sobre todo, una previsión de rentabilidad.

El fútbol femenino ha crecido, pero la televisión no crece al mismo ritmo

La paradoja es evidente. Mientras el fútbol femenino español intenta consolidarse como producto profesional, su principal escaparate comercial vuelve a estar en cuestión.

La situación recuerda además a un problema que afecta a buena parte del deporte femenino: el crecimiento de la audiencia no siempre se traduce automáticamente en ingresos audiovisuales. Hay más personas interesadas, pero todavía existe una diferencia enorme respecto al fútbol masculino en consumo, inversión publicitaria y capacidad de generar suscripciones.

Por eso la televisión en abierto se ha convertido en una pieza importante. Liga F incorporó durante la pasada temporada partidos en RTVE y TV3/3Cat y aseguró que ese nuevo modelo había provocado un crecimiento progresivo de la audiencia.

Pero el abierto tiene una contradicción: permite llegar a más gente y construir afición, pero puede resultar menos atractivo económicamente para quien compra los derechos que un modelo basado en suscripciones. El fútbol femenino español necesita audiencia para crecer y dinero para profesionalizarse, pero ambas cosas no siempre avanzan juntas.

¿Es demasiado caro o todavía no interesa lo suficiente?

La discusión se ha planteado en términos muy duros desde algunos sectores: si ninguna televisión quiere pagar el precio establecido, quizá el producto no vale lo que se pretende cobrar por él.

Pero esa conclusión también merece matices. Un derecho audiovisual no tiene un valor objetivo. Vale lo que un operador considera que puede recuperar mediante abonados, publicidad, audiencia y estrategia comercial. Cinco millones pueden ser una cantidad pequeña para una gran plataforma si el contenido sirve para captar cientos de miles de clientes y, al mismo tiempo, pueden ser una cifra demasiado elevada si el operador entiende que tendrá que asumir pérdidas.

La pregunta para Liga F es, por tanto, mucho más complicada que encontrar simplemente un comprador. Tiene que demostrar que existe un público dispuesto a consumir regularmente la competición, no solo determinados partidos.

Porque llenar un estadio, conseguir un récord de audiencia con un Clásico o generar millones de visualizaciones en redes no garantiza que alguien quiera pagar cada semana por un paquete de partidos.

El riesgo de volver al punto de partida

La situación es especialmente delicada porque los derechos audiovisuales son una de las principales fuentes de ingresos de cualquier competición profesional. Una adjudicación por debajo de las expectativas afectaría directamente a los clubes y a la capacidad de seguir aumentando la inversión en estructuras, salarios y producción audiovisual.

Pero tampoco parece una solución sencilla forzar una valoración artificial del producto y correr el riesgo de quedarse sin televisión.

La segunda ronda puede desbloquear el problema. Las ofertas podrán presentarse hasta el 19 de agosto y ese mismo día está previsto que se evalúen y se adjudiquen provisionalmente los derechos.

Súmate a

Apoya nuestro trabajo. Navega sin publicidad. Entra a todos los contenidos.

hazte socio

Añadir ElPlural.com como fuente preferida de Google.

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora