FACUA-Consumidores en Acción reclama al Gobierno cambios regulatorios de calado para acabar con los que considera “desproporcionados” márgenes del sector de la generación eléctrica. La asociación propone que la energía nuclear y la hidráulica salgan de la subasta diaria y pasen a estar sometidas a un precio fijado por el Ejecutivo, que debería revisarse cada varios meses.

La petición coincide con un fuerte repunte del precio de la electricidad durante agosto. Según el análisis de FACUA, si los precios registrados durante la primera quincena se mantienen durante el resto del mes, la factura del usuario medio con tarifa semirregulada PVPC alcanzará los 101,23 euros. Sería la primera vez en cuatro años que el recibo supera la barrera de los 100 euros en agosto.

Para encontrar un mes de agosto con una factura superior hay que remontarse a 2022, cuando el recibo alcanzó los 158,30 euros. En los últimos años, el coste fue de 80,71 euros en agosto de 2025, 78,21 euros en 2024 y 73,21 euros en 2023.

El incremento previsto para este mes supone un 17,3% más que en agosto del pasado año. En términos mensuales, la factura de agosto de 2025 se situó en 86,31 euros al extrapolar los datos correspondientes a aquel periodo.

El encarecimiento también se produce respecto a julio. El recibo previsto para agosto es un 8,1% superior al del mes anterior, cuando alcanzó los 93,65 euros y se convirtió en el mes más caro del año. Marzo ocupa el siguiente puesto, con 82,09 euros, mientras que hay que remontarse a diciembre de 2025 para encontrar una factura superior, de 87 euros.

El precio medio del kWh consumido durante la primera quincena de agosto ha alcanzado los 27,74 céntimos en horario punta, 19,29 céntimos en el llano y 21,34 céntimos en el valle, con impuestos indirectos incluidos. Frente a agosto de 2025, los aumentos son del 13,9% en punta, del 21,7% en llano y del 37,1% en valle.

El cálculo de FACUA corresponde a un usuario medio con una potencia contratada de 4,4 kW y un consumo mensual de 366 kWh. Para distribuir el consumo, la asociación toma como referencia un 45% en horario valle, un 29% en punta y un 26% en llano. Los fines de semana y festivos nacionales se considera horario valle durante las 24 horas.

La guerra de Irán mantiene la presión sobre los carburantes y encarece la cadena de suministro

La escalada bélica en Oriente Próximo ha mantenido durante los últimos meses la presión sobre el mercado energético y ha trasladado parte de sus efectos al precio de los carburantes en España. El conflicto iniciado a finales de febrero alteró el suministro internacional de petróleo y provocó fuertes tensiones en el mercado, especialmente por las dificultades para transportar crudo y productos energéticos a través del estrecho de Ormuz, una de las principales rutas mundiales para estos productos. El Banco Central Europeo señaló ya en marzo que los márgenes de refino del diésel habían aumentado significativamente desde el inicio de la guerra.

En España, el impacto se ha dejado notar especialmente en el gasóleo. A mediados de agosto, el precio medio del diésel se situaba en torno a 1,82 euros por litro, mientras que la gasolina rondaba los 1,70 euros. El gasóleo acumulaba así un incremento interanual superior al 15%, frente a una subida más moderada de la gasolina.

La evolución no responde únicamente al precio del crudo. La reducción del suministro y las alteraciones en las rutas comerciales han elevado también los costes de refino y transporte. En Europa, además, la menor disponibilidad de diésel se ha visto agravada por la caída de las importaciones y por las restricciones a las exportaciones de combustibles de Rusia. Reuters señala que las importaciones europeas de diésel han descendido desde 1,97 millones de barriles diarios en enero hasta 1,56 millones en agosto.

El encarecimiento de los carburantes tiene una incidencia directa en el conjunto de la economía a través del transporte. Camiones, distribución y logística dependen en buena medida del gasóleo, por lo que un combustible más caro incrementa los costes de mover mercancías y repercute en el precio final de numerosos productos. El BCE advierte, de hecho, de que el shock energético genera efectos indirectos sobre los costes de fabricación y los precios de importación.

Este escenario añade presión a hogares y empresas justo cuando FACUA alerta del fuerte incremento de la factura eléctrica y reclama cambios regulatorios en el mercado energético. Así, en los últimos meses, mientras los precios de los carburantes subían de manera progresiva, desde la organización en defensa de los consumidores han venido reclamando un tope a los precios que frene los altos márgenes con los que juegan en las grandes compañías.

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