Las economías europeas habían conseguido doblegar y mantener sosegada su inflación después del shock de la guerra de Ucrania, pero el ataque ilegal lanzado por Estados Unidos (EEUU) e Israel contra Irán amenaza con invalidar el esfuerzo de años. España cierra marzo, el primer mes completo tras el comienzo de la ofensiva, con una subida de un punto porcentual de su inflación, pasando del 2,3% al 3,3%. Un ascenso meteórico que no se había visto en los últimos años, pero que amenaza con convertirse de nuevo en habitual.
El Instituto Nacional de Estadística (INE) ha certificado este temor este viernes, con la publicación del Índice de Precios de Consumo (IPC) relativo al tercer mes del año. El dato del 3,3%, que deberá ser confirmado el próximo 14 de abril, no es excesivamente alto en apariencia, pero el cambio de tendencia con el salto de un 1% de golpe es preocupante. “Se explica principalmente por el encarecimiento de los carburantes, efecto directo del conflicto en Oriente Medio”, exponen desde el Ministerio de Economía, Comercio y Empresa, algo que la ciudadanía ya había visto en las gasolineras.
En términos mensuales (marzo sobre febrero), el IPC ha crecido un 1%, su mayor alza mensual desde junio de 2022, cuando se disparó un 1,9%, una vez iniciada la guerra en Ucrania, que arrancó en febrero de ese mismo año. Por su parte, el IPC armonizado (IPCA), al que atiende Bruselas para realizar sus estadísticas, ha incrementado ocho décimas su tasa interanual en marzo, hasta el 3,3%, con una variación mensual del 1,5%.
Por su parte, la inflación subyacente -que excluye de su cálculo la energía y los alimentos no elaborados- se mantiene estable en el 2,7%, igual que en febrero, lo que evidencia la procedencia del incremento. En sentido positivo, el comportamiento de la electricidad ha contribuido a amortiguar la inflación en marzo. La menor dependencia de España de materias primas como el gas para la generación eléctrica, apostando por las renovables, permite que estas fuentes no contaminantes fijen este mismo viernes el precio de la luz en el 84% de las horas, frente al 25% de 2019.
“Está actuando como escudo frente al shock energético por la guerra en Irán”, ensalzan desde la cartera liderada por Carlos Cuerpo, ahora también vicepresidente primero. “El plan de respuesta del Gobierno, aprobado este jueves en el Congreso, está diseñado para que este shock externo no se traslade de forma permanente ni a la inflación, ni al poder adquisitivo de los hogares”, explican las fuentes de Economía. Si bien, de prolongarse mucho la guerra, cualquier respuesta podría ser inútil.
No obstante, el Ministerio pone en valor que, esta última semana, “los carburantes bajan por la aplicación de las medidas fiscales, aunque siguen experimentando presiones por las cotizaciones internacionales, especialmente en el caso del diésel, debido a los mayores precios del petróleo (se mantiene cerca de los 100 dólares), los fletes y los márgenes de refino”. Es decir, la inflción habría sido mayor sin las rebajas tributarias. Habrá que esperar para ver cómo se desarrollan los acontecimientos, pero el peligro inflacionario ya tiene consecuencias en la macro y en la micro. Y podrían ser mucho mayores.
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