La guerra por el poder del fútbol está en marcha. Los bandos están definiéndose poco a poco y las piezas se predisponen a ocupar su lugar en el campo de batalla. La FIFA ya ha blindado a su presidente después de la rebelión de UEFA y de otras federaciones que tumbó el plan para privatizar la Copa del Mundo. En apenas unos días, Gianni Infantino ha pasado de prepararse para otra reelección aparentemente cómoda a tener la espada de Damocles sobre su pescuezo. El organismo que dirige por el momento el italo-suizo ha salido en defensa de su jefe, denunciando una campaña orquestada para socavar a tanto a la institución como a su máximo responsable.

El movimiento de FIFA refleja con precisión quirúrgica hasta qué punto ha cambiado el escenario para un Infantino que ya confirmaba en mayo su concurrencia a las próximas elecciones de 2027, ante las 211 asociaciones que integran el organismo. Hasta hace apenas unas semanas, sin embargo, el dirigente no tenía ningún rival declarado y se presentaba como claro favorito para prolongar un mandato iniciado en 2016.

El intento de privatización del Mundial de Fútbol, no obstante, ha agitado el avispero en los despachos del fútbol. El contexto es diametralmente opuesto. Y es que el proyecto que pretendía captar unos 4.200 millones de dólares canalizados por la entrada de capital privado a una nueva estructura comercial vinculada a derechos de competiciones FIFA fue la chispa que pretendió la llama de la rebelión interna. La iniciativa acabó retirándose después de provocar una fuerte contestación interna, que contempló incluso la amenaza de los países UEFA de no participar en la próxima Copa del Mundo de 2030. Fractura irreparable que también se expandió a otras asociaciones otrora bajo control de Infantino.

FIFA como escudo de Infantino

Las consecuencias políticas ya son visibles. Serbia, Suecia y Gales ya han retirado públicamente su apoyo a la reelección de Infantino. Sus federaciones cuestionan la transparencia y gobernanza de FIFA, en consonancia con la narrativa que instauró UEFA tras la presentación del proyecto, situándolo como uno de los episodios que han erosionado su confianza en el presidente. Fuentes consultadas por Reuters, además, señalan que la Federación Inglesa (FA por sus siglas en inglés) estudia seguir un idéntico camino.

El problema para Infantino no se limita a estos tres o cuatro votos. UEFA ha endurecido su oposición y mantiene viva la amenaza de boicotear futuras competiciones FIFA, al entender que la retirada del proyecto es insuficiente. En los pasillos de la confederación europea se habla abiertamente incluso de la necesidad de que el próximo presidente del organismo actúe como “custodio del deporte” y aplique una reforma profunda de la gobernanza del fútbol mundial que no se limite a un par de capas de pintura.

Fruto de este contexto, FIFA ha movido ficha con un comunicado emitido este pasado fin de semana. Una nota de prensa que trasciende las barreras de una mera defensa institucional. El organismo rector asegura que todos los ataques a su presidente no son sino parte de una campaña orquestada que difunde afirmaciones “sin fundamento” y falsas acusaciones contra el italo-suizo. En consecuencia, una conspiración para debilitar su liderazgo y a la que se ha respondido desde Zúrich con un escrito que refrenda e incluso expande el historial de Infantino al frente de la FIFA.

Esta pequeña desbandada no implica que el presidente de la FIFA esté aislado. Lejos de las fronteras europeas, Infantino conserva algún que otro amigo importante. Al menos hasta la fecha. Sin ir más lejos, la Confederación Africana de Fútbol (CAF), con Marruecos a la cabeza, respaldó de manera uniforme su candidatura. Además, sus dirigentes subrayaron la relación mantenida con FIFA durante su mandato. Este apoyo no es baladí, dado que África cuenta con 54 de las 211 asociaciones miembro. Un bloque considerado de enorme importancia para cualquier elección presidencial.

También mantiene apoyos en Sudamérica y otros territorios, lo que explicaría por qué la rebelión de Aleksander Čeferin no equivaldría a una derrota necesariamente. El sistema electoral de FIFA concede el mismo peso a cada federación nacional, independientemente de su tamaño o potencia deportiva. Infantino ya ha reivindicado precisamente ese principio como uno de los pilares de su presidencia: “211 miembros y todos iguales”. Parte de su poder, de hecho, reside en esas asociaciones más pequeñas tanto de África como del Caribe.

Una reelección que ya no parece un trámite

La crisis ha abierto además un debate que hasta hace poco apenas existía: quién podría suceder a Infantino. Entre los nombres que empiezan a aparecer figuran el presidente de UEFA, Čeferin; el máximo responsable de CONCACAF, Victor Montagliani; la dirigente noruega Lise Klaveness; el presidente de la AFC, Salman bin Ibrahim Al Khalifa; o incluso Nasser Al-Khelaifi. Por ahora ninguno ha formalizado una candidatura, pero el simple hecho de que existan alternativas en circulación muestra cuánto ha cambiado el panorama.

Infantino todavía conserva tiempo, estructura y numerosos aliados. Pero la imagen de invulnerabilidad que le acompañó durante buena parte de su década al frente de FIFA se ha deteriorado con rapidez.

De ahí que el comunicado de este sábado pueda leerse como una señal de fortaleza institucional, pero también como síntoma de una presidencia obligada por primera vez en mucho tiempo a defenderse. Infantino sigue dentro de la fortaleza, aunque las grietas empiezan a verse desde fuera.

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