Decíamos ayer que había que destruir para construir. No, no soy tan ingenuo. No espero que el fútbol (la sociedad occidental) se arregle en menos tiempo de lo que ha tardado en corromperse. La cuestión es que no hay una sola semana – qué digo, un solo día – sin que un escándalo manche a este santo deporte. Han bastado unos pocos días para que la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) tuviera la amabilidad de contribuir con el enésimo ejemplo de desprecio al aficionado. La Supercopa itinerante de España se jugará este año… en Estambul.
Uno ve el titular y podría pensar que la noticia es que deja Arabia Saudí. Pobre iluso. No exactamente. Arabia no ha sido expulsada de la fiesta ni la Federación ha experimentado una epifanía. Ni mucho menos nadie ha descubierto después de seis años que una competición llamada Supercopa de España debería jugarse donde su propio nombre indica: en España.
Simplemente, Arabia tiene otros planes. Da la casualidad de que será la sede de la Copa de Asia, que a su vez coincidirá en tiempo con la Supercopa – entre enero y febrero de 2027 -. Así las cosas, la incompatibilidad de fechas ha obligado a buscar otra sede y qué mejor enclave que Estambul; habrán pensado en la Federación. Es uno de los brainstorming a los que me hubiera gustado asistir. Ese y el de la orgía de neuronas que decidió hacer un spoiler en el título español de Groundhog Day – Atrapado en el tiempo -. Afortunadamente, y a diferencia de la Supercopa, en el imaginario colectivo permeó la traducción literal y para todos los españoles Bill Murray protagoniza El Día de la marmota.
Pero esa no es la cuestión de fondo porque no tenéis que preocuparos, queridos aficionados. La Supercopa regresará a Riad en el 2028. Dicho de otro modo, no hemos recuperado nada. Sólo hemos cambiado de aeropuerto. El formato – ironías aparte, un éxito – continuará lejos del socio que paga su abono, del niño que sueña con acompañar a su equipo y de esa idea cuasi arqueológica – hoy tan punk – de organizar las competiciones nacionales pensando en los fieles.
A riesgo de resultar obvio - que me corrijan en Las Rozas si me confundo - Estambul tampoco queda en España. Quizás convenga recordarlo en la cúpula federativa, aunque siempre tienen una buena explicación. La fábrica de relato no se agota en la Ciudad del Fútbol: ingresos para los clubes más humildes, la no menos torticera excusa de potenciar el fútbol femenino… Un sinfín de pretextos que han permitido a la Federación poner la mano para recibir decenas de millones que la Federación exhibe como salvavidas del fútbol modesto, aunque cuesta encontrar en él la Arcadia prometida cada vez que necesitan justificar el viaje.
Siempre a la casilla de salida, ¿eh? Poderoso caballero es don Dinero. La única brújula de los jeques del fútbol patrio, que justifican cualquier destino desde la lógica del vil metal. Si paga Riad, Riad. Si paga Estambul… Si mañana apareciera una oferta en – qué sé yo – Tel Aviv, pues excursión exprés al Muro de las Lamentaciones y a blanquear otro régimen. La justificación ahí estaría, sin ponerse mínimamente colorados, acompañada del pertinente eufemismo y aderezado con una expresión corporativa y rimbombante para cerrar la puerta en las narices del aficionado por enésima vez.
Lo que nunca aparece en el rosario de coartadas es la pertenencia. La tradición. Ese derecho emocional de una afición a abrigar a su equipo cuando las papas queman. Eso no genera 40 millones, así que… ¡Desfilando!
No conviene olvidar cómo llegamos a esto. El Pecado Original. Un acuerdo que nació a los pechos de Luis Rubiales y que contó con la empresa Kosmos, cuyo propietario es ese gran faro moral llamado Gerard Piqué, que por aquella época todavía era jugador del FC Barcelona y podía disputar la misma competición cuya explotación estaba ayudando a negociar. Una más y, casualmente, siempre con los mismos actores ya sea directa o indirectamente. Otra casualidad, supongo.
Piqué ha defendido hasta la lágrima – literalmente – el acuerdo y ha insistido en que las comisiones pactadas eran habituales en operaciones de intermediación. La investigación judicial continúa abierta y no existe una condena que permita presentar como probadas irregularidades penales relacionadas con dicho contrato. Pero ni siquiera hace falta adentrarse en esos terrenos para apreciar lo extraordinario del asunto.
Un futbolista en activo de uno de los principales – y grandes – clubes del fútbol español intermediando en el negocio que trasladaba una competición nacional a miles de kilómetros de sus aficionados. España y su habilidad para vivir eternamente en tiempos del Lazarillo.
Durante años, reducir todo a Rubiales era un lugar común. Como lo fue también en tiempos de Ángel María Villar hacer lo propio con el mencionado. Un presidente excesivo, polémico y arrasado por su abuso de poder sobre Jenni Hermoso que abría la puerta a una nueva etapa de – quizás – limpieza general en la Ciudad del Fútbol de Las Rozas. Esa sede a la que han entrado – y no pocas veces – agentes en busca de papeles que fueron pasto de las trituradoras.
Llegó Rafael Louzán y da la casualidad de que Arabia no puede organizar el torneo durante un año. Su primera reacción es no devolverlo a España, que ni siquiera era el plan B. Había otras alternativas, pero ¿la casa del aficionado? Jamás. El ciclo del eterno retorno. Nunca fue únicamente Villar. Nunca fue sólo Rubiales. Es el sistema podrido que okupa la sede del fútbol español desde hace décadas y cuyo hedor ni siquiera puede camuflarse con litros de colonia baratuja, aunque hemos sabido convivir. Eso es lo preocupante.
Es un modelo que entiende la competición como activo exportable, el torneo como producto financiero y al aficionado como consumidor remoto. Si la transferencia llega y la audiencia funciona, el resto es secundario. Mientras tanto, el aficionado medio se hace la misma pregunta que lleva sin respuesta más de media década: ¿Por qué una Supercopa de España tiene que disputarse fuera de España? En realidad, todos lo sabemos, pero los jeques del fútbol patrio la enmascaran con eufemismos y tecnicismos para no admitir en público que el fan pesa mucho menos que el euro.
Síguenos en Google Discover y no te pierdas las noticias, vídeos y artículos más interesantes
Síguenos en Google DiscoverAñadir ElPlural.com como fuente preferida de Google.
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.