El corazón de Madrid despide a uno de sus puntos de referencia literarios. Tipos Infames, aquella librería de un catálogo rico en ofertas independientes y con especial arraigo en la cultura malasañera, bajará la persiana a mediados del próximo mes de febrero. ¿La razón? La gentrificación, según explican los libreros, es el fenómeno que ha ido echando en los últimos años a vecinos, comercios de toda la vida y la esencia del propio barrio de su lugar de pertenencia, tocándole ahora el turno a Gonzalo Queipo, Alfonso Tordesillas y Francisco Curro Llorca, tres amigos que fundaron este proyecto hace más de una década.
El miércoles por la noche, los dueños sorprendían en redes sociales con la fatal noticia de su inminente cierre. Un anuncio que cayó como un jarro de agua fría sobre el sector literario de la capital, además de entre los lectores frecuentes, autores y autoras de renombre, y que pronto se vio respaldado por una oleada de apoyo desde todos los planos sociales, e incluso el político. Pero en la temperatura emocional de la librería, que también funcionaba como cafetería y bar de vinos, la sensación es "agridulce".
La gentrificación, tal y como han señalado los libreros, es la que se ha llevado por delante este proyecto de 15 años, una ilusión que nació en plena crisis económica y se consolidó en uno de los barrios de moda por excelencia de la capital. "Nos suben el precio del alquiler, pero nosotros no podemos subir el de los libros. Tenemos que vender muchos más libros que hace tres años para pagar la subida", detalla Alfonso Tordesillas en conversaciones con ElPlural.com, reiterando que este fenómeno lleva haciendo efecto demasiado tiempo, cerrando consigo otros negocios de la zona.
"Viene gente como turistas o residentes de corto plazo, lo que hace complicado que se arraiguen; es gente que no consume barrio, lo que conlleva la pérdida de la gente que sí vivía aquí por muchos motivos. Por esto, se nos ha dado la situación de marcharnos, la resumimos en gentrificación porque es un concepto que lo graba todo", añade. La pérdida de este enclave literario extrapola, incluso a la capital, puesto que Tipos Infames fue galardonada con el Premio Librería Cultural 2021 por "la impecable calidad" de su proyecto.
Apoyos por doquier
Gracias al altavoz de las redes sociales, las reacciones no se hicieron de esperar: lectores, vecinos, novelistas de renombre, otras librerías e incluso cargos políticos han mostrado estos días su solidaridad, cariño y apoyo con este proyecto literario de tan importante arraigo. "Vamos a intentar que estos días sean normales y que cada uno se pueda despedir de Tipos Infames como quiera. La librería está en la mente de mucha gente, es gratificante que ese recuerdo permanezca. Es muy emocionante que la gente te conozca, se pronuncie y que la librería se haya podido convertir en un lugar de referencia y de culto. Te vas contento con el recorrido hecho estos 15 años. Es también agridulce porque nadie nos puede ayudar ahora mismo, la situación es complicada", desgrana el librero en conversaciones con este periódico.
Sin ir más lejos, el ministro de Cultura, Ernest Urtasun, lamentó el cierre de Tipos Infames, una prueba más de las víctimas que genera la gentrificación en Madrid: “El cierre de una librería es una pésima noticia para el país, porque librerías como estas son auténticas infraestructuras culturales”.
Entre otras figuras destacadas, el chef José Andrés se prestó a ayudar preguntándoles a los libreros qué necesitan para “cubrir y aguantar” para no cerrar sus puertas, algo que, según ha desgranado Tordesillas a este periódico, tratarán de “contactar” con él próximamente.
Las librerías no mueren
El librero rememora aquella época en la que subieron la persiana y abrieron sus puertas, por primera vez en 2010 y que aún seguirán haciendo hasta febrero de este año. Pese a esta gran pérdida en la oferta literaria de Madrid, desde Tipos Infames hacen balance de cómo ha evolucionado el sector en estos años, tildando de "muy buen síntoma" la apertura de nuevas librerías, en su mayoría más pequeñas y con una oferta más especializada, siendo el caso más acuciante en el último mes el ejemplo de Librería Lasai, de la mano de Ariane Hoyos y Beñat Azurmendi en el corazón de Antón Martín, donde, gracias al trampolín de las redes sociales, han reavivado la avidez por la lectura.
"El librero juega un papel fundamental más que nunca, que no solo gestiona el pedido, sino que hace un catálogo más decidido y que resulta muy proactivo, desde dentro como de fuera de tu librería. Todo eso lo puedes hacer con una librería más grande o más pequeña, y creo que por eso ha cambiado y ahora hay tantas más pequeñas, cada una tiene su propio ecosistema", reflexiona Tordesillas.
España sí que lee: el 66,2% lo hace, mujeres y jóvenes los que más
Pese a este escenario agridulce, los hábitos de lectura entre los españoles no decaen. La buena noticia esta semana vino de la mano del Barómetro de hábitos de lectura y compra de libros, elaborado por la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE), que reveló que la lectura se consolidó como actividad de ocio para el 66,2% de la población en 2025 -en contraposición al 33,8% que reconoce no leer nunca o casi nunca-, un 0,7% más que el año anterior y un crecimiento exponencial del 6,5% desde 2017, cuando empezó a alcanzar su punto álgido durante la pandemia.
Sobre estos índices de lectura, los datos más reveladores reflejan que es la población femenina la que más lee, en un 72,3%; dicho en otras palabras, por cada hombre que lee, hay 1,2 mujeres que lo hacen. A su vez, son los jóvenes de entre 14 y 24 años los que más se habitúan a leer en su tiempo libre, representado el 76,9% en rangos de edad.
A pesar de ejemplos como el cierre de Tipos Infames, las librerías de toda España continúan consolidándose como los puntos de encuentro para comprar libros en un 40%, seguidas en un 24% por vía online.
Con todo, lamentando el cierre de una librería emblemática del Madrid más moderno, queda probado con datos, experiencias y legado que ni las librerías podrían quedar en el recuerdo de tiempos pasados ni los hábitos de lectura tienen fecha de caducidad.