El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, volvió a convertir un acto institucional en una escena de enorme incomodidad. El dirigente suizo aprovechó el 76.º Congreso de la FIFA, celebrado en Vancouver, para confirmar su intención de presentarse a la reelección el próximo año, pero el anuncio quedó eclipsado por un gesto tan calculado como fallido: su intento de provocar un apretón de manos entre representantes del fútbol palestino e israelí.
El episodio se produjo en el tramo final del congreso, cuando Infantino llamó al escenario al presidente de la Federación Palestina de Fútbol, Jibril Rajoub, y al vicepresidente de la Federación Israelí de Fútbol, Basim Sheikh Suliman. La intención parecía clara: fabricar una imagen de entendimiento en mitad de un contexto político y humanitario especialmente delicado. Sin embargo, la escena se torció en cuestión de segundos.
Rajoub se negó a situarse junto al representante israelí, evitó el contacto y terminó abandonando el escenario. Las imágenes muestran a Infantino intentando sostener la situación, pese a la evidente incomodidad de los presentes y al rechazo del delegado palestino a participar en una fotografía que no estaba dispuesto a conceder.
Momento forzado
El intento de Infantino no pasó inadvertido. Según informó The Guardian, varias fuentes presentes en la sala interpretaron que el presidente de la FIFA buscaba organizar una sesión fotográfica antes de anunciar su candidatura a un nuevo mandato. La maniobra, lejos de reforzar su perfil diplomático, dejó al descubierto los límites de una estrategia basada en los símbolos y las imágenes.
El gesto resultó especialmente forzado porque la tensión entre ambas federaciones no es nueva ni menor. La Federación Palestina ha reclamado en varias ocasiones que la FIFA actúe contra Israel por la presencia de clubes vinculados a asentamientos en Cisjordania. En ese contexto, tratar de reducir el conflicto a un apretón de manos en un escenario internacional terminó generando el efecto contrario al buscado.
Infantino intentó mantener el tono conciliador, pero el momento ya había quedado marcado por el desplante. El presidente de la FIFA quiso proyectar una imagen de unidad, mientras el representante palestino rechazaba formar parte de una escenificación que consideraba inasumible.
La reelección, en segundo plano
Tras el episodio, Infantino confirmó su intención de presentarse a un nuevo mandato completo al frente de la FIFA. Era un anuncio esperado en el mundo del fútbol, pero el contexto en el que se produjo lo relegó a un segundo plano. La escena entre Rajoub y Suliman se impuso al mensaje institucional del presidente.
El dirigente suizo llegó a la presidencia de la FIFA en 2016, tras la caída de Joseph Blatter y en pleno intento de reconstrucción reputacional del organismo. Desde entonces, ha consolidado un poder interno difícil de discutir y ha sido reelegido sin grandes obstáculos. Ahora busca prolongar una etapa marcada por la expansión comercial del fútbol global, el aumento de torneos y una gestión cada vez más personalista.
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