El aumento del precio del gasóleo ha obligado al Gobierno a modificar el calendario previsto para retirar las medidas fiscales contra el encarecimiento de los carburantes. La subida del 15,7% registrada en julio respecto al mismo mes de 2025 ha superado el umbral establecido por el Ejecutivo y activa de forma automática la cláusula de salvaguarda incluida en el Real Decreto-ley 18/2026.
De este modo, la rebaja fiscal aplicada al gasóleo será de 20 céntimos por litro en septiembre, frente a los cinco céntimos inicialmente contemplados. Actualmente, la reducción se sitúa en diez céntimos.
La decisión se conoce después de que el Instituto Nacional de Estadística (INE) revisara al alza la inflación de julio hasta el 3,6% interanual, una décima por encima de su primera estimación.
La gasolina queda fuera de la cláusula
El comportamiento de la gasolina es diferente. Su precio aumentó un 7,3% interanual en julio, por debajo del límite del 15% fijado para mantener la protección extraordinaria.
Por ello, la bonificación seguirá el calendario previsto y se reducirá a cinco céntimos por litro en septiembre. El tratamiento diferenciado entre ambos carburantes responde directamente a la evolución registrada por cada uno y a los umbrales establecidos en la normativa.
Electricidad y carburantes elevan el IPC
El repunte de los precios no se explica únicamente por los combustibles. La electricidad también ejerció una presión significativa sobre la inflación, con un incremento interanual del 8,4% en julio.
La inflación subyacente, que excluye de su cálculo los componentes más volátiles, como la energía y determinados alimentos, avanzó una décima y alcanzó el 3%. Ambos indicadores permanecen, por tanto, alejados del objetivo del 2% del Banco Central Europeo.
La evolución de los alimentos ofreció, en cambio, una señal más favorable. Sus precios aumentaron un 1,6% interanual, tres décimas menos que en junio y el registro más bajo para este componente desde 2021, según los datos recogidos en el texto.
La guerra energética vuelve a presionar los mercados
El deterioro del escenario energético internacional se encuentra detrás de buena parte de las tensiones actuales. El conflicto entre Estados Unidos e Irán y las dificultades en las rutas estratégicas para el transporte de energía han incrementado la incertidumbre en los mercados.
El estrecho de Ormuz, una de las principales vías mundiales para el comercio de petróleo y gas licuado, permanece bajo presión. La falta de avances tras el alto el fuego alcanzado en junio y el endurecimiento de las posiciones de Washington y Teherán han contribuido a mantener la volatilidad de las materias primas.
En paralelo, la situación en el mar Rojo y los ataques de la milicia hutí añaden nuevas dificultades al suministro energético internacional. El crudo Brent, referencia europea, ha regresado esta semana al entorno de los 90 dólares por barril.
El encarecimiento llega a los surtidores españoles
La tensión internacional se ha trasladado al mercado español. Los carburantes acumularon en julio su quinta semana consecutiva de subidas, mientras la gasolina alcanzó su precio más elevado desde marzo.
El repunte coincide con la retirada progresiva de las medidas extraordinarias del escudo anticrisis. El Ejecutivo había previsto que la evolución geopolítica permitiera reducir estas ayudas durante el verano, pero el comportamiento de los mercados energéticos ha obligado a introducir una excepción para el gasóleo.
El Ministerio de Economía sostiene que las medidas aplicadas hasta ahora han contribuido a reducir la inflación en aproximadamente un punto porcentual de media durante los últimos meses y han amortiguado más del 60% del impacto económico derivado de las turbulencias geopolíticas.
La evolución de los precios, bajo vigilancia
El principal interrogante se traslada ahora a los próximos meses. Aunque la economía española mantiene un ritmo de crecimiento significativo —el PIB aumentó un 0,7% en el segundo trimestre, según el texto—, la persistencia de los costes energéticos podría prolongar las presiones sobre los precios.
El escenario dependerá en buena medida de la evolución del petróleo y de la retirada progresiva de las ayudas públicas. Si la volatilidad energética continúa, los analistas citados en el texto contemplan que la inflación general pueda aproximarse al 4% a corto plazo.
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