El 4 de septiembre, cuando London City Lionesses y Manchester United inauguren la temporada, la Women's Super League será literalmente más grande que nunca. Por primera vez habrá 14 equipos, dos más que hasta ahora. Birmingham City y Crystal Palace consiguieron el ascenso directo desde WSL2 y Charlton Athletic completó el salto después de derrotar en los penaltis a Leicester City en el primer playoff de promoción de la historia de la competición.
El cambio parece pequeño escrito en una clasificación. Sobre el calendario significa bastante más. Una liga de doce equipos a doble vuelta genera 132 partidos. Con catorce serán 182: cincuenta encuentros adicionales, casi un 38% más. Cada club pasa de disputar 22 jornadas a 26 antes de sumar FA Cup, competiciones europeas, la nueva Players Cup y los partidos internacionales de sus futbolistas.
La expansión llega, además, cuando casi todos los indicadores económicos apuntan hacia arriba. La WSL factura más, vende un producto audiovisual más valioso y atrae a algunas de las mejores futbolistas del mundo. Alexia Putellas, doble Balón de Oro, comenzará esta temporada en London City Lionesses después de dejar el Barcelona. Arsenal y Chelsea ocupan ya las dos primeras posiciones entre los clubes femeninos con mayores ingresos del planeta.
Crecer parecía durante mucho tiempo el objetivo. Ahora empieza la parte más difícil: decidir cómo sostener ese crecimiento.
Porque añadir clubes no crea automáticamente mejores estadios, más futbolistas de élite, nuevas ventanas televisivas ni presupuestos equivalentes. La WSL entra así en una fase reconocible para cualquier industria que haya aumentado de tamaño rápidamente. El éxito ya no se mide solamente por cuántas personas quieren entrar. También por las diferencias que aparecen entre quienes pueden aprovecharlo.
Noventa millones que no se reparten por igual
Los números explican por qué Inglaterra considera que hay espacio para dos clubes más.
Los equipos de la WSL generaron conjuntamente 90 millones de libras durante la temporada 2024-25, según el último Annual Review of Football Finance de Deloitte. Son 25 millones más que un año antes, un incremento del 39% en apenas una temporada.
Todas las principales vías de negocio aumentaron. Los ingresos comerciales alcanzaron 41 millones de libras, los generados en los estadios subieron hasta los 14 millones y los audiovisuales llegaron a 11 millones. Por segundo año consecutivo, los doce clubes superaron el millón de libras de facturación.
Pero dentro de esos 90 millones aparece una segunda historia. Los cuatro clubes que más ingresan concentran el 71% de toda la facturación de la liga, frente al 66% de un año antes. Solo Chelsea produjo 16 millones de libras en ingresos comerciales, aproximadamente el 40% de todo lo generado por los doce equipos en ese apartado.
La fotografía se hace todavía más extrema en la cima. Arsenal ingresó 25,6 millones de euros en 2024-25 y Chelsea 25,4 millones, según la Football Money League femenina de Deloitte. Entre los 15 clubes femeninos con mayor facturación del mundo aparecen ocho ingleses, pero la consultora advierte al mismo tiempo de una “brecha significativa” entre los equipos de cabeza y el resto.
Una investigación publicada por The Guardian este agosto, a partir de las cuentas de los clubes, añade otro dato: Arsenal y Chelsea ingresaron juntos más que los otros diez equipos de la WSL combinados en 2024-25. También fueron los únicos con masas salariales superiores a diez millones de libras. Desde 2017, los clubes de la competición acumulan más de 111 millones de libras en pérdidas, sostenidas en gran medida por sus propietarios.
La WSL, por tanto, no tiene únicamente que repartir dos nuevas plazas. Tiene que introducirlas en una competición cuyo centro económico se está alejando de su periferia.
Birmingham, Crystal Palace y Charlton llegan a una liga en la que compartirán calendario con clubes capaces de captar decenas de millones, utilizar grandes estadios y acudir al mercado internacional. El ascenso abre una oportunidad que hace solo unos años no existía con esta dimensión, pero también eleva el precio necesario para consolidarse.
La propia reorganización de ascensos y descensos refleja esa búsqueda de equilibrio. A partir de esta temporada, el último clasificado descenderá directamente y el penúltimo deberá disputar una eliminatoria contra el segundo de WSL2. La expansión pretende crear más movilidad entre las dos categorías profesionales, no cerrar la élite sobre catorce clubes.
La cuestión es cuánto tendrá que invertir un recién ascendido para que esa movilidad no se convierta simplemente en una puerta giratoria.
El difícil arte de encontrar una casa
Hay otra forma de observar las distintas velocidades de la WSL: mirar dónde juega cada equipo.
Arsenal disputará por segunda temporada consecutiva todos sus partidos ligueros como local en el Emirates Stadium. En 2025-26 promedió alrededor de 33.800 espectadores y un año antes ya había vendido más de 415.000 entradas entre sus encuentros. Chelsea da ahora otro paso: abandona Kingsmeadow como sede habitual de liga y traslada todos sus partidos de WSL a Stamford Bridge.
A pocos kilómetros existe otra realidad.
Crystal Palace juega en un estadio de alrededor de 5.000 localidades; Brighton utiliza Broadfield Stadium, en Crawley, con algo más de 6.000; Manchester City tiene en el Joie Stadium un recinto de unas 7.000; Tottenham juega habitualmente en Brisbane Road. Everton ofrece un caso intermedio especialmente interesante: su traslado permanente a Goodison Park multiplicó su asistencia media hasta situarla alrededor de los 5.400 espectadores en 2025-26.
