El mercado energético vuelve a mirar con preocupación hacia Oriente Próximo. El precio del petróleo Brent, referencia para Europa, ha escalado este lunes más de un 2,3%, hasta situarse en torno a los 107 dólares por barril antes de la apertura de las Bolsas europeas. El West Texas Intermediate (WTI), referencia en Estados Unidos, también avanzaba más de un 2,4%, hasta los 102,5 dólares. El repunte devuelve al crudo a máximos de cuatro meses y se produce en un contexto marcado por la creciente incertidumbre sobre el suministro mundial.
El detonante inmediato se encuentra en Arabia Saudí. El país decidió cerrar de manera preventiva el oleoducto Este-Oeste después de sufrir varios ataques con drones, que, según las autoridades saudíes, fueron lanzados desde territorio iraquí. La infraestructura conecta los yacimientos petrolíferos del este del país con las instalaciones de exportación de Yanbu, en la costa del mar Rojo, y se ha convertido en una vía especialmente importante desde el comienzo de la guerra entre Estados Unidos e Irán y el bloqueo del estrecho de Ormuz.
Una alternativa estratégica al estrecho de Ormuz
La relevancia del oleoducto se explica por su capacidad para permitir que parte del crudo saudí llegue a los mercados internacionales sin atravesar Ormuz. La infraestructura, de unos 1.200 kilómetros, puede transportar hasta siete millones de barriles diarios, aunque las estimaciones sobre el volumen que estaba canalizando antes del cierre se sitúan en torno a los cuatro o cinco millones.
Precisamente por ello, su interrupción añade presión a un mercado que ya afronta importantes dificultades para garantizar el suministro. El estrecho de Ormuz continúa prácticamente bloqueado por el conflicto y, paralelamente, los ataques y amenazas en el mar Rojo y el estrecho de Bab el Mandeb están complicando todavía más las rutas alternativas para transportar hidrocarburos.
A este escenario se suma ahora la dimensión política. El presidente estadounidense, Donald Trump, ha abierto incluso la puerta a que Estados Unidos mantenga presencia en Irán una vez terminada la guerra y controle parte de sus recursos petroleros. "Al final nos iremos. A menos que decidamos quedarnos y quedarnos con el petróleo, como en Venezuela", afirmó durante su visita a Irlanda. Trump ha defendido además que el conflicto podría terminar este año, aunque ha situado esa posibilidad alrededor de las elecciones de medio mandato estadounidenses, previstas para noviembre.
Sus declaraciones se producen mientras continúa la presión estadounidense sobre Teherán y mientras los países del Golfo buscan fórmulas para reducir la tensión y garantizar la navegación. Una reunión prevista en Omán entre Irán, Irak y los países del Consejo de Cooperación del Golfo fue finalmente aplazada, en un nuevo indicio de las dificultades para avanzar hacia una salida diplomática.
El encarecimiento del crudo añade, además, presión sobre los bancos centrales. La energía constituye uno de los principales canales por los que una crisis geopolítica puede trasladarse a la inflación. En este contexto, la Reserva Federal celebrará esta semana su reunión de política monetaria, mientras también están previstas las reuniones del Banco de Inglaterra y del Banco de Japón. El mercado espera que la Fed eleve los tipos en 25 puntos básicos, una decisión que podría verse condicionada por la evolución de los precios energéticos.
El petróleo se dispara más de un 35% desde el inicio de la guerra
El precio del petróleo ha recorrido un camino especialmente volátil desde el estallido del conflicto entre Estados Unidos e Irán a finales de febrero. El Brent partía de la zona de los 70 dólares por barril el 27 de febrero, pero la interrupción de las rutas de suministro y el temor a que la guerra afectara al estrecho de Ormuz provocaron un repunte prácticamente inmediato. A comienzos de marzo, el crudo ya superaba los 90 dólares y, pocos días después, llegó a situarse cerca de los 120 dólares.
La escalada llevó al Brent a superar por primera vez en años la barrera de los 100 dólares, en un movimiento que tuvo su punto álgido durante marzo. Posteriormente, la relajación de algunas tensiones y la recuperación parcial de los flujos comerciales permitieron que el precio descendiera. A finales de junio, el barril llegó a cotizar por debajo de los niveles previos al inicio de la guerra.
Sin embargo, el mercado energético ha vuelto a tensionarse durante las últimas semanas. En julio, el Brent llegó a superar los 100 dólares después de nuevos ataques hutíes y del aumento de las amenazas sobre el transporte marítimo. Tras varias semanas de oscilaciones, la escalada militar entre Estados Unidos e Irán y las nuevas ofensivas contra instalaciones energéticas saudíes han vuelto a impulsar el crudo.
Este martes, el Brent ha llegado a los 99,46 dólares, lo que supone un incremento de alrededor del 40% respecto al comienzo del conflicto. El riesgo de nuevas interrupciones en Ormuz, por donde circula una parte esencial del comercio energético mundial, mantiene elevada la prima de riesgo.
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