La aventura de Isabel Díaz Ayuso en México no es una anécdota. Es un síntoma más de la debilidad de un modelo que triunfa en Madrid pero que, cada vez que la presidenta sale de su burbuja, se estrella. El estilo de Ayuso, abonada desde hace años a la "libertad", le sirve para mantener una mayoría absoluta que le permite jugar a su antojo en Madrid. Sin embargo, incluso en el resto de España, cada vez está más claro que la baronesa no cuenta con un apoyo popular que será fundamental si decide aspirar a ser la próxima presidenta de España.

La carrera de Ayuso a La Moncloa pasa primero por conquistar Génova 13. Su influencia como dirigente de la delegación más numerosa del PP la convierte en una de los nombres con más poder en una hipotética huida de Alberto Núñez Feijóo. Este escenario sería la prueba final del estilo de Ayuso, demostrar que la bronca permanente como forma de hacer política triunfa más allá de Madrid.

Hace ya años que la popular actúa más como la portavoz de lo que Feijóo no se atreve a decirle a Pedro Sánchez que como presidenta de la Comunidad de Madrid. Lo que quizás no esperaba era que su intento de exportar al otro lado del mar esta estrategia, que tan buen resultado le da en su tierra, iba a terminar con una prueba tan clara de una de sus grandes debilidades.

En la Puerta del Sol, Ayuso juega en casa. Tiene mayoría absoluta, un ecosistema político hecho a su medida, una oposición debil y una maquinaria comunicativa que convierte cada choque en combustible. Pero fuera de esa zona de confort, la presidenta descubre algo mucho más elemental: no todos los escenarios responden igual a la provocación, no todos los públicos compran el mismo marco y no todos los conflictos se resuelven con una frase de trinchera.

México, o cómo convertir un homenaje en un conflicto diplomático

La secuencia de lo que ocurrió en México expone los límites del ayusismo cuando se queda sin Madrid alrededor. La presidenta calentó el viaje antes de que empezara, calificando el país norteamericano como uno de los "narcoestados de ultraizquierda", una frase que ya encontró el rechazo de la encargada de retratarla una y otra vez en la semana que ha pasado en México, Claudia Sheinbaum. A partir de ahí, cada gesto posterior de Ayuso se leyó como parte de una misma ofensiva ideológica.

Todo se fue cargando de símbolos. Allá donde iba la presidenta, ya fuera Ciudad de México o Aguascalientes, se encontraba con el rechazo de las calles, al que no está acostumbrada en su Madrid. Y esta es la razón por la que se le vio muy incómoda cuando tuvo, hasta en tres ocasiones, que escuchar a personas que le recordaban el respeto que se debe al país que te acoge, a su historia, y a su cultura.

Pero Ayuso no entendió este mensaje como una advertencia a tiempo, y en su primer acto en la capital mexicana reabrió uno de las cuestiones más cargadas ideológicamente. Teorizar sobre la Conquista de América en América es un movimiento muy arriesgado. Hacerlo defendiendo a Hernán Cortés se puede entender como el último clavo en el ataúd de tu estrategia política. A no ser que seas Isabel Díaz Ayuso y tu estrategia política sea probar hasta dónde se estira el chicle de la provocación. En ese caso, vía libre a dejar claro que, fuera de Madrid, esa forma de hacer la compra muy poca gente.

Sheinbaum salió a responder, provocando un nuevo choque diplomático por una cuestión que hasta el rey ha empezado a abordar de manera distinta. En los días siguientes, cada acto al que acudía Ayuso se convertía en un recordatorio de que las calles de México respaldan lo que defendía su presidenta. Los abucheos, el "A México se le respeta", todo hasta llegar al colofón en Riviera Maya.

La baronesa se disponía a descansar de una semana "durilla" en un fin de semana de ocio en la costa caribeña. Sin embargo, un día antes de acudir a la gala de los Premios Platino, Ayuso canceló toda su agenda —aunque se quedó allí el resto del fin de semana—, y decidió que ya que ser la abusona no le había dado resultado, tocaba probarse el traje de víctima. La Comunidad de Madrid acusó al Gobierno de Sheinbaum de boicotear la estancia de Ayuso en Riviera Maya, llegando a afirmar que hubo amenazas a los organizadores. El Ejecutivo mexicano y hasta el propio hotel que hospedaba a Ayuso, salieron a desmentirla.

¿Y ahora qué?: la fórmula Ayuso en España

Ya no había más salidas. Provocar a toda la población de un país convirtió su viaje en una pesadilla, y tratar de dar la vuelta a la tortilla lo hizo todavía peor. Venderse como la víctima de una persecución es útil en Madrid, un feudo en el que triunfa la estrategia ultra de culpar de todo a Pedro Sánchez. La audacia de tratar de confrontar con el Gobierno electo de un país en su propia tierra ha dado pie a otras evidencias: Para denunciar un boicot, hay que tener pruebas. Para hablar de la Hispanidad, hay que manejar los códigos de un país soberano. Y para exhibir carácter fuera de tu país, hay que poder aguantar una agenda institucional hasta el final.

Este debate se puede importar a España, donde la burbuja del ayusismo en Madrid la sitúa como la dirigente del PP con más capacidad de movilización dentro de la derecha española. Pero para ser la líder de una candidatura nacional hacen falta varias cosas de las que Ayuso carece, y que le habrían venido muy bien en sus días en México. La política nacional exige salir del refugio, hablar a públicos a los que todavía no has convencido, no convertir cada crisis en un incendio mayor y medir las consecuencias diplomáticas de cada gesto.

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