No existe, por tanto, un único “estadio WSL”. Y quizás todavía no debería existir. El dato agregado puede inducir a engaño. La asistencia media de la competición terminó la pasada temporada en torno a 6.950 espectadores, ligeramente por encima del curso anterior pero todavía por debajo del récord de 2023-24. Arsenal hizo buena parte del trabajo: concentró más de un tercio de los espectadores de toda la competición y promedió varias veces más público que la mayoría de sus rivales.
La liga tiene que resolver así una ecuación incómoda. Necesita grandes escenarios para generar más taquilla, mejorar la experiencia y convertir los partidos en acontecimientos. Pero trasladar un encuentro desde un recinto de 5.000 espectadores a uno de 40.000 no crea 35.000 aficionados adicionales.
El Emirates funciona porque Arsenal ha construido una demanda suficiente para convertirlo en hogar. Copiar el estadio sin copiar previamente esa demanda puede producir la imagen contraria a la que busca el fútbol femenino: enormes sectores vacíos alrededor del terreno de juego.
El crecimiento de la WSL tiene por eso algo de urbanismo. Algunos clubes necesitan más espacio; otros necesitan llenar mejor el que ya tienen.
A esa disputa se suma la televisión.
La temporada 2026-27 tendrá seis franjas distintas para repartir los partidos durante el fin de semana, después de que WSL Football, los clubes y las cadenas revisaran el modelo del curso pasado. Sky posee los derechos de 163 de los 182 encuentros y BBC ofrecerá otros 19. El fútbol de los domingos por la tarde-noche regresa a las 18.00 después de que esa ventana hubiera sido retirada: generaba objeciones entre clubes y aficionados por las asistencias, pero había sido la franja con mejor audiencia de Sky en 2024-25, con unos 144.000 espectadores de media.
Ahí aparece otra tensión que acompaña al crecimiento: el mejor horario para quien mira desde casa no siempre es el mejor para quien tiene que llegar al estadio.
Cuando el crecimiento llega a las piernas
La expansión añade también una presión menos visible desde la grada.
Una futbolista de la WSL podía disputar hasta 22 partidos de liga la temporada pasada. Esta campaña serán 26. Para los clubes europeos habrá que añadir una Champions femenina ampliada en los últimos años; para las internacionales, las ventanas de selecciones; para el resto, las copas nacionales.
La paradoja es que el fútbol femenino convive simultáneamente con dos problemas opuestos: futbolistas que juegan demasiado y futbolistas que todavía juegan demasiado poco.
FIFPRO lleva tiempo describiendo ese desarrollo “a dos velocidades”. Las grandes internacionales acumulan desplazamientos, competiciones y encuentros de máxima exigencia mientras otras jugadoras, incluso dentro de estructuras profesionales, necesitan más minutos competitivos para desarrollarse. Su análisis sobre el calendario femenino reclama descansos protegidos, mejores condiciones de recuperación y expansiones capaces de crear partidos allí donde realmente hacen falta.
La propia WSL ha tenido que diseñar esta temporada una solución alrededor de esa contradicción.
La antigua League Cup ha sido rebautizada como Players Cup y estrena un formato construido explícitamente, según la organización, alrededor del bienestar de las futbolistas. Los tres equipos ingleses clasificados para la Champions quedan fuera para reducir su carga de partidos. Para los restantes clubes de WSL y WSL2 ocurre justo lo contrario: el nuevo sistema les garantiza un mínimo de seis encuentros para evitar que sus futbolistas sufran una carga competitiva insuficiente.
Es difícil encontrar una representación más clara del momento en que se encuentra el fútbol femenino inglés: unas jugadoras necesitan que les quiten partidos mientras otras necesitan que les añadan partidos.
La preocupación no es teórica. Una investigación de FIFPRO sobre 139 futbolistas de élite de Inglaterra, Francia, Alemania y España detectó una asociación entre mayor congestión de partidos y mayor frecuencia de lesiones. Las jugadoras que sufrieron lesiones de ligamento cruzado anterior habían disputado más encuentros, acumulado más periodos con menos de cinco días de descanso y viajado más que las futbolistas no lesionadas analizadas.
Eso no convierte los cuatro partidos adicionales de la WSL en una amenaza por sí solos. Veintiséis jornadas siguen siendo muchas menos que las 38 de la Premier League masculina. El problema está en quién las juega y qué calendario existe alrededor.
Una internacional de Arsenal, Chelsea o Manchester United puede sumar liga, Europa, copa y selección. Una suplente de un equipo sin competición europea puede necesitar precisamente más encuentros. El número de partidos deja así de ser una discusión sobre cantidad para convertirse en una discusión sobre distribución.
La WSL comienza septiembre con motivos suficientes para celebrar la expansión. Nunca había tenido 14 clubes, nunca había generado tanto dinero y nunca había podido colocar todos sus encuentros de las dos primeras categorías profesionales al alcance de una retransmisión en directo. Birmingham, Crystal Palace y Charlton aumentan además las puertas de entrada a una élite que durante años había permanecido limitada a doce participantes.
Pero sus desafíos también son diferentes a los de hace una década. Ya no basta con conseguir que haya más público, más patrocinadores o más partidos. Hay que decidir dónde colocar a ese público, cómo repartir el dinero, qué clubes pueden soportar el coste de competir y cuánto fútbol cabe en las piernas de quienes lo juegan. La temporada de 14 equipos servirá para empezar a responderlo.
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