Un inicio inmejorable de temporada no siempre es síntoma de una excelente salud deportiva. No al menos en el apartado social. Es precisamente lo que está sucediendo en un histórico de Italia como la Lazio. La entidad romana ha arrancado la liga con una hemorragia de buenos resultados que incluso le valió incluso para situarse al frente de la Serie A de manera provisional. Un rendimiento sobre el césped que no se traduce en la grada. Los resultados no han servido para recomponer la relación entre club y una parte de su afición, que no entierra el hacha de guerra contra la gestión del presidente y propietario, Claudio Lotito.

La brecha es tan profunda que ni la ilusión deportiva es capaz de cicatrizarla. La sangría es clarificadora en los datos de abonados. Si bien la temporada pasada las Águilas sumaban un total de 30.000 fieles, esa cifra se ha desplomado por debajo de los 4.500 – según cifras de Calcio e Finanza recogidas por The Guardian -; lo que se traduce en una caída que ronda el 85% y que tiene su explicación en el boicot de varios sectores de la afición, que llevan meses reclamando cambios profundos en la arquitectura directiva del club.

El contraste fue cristalino este pasado sábado, cuando el elenco de Gennaro Gattuso recibió al Milan tras haber ganados sus primeros tres partidos del campeonato nacional. El encuentro acabó un 2-2 en el marcador, después de que los locales desperdiciaran una ventaja de dos goles. La diferencia más sangrante, sin embargo, estuvo en la grada. Un año antes, en el mismo partido, unas 50.000 personas arroparon a su equipo en el Olímpico. Esa cifra se redujo a menos de la mitad, allanando la victoria de la afición rossonera al menos en las butacas. 

Contra la propiedad

El mensaje del pueblo es cristalino, dando otro paso más en su oposición a la actual propiedad del club y clarificando que su boicot nada tiene que ver ni con Gattuso ni con los jugadores. Antes del encuentro frente al Milan, centenares de seguidores se concentraron junto al centro de entrenamiento de Formello y acompañaron en motos y scooters al autobús del equipo hasta los aledaños del estadio Olímpico.

La protesta concluyó en las inmediaciones del feudo romano. Previamente, diversos sectores de la afición anunciaron que regresarían a casa o acudirían a bares para seguir el encuentro por televisión. “La protesta continúa, como continúa nuestro apoyo al equipo y al entrenador lejos del Olímpico”, señalaron en un comunicado recogido por el diario italiano Corriere dello Sport.

El boicot tampoco nace, por tanto, como respuesta inmediata al último mercado de traspasos ni a los resultados del equipo, que prácticamente son inmejorables para una entidad como la Lazio. Y es que en el mes de junio, varios grupos de aficionados anunciaron que no renovarían sus abonos y evitarían su asistencia a los encuentros como locales mientras continuasen los enfrentamientos contra la propiedad. Su intención era mantener el apoyo en los desplazamientos y así separar el respaldo deportivo del dinero y la imagen asociados a la gestión de Lotito.

El conflicto, sin embargo, tiene unas raíces más profundas. A comienzos de este 2026, aficionados del cuadro romano se movilizaron en redes y lanzaron campañas de recogida de firmas contra el propietario de la entidad, al que acusaban de haber distanciado al club de buena parte de su afición. La iniciativa superó los 45.000 apoyos y la fractura se ensanchaba cada vez más. A ello se le suman las disputas relacionadas con símbolos y episodios históricos del club, además de un reguero de críticas a la política deportiva de la Lazio, en manos de Lotito desde 2004.

El fútbol no frena el cisma social

Las tensiones no se rompen con facilidad. Ni siquiera un inicio de temporada de ensueño atempera los ánimos en Roma. La Lazio ha ganado sus tres primeros partidos y ha sumado un punto ante el Milán en la última jornada del campeonato liguero. 10 puntos de 12 posibles que le auparon hasta el liderato provisional de la Serie A, hasta que Inter de Milán y Roma ganaron sus respectivos encuentros del lunes, manteniéndose en las dos primeras posiciones con cuatro victorias en su casillero.

El director deportivo romano Angelo Fabianni había pedido recientemente a los aficionados que reconsiderasen su postura en  un intento por aliviar la tensión con la directiva. Los seguidores de la Lazio, sin embargo, respondieron que mantendrían el boicot a la cúpula mientras no perciban cambios por su parte. De modo que el gran arranque deportivo de los chicos de Gattuso no ha hecho mella en su posicionamiento. Esto hace que la consecuencia sea visible en cada partido en el Olímpico. Miles de seguidores alientan a su equipo, pero lejos de sus asientos en el estadio. Un efecto que el técnico biancocelesti resumió a modo de toque de atención en la rueda de prensa posterior al choque frente al Milan: “No es fútbol sin los aficionados”.

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