La selección española de rugby 7 no logró avanzar a las semifinales en la primera etapa de las HSBC SVNS Series que se celebra en Dubái. El equipo terminó último del Grupo B, tras acumular tres derrotas seguidas ante rivales exigentes.

El debut fue ante Australia Sevens, con un marcador de 7-14 que, por momentos, mantuvo esperanzas tras un inicio prometedor. A continuación, la derrota ante Great Britain Sevens (10-14) se selló por errores en las conversiones, y finalmente el golpe final lo dio New Zealand Sevens, que se impuso con contundencia por 7-24.

El nuevo formato del torneo (ocho selecciones por grupo y solo dos plazas por grupo para semifinales)ha elevado drásticamente la exigencia. Para España, subcampeón mundial la pasada temporada, este inicio supone un duro golpe a sus expectativas.

Partido a partido: frustración y errores

El choque ante Australia empezó con ilusión. España mostró intensidad, logró un ensayo de mérito tras una brillante acción individual, y parecía encarrilar un resultado positivo. Sin embargo, en el tramo final el rival igualó y terminó decantando el marcador tras una jugada polémica en la que el oval se deslizó antes de tocar el suelo, anulando lo que habría sido un empate. El nerviosismo de la última posesión resultó letal.

Frente a Gran Bretaña, la igualdad reinó durante gran parte del encuentro. España tuvo chances de empatar o ganar, pero fallos en las transformaciones y una pérdida clave en la última posesión impidieron la remontada. Esa derrota apretada empezó a pesar.

El tercer partido, ante Nueva Zelanda, evidenció las carencias ofensivas del equipo. A pesar de que España logró anotar primero, los All Blacks del seven demostraron su superioridad física y táctica: rompieron la defensa española y sumaron varios ensayos rápidos, dejando clara su superioridad. España nunca logró encontrar ritmo ofensivo y terminó muy superada.

El principal problema detectado en Dubái ha sido la falta de efectividad ofensiva. España ha demostrado solidez defensiva en algunas fases, pero la incapacidad para traducir posesiones en puntos ha sido clave en su desplome. Esa carencia quedó más evidente tras el partido contra Nueva Zelanda.

También pesa la versión más ligera del equipo: rotaciones, alguna baja puntual y la presión de empezar como subcampeones del mundo podrían estar afectando al rendimiento. La adaptación al nuevo formato puede haber alterado el enfoque estratégico.

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