El Regate

Cooper Flagg, de los duelos con su madre a desafiar los límites de la NBA

El número uno del Draft de 2025 creció en un pequeño pueblo de Maine, se formó en una familia de baloncesto y ya deslumbra con unos registros que lo sitúan en una categoría para las grandes estrellas

Cooper Flagg durante un partido contra Spurs| NBA
Cooper Flagg durante un partido contra Spurs| NBA

Antes de convertirse en una de las grandes esperanzas de la NBA, Cooper Flagg tenía una rival que no le concedía ni una sola canasta fácil. No era un compañero de instituto ni uno de los defensores que hoy intentan frenarle en la mejor liga del mundo. Era su madre, Kelly, con quien jugaba partidos de uno contra uno en la entrada de su casa. Si Cooper buscaba lanzar, ella trataba de taponarlo; si pretendía defenderla, tenía que aprender a competir contra su cuerpo en el poste bajo. Kelly nunca le regaló una victoria. Aquellos enfrentamientos se prolongaban hasta la noche y terminaron cuando una lesión de rodilla puso fin a los duelos familiares.

La anécdota ayuda a entender parte del carácter competitivo de un jugador que ha llegado a la NBA antes de cumplir los 20 años. Flagg creció en Newport, un pequeño municipio de Maine alejado de los grandes centros del baloncesto estadounidense. En su casa, sin embargo, el deporte tenía un lugar privilegiado. Su madre había jugado en la Universidad de Maine y su padre, Ralph, también había competido en baloncesto universitario. Su hermano gemelo, Ace, compartió con él desde pequeño entrenamientos, partidos y una rivalidad que contribuyó a alimentar su ambición.

De un pueblo de Maine al número uno del Draft

Flagg empezó a llamar la atención en el instituto Nokomis Regional, donde se convirtió en el primer estudiante de primer año en ser nombrado mejor jugador de baloncesto de Maine por Gatorade. Su talento pronto dejó pequeño el escenario local. Después de conquistar el campeonato estatal, se trasladó junto a su hermano a Montverde Academy, en Florida, una institución acostumbrada a trabajar con algunos de los mejores talentos jóvenes del país.

El cambio suponía alejarse de casa y entrar en un entorno mucho más exigente, pero también le permitía competir contra jugadores de mayor nivel y exponerse a los ojeadores universitarios. Su progresión fue tan rápida que decidió adelantar su trayectoria académica y acceder antes a la universidad. En Duke confirmó las expectativas que llevaba años generando. Durante la temporada 2024-25 promedió 19,2 puntos, 7,5 rebotes y 4,2 asistencias, lideró a los Blue Devils hasta la Final Four y fue reconocido como uno de los mejores jugadores universitarios del país.

Dallas no tuvo dudas. Los Mavericks lo eligieron con el número uno del Draft de 2025, una decisión que situó sobre sus hombros una parte importante de la reconstrucción de la franquicia después de la salida de Luka Doncic. En su primera temporada respondió con un rendimiento que le permitió hacerse con el premio al Novato del Año. Ahora, en su segundo curso, ha empezado a elevar todavía más las expectativas.

Una gráfica que explica por qué la NBA mira a Flagg

La imagen publicada por StatMuse resume el impacto de sus primeros partidos. La gráfica cruza tres indicadores: promediar al menos 25 puntos por encuentro, alcanzar cinco rebotes y cinco asistencias por partido y superar los dos robos. Flagg aparece solo en la intersección de los tres círculos, un reflejo de su capacidad para influir en distintas facetas del juego.

El partido frente a Miami fue el ejemplo más contundente. El 26 de octubre, el alero anotó 29 puntos, capturó seis rebotes, repartió 11 asistencias y sumó cinco robos en la victoria de Dallas por 113-109. No fue únicamente una exhibición anotadora: generó oportunidades para sus compañeros y castigó al rival recuperando balones. Dos días después, contra Oklahoma City, firmó otros 26 puntos, cinco rebotes y ocho asistencias.

Tras sus cuatro primeros encuentros de la temporada 2026-27, sus promedios se sitúan en 25,3 puntos, 5,3 rebotes, 6,8 asistencias y 2,8 robos. La muestra todavía es pequeña, pero resulta especialmente llamativa por la variedad de recursos que ofrece. Flagg puede atacar el aro, finalizar con ambas manos, encontrar al compañero liberado y aprovechar su físico para incomodar a los rivales en defensa. No necesita limitarse a una sola función para convertirse en protagonista.

El próximo gran nombre de la NBA

Su irrupción ya ha alimentado las primeras comparaciones con LeBron James y las preguntas sobre si algún día podría entrar en la conversación por ser el mejor jugador de todos los tiempos. La etiqueta de próximo GOAT resulta prematura para alguien que apenas empieza a construir su carrera. El legado de LeBron se sostiene sobre décadas de rendimiento, títulos y una longevidad extraordinaria, elementos que ningún jugador puede acreditar con unos pocos partidos.

Pero el entusiasmo no surge únicamente de sus puntos. Lo que distingue a Flagg es la combinación de edad, capacidad física, lectura del juego y competitividad. Dallas encontró en él una pieza para reconstruir su proyecto; ahora empieza a comprobar que puede tener entre manos a una estrella capaz de alterar los plazos de esa reconstrucción.

El chico de Maine que aprendió a competir en el camino de entrada de su casa ya no necesita demostrar que pertenece a la élite universitaria. Su reto es mucho mayor: mantenerse entre los mejores, convertir su talento en victorias y construir una carrera que esté a la altura de las expectativas. La NBA lleva tiempo buscando a la próxima gran figura. Flagg acaba de empezar a responder a esa pregunta, aunque el verdadero desafío será sostener la respuesta durante años.

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Etiquetas Deportes Baloncesto