España volvió a demostrar que hoy es la gran referencia europea en gimnasia rítmica de conjuntos. El equipo formado por Inés Bergua, Andrea Corral, Andrea Fernández, Salma Solaun, Marina Cortelles y Lucía Muñoz conquistó el oro en el concurso completo del Campeonato de Europa de Varna con 57,650 puntos, revalidando el título logrado el año pasado en Tallin. Pero la ambición española no se quedó ahí: en las finales por aparatos, el conjunto sumó otros dos oros y repitió el triplete continental por segundo año consecutivo.

España no solo gana: domina

La victoria en el concurso completo fue contundente. España terminó con 57,650 puntos, muy por delante de Rusia, plata con 53,450, e Israel, bronce con 53,350. La diferencia de más de cuatro puntos con sus principales rivales reflejó una superioridad poco habitual en una final continental de máximo nivel.

El triunfo tuvo además un valor simbólico añadido por el contexto competitivo. España no ganó en un Europeo menor ni en una cita sin grandes potencias. Lo hizo en Varna, ante rivales de enorme tradición, incluido el regreso de Rusia y Bielorrusia a la competición internacional. La selección española respondió con precisión, dificultad, limpieza y una confianza propia de un equipo que ya sabe competir como favorito.

Dos ejercicios, dos mundos y la misma excelencia

Una de las claves del éxito español está en la variedad de sus propuestas. En el ejercicio de cinco pelotas, el conjunto apostó por una coreografía de gran carga emocional con la canción “313”, de Residente junto a Silvia Pérez Cruz y Penélope Cruz. Fue una rutina intensa, elegante y muy expresiva, construida alrededor del paso del tiempo y ejecutada con una precisión que convenció a jueces y público.

En el ejercicio mixto, con tres aros y dos pares de mazas, España cambió completamente de registro y presentó una propuesta mucho más festiva, inspirada en un crucero caribeño. Esa capacidad para pasar de la emoción contenida a la energía más luminosa sin perder dificultad ni coordinación explica el momento del equipo. No se trata solo de hacer ejercicios limpios: se trata de contar algo distinto en cada montaje y hacerlo al máximo nivel.

Oro en cinco pelotas y otro golpe de autoridad

El domingo llegó una nueva confirmación. España se colgó el oro en la final de cinco pelotas con otro ejercicio de enorme nivel. El equipo integrado por Inés Bergua, Andrea Corral, Andrea Fernández, Lucía Muñoz y Salma Solaun superó con claridad a Bielorrusia, plata, e Israel, bronce. La diferencia volvió a ser amplia: España aventajó en 1,600 puntos a sus perseguidoras.

El oro en cinco pelotas fue especialmente significativo porque confirmó que el éxito del concurso completo no había sido un pico aislado. España volvió a salir a competir bajo presión y volvió a hacerlo con autoridad. En una final por aparatos, donde cualquier caída o desajuste puede dejarte fuera del podio, el conjunto español mantuvo la serenidad y ejecutó como campeón.

El triplete que confirma una dinastía

Al oro del concurso completo y al de cinco pelotas se sumó también el título en el ejercicio mixto, completando un nuevo pleno de oros en Varna. Es el segundo año consecutivo que España logra el triplete europeo, después de haberlo conseguido ya en Tallin.

La dimensión del dato es enorme. En apenas dos Europeos, este conjunto ha pasado de ser una gran generación a construir una auténtica hegemonía continental. Según los registros recientes, España acumula ya siete medallas de oro en tres campeonatos europeos, una cifra que consolida al grupo como una de las grandes referencias de la gimnasia rítmica actual.

Inés Bergua, liderazgo y continuidad

La capitana Inés Bergua vuelve a aparecer como una de las figuras centrales de este ciclo. Su liderazgo, unido al trabajo de gimnastas como Andrea Corral, Andrea Fernández, Salma Solaun, Marina Cortelles y Lucía Muñoz, ha dado forma a un equipo reconocible, estable y competitivo.

La continuidad también importa. España compite con una base que se conoce, que entiende los automatismos y que ha aprendido a gestionar la presión de las grandes citas. En la gimnasia rítmica de conjuntos, donde la sincronización y la confianza entre compañeras son fundamentales, esa estabilidad se nota en cada lanzamiento, cada recogida y cada transición.

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