Lo que significa comprar un equipo deportivo a cambiado considerablemente con el paso del tiempo. Este miércoles se ha confirmado la venta de los Lakers, por segunda vez en menos de un año. Mark Walter la compró hace unos meses por una cifra en torno a los 10.000 millones de dólares y ahora recupera la inversión y gana 2.500 millones más.

Esto no es una simple venta de un club. No está comprando los servicios de Luka Doncic, Austin Reaves o Walker Kessler, eso interesa para lo que es realmente importante: entradas, camisetas, merchandising y los derechos de uno de los estadios más rentables del mundo

La compra de una marca mundial

Los Angeles Lakers es sin duda una de las marcas deportivas más reconocibles a nivel mundial. Sus 17 anillos, estrellas y estilo de juego han creado una marca reconocible para aquellos que no les gusta el baloncesto. Jugadores como Kobe Bryant, Shaquille O'Neal, el Showtime de Kareem o Magic o los anillos de Gasol junto a la 'Mamba Negra' hicieron que muchas personas se aficionaran a la NBA y eso vas más allá de los millones de una compra.

Lo que se compra no son jugadores, sino toda una infraestructura que traspasa fronteras. Se compra Los Ángeles, el Staples Center, ahora Crypto.com Arena, las camisetas, los patrocinios, los derechos comerciales y, sobre todo, una historia que lleva décadas construyéndose. Jerry Buss compró los Lakers en 1979 dentro de una operación de 67,5 millones de dólares. En 2025, la franquicia fue valorada en unos 10.000 millones y ahora aparece vinculada a una operación que elevaría su precio hasta los 12.500 millones.

La cifra puede parecer absurda hasta que se entiende qué hay realmente detrás. Nadie está pagando 12.500 millones por los jugadores que estén en la plantilla en 2026. Los jugadores cambian, los entrenadores cambian, las camisetas cambian y las temporadas empiezan y terminan. Lo que permanece es el escudo. Es la capacidad de que alguien en Madrid, Tokio o Buenos Aires reconozca inmediatamente el amarillo y el morado y sepa exactamente qué representa.

Por eso la comparación con un bitcoin no es tan descabellada. El producto deportivo cambia cada temporada, pero el activo sigue acumulando valor. Hay una cantidad limitada de franquicias capaces de generar ese nivel de reconocimiento mundial y los Lakers son una de ellas. Quien compra una parte de la franquicia no está adquiriendo únicamente una participación en un negocio deportivo: está entrando en una propiedad cultural con una audiencia global, una capacidad comercial gigantesca y una nostalgia que no se puede fabricar de un día para otro.

Bob Iger compra la única franquicia de entretenimiento que le faltaba

El protagonista de esta compra es Bob Iger. Para la mayoría será un mero empresario con aires de presidente de equipo que ha tenido el capricho y se ha comprado el equipo, pero esto tiene un impacto cultural más grande lo que se ve a simple vista. Iger dirigió durante muchos años Disney y fue el supervisor de una marca que vive gracias a Marvel, Fox, Star Wars o ESPN. Ahora compra la única franquicia que le faltaba, y aunque parezca que no tienen nada que ver, si lo ves desde un punto de vista narrativo, la cosa cambia.

Si hay algo que caracteriza a la NBA, son las narrativas: Haliburton y sus Pacers cargándose a sus rivales a base de épica, Wemby contra Shai o la rivalidad Lebron Curry... la NBA necesita que cada temporada tenga una historia que contar. Y pocas franquicias tienen un catálogo narrativo tan amplio como los Lakers. En el caso del conjunto de Los Ángeles, ha vivido varias etapas que serían dignas de una saga de películas: El Showtime de Magic Johnson junto al gancho de Kareem Abdul-Jabbar y su dura rivalidad con los Celtics de Bird y compañía, El enemistad entre Shaquille y Kobe ganando tres anillos y su posterior ruptura por la mala relación entre ambos gallos, también lo contrario con Gasol y la Mamba como protagonistas, ganando dos anillos, la era de Lebron y el último anillo de la franquicia y ahora la etapa de Doncic en el equipo.

¿Cuántas narrativas ha habido a lo largo de su existencia?, infinitas. Incluso se puede hacer la comparación con Marvel. Los jugadores cambian, las épocas terminan y las estrellas se marchan, pero el universo Lakers permanece. Y eso es precisamente lo que Iger sabe hacer mejor que casi nadie: convertir personajes diferentes en capítulos de una historia que nunca termina.

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