Durante años, una deportista podía anunciar un embarazo y desaparecer de la competición sin que prácticamente ninguna de las preguntas que acompañaban a ese parón estuviera resuelta de antemano. Qué ocurría con su salario. Qué hacía su patrocinador. Cuánto tiempo podía dejar de competir sin desaparecer de un ranking. Quién dirigía su recuperación. Cuándo era seguro volver. Quién cuidaba a su hijo mientras ella viajaba.

La maternidad existía en el deporte de élite, pero durante demasiado tiempo quedó instalada en una especie de espacio privado. Era la atleta, su familia, su entrenador y, cuando había suerte, su patrocinador quienes tenían que encontrar respuestas.

En 2026, el atletismo internacional ha decidido empezar a buscarlas como institución.

World Athletics ha puesto en marcha CARES —Childbirth And Return in Elite Sport—, un proyecto dedicado específicamente a estudiar el embarazo, el parto y el regreso a la competición de las atletas de élite. La iniciativa recogerá experiencias sobre barreras, ayudas, apoyo profesional, situación contractual y económica e incluso posibles mecanismos para proteger la posición de las deportistas en el ranking mundial durante una baja por maternidad. Junto a las encuestas, la federación analizará también sus bases de datos históricas para comparar rendimiento antes y después del embarazo. 

No es todavía una nueva normativa. Precisamente ahí está su importancia: la principal federación mundial de atletismo reconoce que necesita evidencia para decidir qué reglas debería construir.

El cambio parece técnico. En realidad, toca una de las contradicciones más antiguas del deporte femenino profesional: competir al máximo nivel durante los mismos años de la vida en los que muchas mujeres deciden si quieren tener hijos.

Cuando ser madre podía costar una carrera

La imagen de una madre regresando a un gran campeonato lleva décadas produciendo titulares sobre sacrificio y superación. Mucho menos espacio han ocupado las estructuras que hacen posible —o imposible— ese regreso.

El fútbol ofrece una medida bastante cruda de cuál era el punto de partida. Un informe global de FIFPRO de 2017 concluyó que el 47% de las futbolistas encuestadas había abandonado prematuramente su carrera para formar una familia. Solo un 2% de las jugadoras eran madres y, entre ellas, apenas un 8% recibía una prestación de maternidad.

No había una regulación internacional que garantizase mínimos.

“Antes de 2021 no había nada, cero”, resumió años después Alexandra Gómez Bruinewoud, directora jurídica de FIFPRO, al recordar el proceso que llevó a FIFA a introducir sus primeras normas de maternidad.

El caso de Sara Björk Gunnarsdóttir terminó mostrando por qué dejarlo todo a la buena voluntad de clubes y patrocinadores podía ser insuficiente. La internacional islandesa jugaba en el Olympique de Lyon cuando quedó embarazada. En 2021 regresó a Islandia durante la gestación y dejó de recibir parte de sus salarios. Cuando reclamó, el conflicto terminó ante la Cámara de Resolución de Disputas de FIFA. Gunnarsdóttir ganó: el organismo determinó que tenía derecho a recibir íntegramente su remuneración durante el periodo protegido. Fue la primera futbolista que ganó una reclamación apoyándose en las nuevas normas de maternidad de FIFA.

El asunto no afectaba únicamente a una nómina. Hasta entonces, quedarse embarazada significaba en muchos deportes introducir una incertidumbre extraordinaria dentro de una carrera profesional que ya es corta: pérdida de competición, interrupción del entrenamiento, dudas sobre contratos y patrocinadores y una recuperación cuyo calendario no se parece necesariamente al de una lesión convencional.

El fútbol empezó a responder antes que otras grandes federaciones. FIFA introdujo en 2021 unos estándares mínimos de maternidad y los amplió en junio de 2024. La regulación incluye actualmente protecciones relacionadas con embarazo, baja por maternidad, adopción, madres no biológicas, lactancia, problemas médicos vinculados al embarazo e incluso reglas especiales para registrar sustitutas temporales. FIFA detalla aquí su marco regulatorio.

La cuestión había pasado, al menos parcialmente, del acuerdo privado al reglamento.

Embarazo, parto y regreso entran en la agenda

El atletismo llega ahora a esa conversación desde otro lugar. CARES no parte de una norma cerrada, sino de algo anterior: intentar saber qué ocurre realmente con las atletas.

World Athletics quiere estudiar las barreras que encuentran durante embarazo y retorno, el apoyo que reciben de federaciones y estructuras profesionales, sus condiciones económicas y contractuales y la posibilidad de proteger el ranking durante la maternidad. El análisis combinará testimonios con datos reales de rendimiento.

La última cuestión puede parecer burocrática, pero toca directamente la carrera profesional. En atletismo, pasar meses sin competir no significa únicamente perder carreras y premios. Los resultados alimentan rankings que pueden condicionar acceso a campeonatos, invitaciones a reuniones y posición dentro del circuito. Un embarazo no es una lesión, pero durante años el sistema competitivo pudo tratar ambas ausencias de manera similar: la atleta desaparecía de las pistas y el reloj continuaba corriendo. CARES pretende estudiar precisamente si ese reloj debería detenerse de alguna manera.

El proyecto supone también reconocer una carencia científica. El conocimiento específico sobre mujeres deportistas de alto rendimiento ha estado históricamente por detrás del disponible sobre hombres. FIFPRO lo constató recientemente en fútbol. En un estudio médico con 74 futbolistas profesionales, solo una era madre. Para sus investigadores, una presencia tan reducida puede indicar que todavía resulta complicado compatibilizar embarazo, parto y regreso al máximo nivel.

El mismo estudio detectó que un 30% de las jugadoras tenía ciclos menstruales irregulares, por encima de las cifras habituales de la población general, aunque sus autores advirtieron de que todavía no puede establecerse hasta qué punto se relaciona con las exigencias de la carrera profesional. “Nos falta investigación en atletas femeninas de élite”, señaló el director médico de FIFPRO, Vincent Gouttebarge.

No basta, por tanto, con conceder una baja. Hay que saber qué necesita el cuerpo que vuelve.

Después del parto empieza otra carrera

El parto marca el final del embarazo, pero no el final del problema deportivo. Una atleta puede tener permiso contractual para ser madre y encontrarse después con preguntas mucho más difíciles de convertir en una cláusula: suelo pélvico, lactancia, recuperación abdominal, alteraciones hormonales, pérdida de fuerza, sueño, salud mental, gestión del entrenamiento y miedo a lesionarse durante el regreso.

Por eso FIFPRO publicó en 2024 una guía de 48 páginas para el retorno posparto, elaborada junto a futbolistas que habían vivido embarazos durante sus carreras. Un año después, la World Players Association amplió la cuestión y presentó una guía de buenas prácticas basada en cinco pilares: embarazo, permiso parental, regreso al deporte, cuidado infantil y salud de las mujeres

La lista es significativa porque introduce un elemento que a menudo desaparece cuando una deportista recibe el alta médica: el hijo continúa existiendo cuando la atleta vuelve a competir.

Viajes, concentraciones y campeonatos pueden mantener a una deportista lejos de casa durante semanas. FIFA reformó sus normas en 2024 para animar a las federaciones a facilitar que futbolistas internacionales tengan contacto con sus familias durante las concentraciones. Dame Sarai Bareman, responsable del fútbol femenino del organismo, recordaba entonces que una jugadora puede pasar cinco o seis semanas alejada de su familia durante un Mundial.

En atletismo, Allyson Felix convirtió ese problema en parte de su activismo después de vivir la maternidad en plena carrera profesional. Tras denunciar públicamente las condiciones que Nike ofrecía a atletas embarazadas, impulsó también proyectos relacionados con el cuidado infantil en las competiciones. En 2022 colaboró con &Mother para ofrecer cuidado gratuito a hijos de atletas, entrenadores y personal durante los campeonatos estadounidenses.

Ese tipo de medidas cambia el significado de “apoyar a una madre deportista”. No consiste solo en garantizar que un contrato no desaparezca cuando anuncia un embarazo. Puede significar permitir que una fisioterapeuta especializada participe en el regreso, mantener acceso a instalaciones, adaptar cargas, proteger una clasificación o garantizar que viajar a competir no obligue a elegir durante semanas entre trabajo y cuidado.

Y todavía existe una enorme diferencia entre deportes, países y niveles de ingresos.

El fútbol posee normas internacionales porque hay una relación laboral reconocible entre clubes y jugadoras. En el atletismo, muchas carreras se articulan alrededor de becas, contratos de patrocinio, premios, federaciones y organizadores independientes. La misma maternidad puede tener consecuencias radicalmente distintas dependiendo de quién paga realmente a la deportista.

Por eso CARES resulta relevante aunque todavía no haya producido una sola regla nueva. World Athletics no está diciendo que tenga la solución. Está aceptando que embarazo, parto y regreso forman parte de la carrera deportiva y que, por tanto, no pueden seguir tratándose únicamente como circunstancias personales que ocurren fuera de ella. La pregunta que vendrá después será bastante más incómoda: una vez que las federaciones saben qué necesita una atleta para ser madre sin abandonar su carrera, cuánto de ese apoyo están dispuestas a convertir en obligación.

Súmate a

Apoya nuestro trabajo. Navega sin publicidad. Entra a todos los contenidos.

hazte socio

 

Añadir ElPlural.com como fuente preferida de Google.

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora