“México no existió hasta que llegaron los españoles”. Estas últimas palabras de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, han avivado la polémica política e institucional tras su viaje oficial al país norteamericano, el cual estuvo protagonizado por el choque directo con el Gobierno de Claudia Sheinbaum y que, a su regreso a España, expandió en críticas contra el Ejecutivo de Pedro Sánchez. Pero en lo que concierne a esta reciente afirmación, cabe destacar que no es una teoría verídica en términos históricos.
Durante su travesía de diez días por México, su tono se caracterizó por haber homenajeado al conquistador español Hernán Cortés, así como por haber ensalzado los lazos de mestizaje y el lenguaje hispano más allá del Atlántico. Una postura que generó el choque aún mayor con el Ejecutivo de Sheinbaum, quien destacó su “ignorancia” por la historia del país y que, en su recta final, estuvo marcada por acusaciones de Ayuso de “boicot” que, en su regreso a Madrid, trasladó hacia Moncloa y el conjunto de la izquierda política.
Con esta última afirmación en el Pleno de la Asamblea de Madrid este jueves, quizás la mandataria madrileña se refirió a que el México que conocemos hoy en día no existía al no ser entonces un país hispanohablante y de costumbres occidentales, pero se ha de tener en cuenta dos factores determinantes: antes de la llegada de los colonos españoles existían civilizaciones milenarias y, posteriormente, con el paso de los siglos, la independencia del país supuso un antes y un después en su historia.
De las civilizaciones mesoamericanas a la independencia de España
El primer capítulo histórico a abordar en la cronología del país norteamericano se remonta a las civilizaciones de Mesoamérica o precolombinas. El periodo prehispánico de México se divide históricamente en tres etapas: Mesoamérica, Oasisamérica y Aridoamérica, aunque es la primera donde se asentaron las bases más modernas y complejas de aquel periodo.
Los periodos más conocidos se remontan a los Toltecas, que alcanzaron su apogeo entre el 900 y el 1100 d.C., siendo conocidos por sus relaciones comerciales y sus estilos arquitectónicos. Aunque la civilización con mayor trascendencia y legado fue la Azteca -desde 1325 hasta 1521 d.C, es decir, entrado el siglo XV.-, fundadora de la ciudad de México, entonces conocida como Tenochtitlán; también la civilización Maya -de las más antiguas y que perduró hasta los conquistadores americanos-, asentada en la Península de Yucatán y que desarrolló grandes avances en matemática, astronomía y escritura, con una estructura organizativa social y política que aún es motivo de estudio.
La conquista española de América, encabezada por Hernán Cortés, se produjo entre 1519 y 1521, confrontando directamente con la jerarquía azteca. La guerra trascurrió en cuestión de tres años, en los que las tropas españolas de Cortés se aliaron con otros pueblos indígenas entonces oprimidos por el Imperio Azteca. La batalla concluyó el 13 de agosto de 1521, cuando los españoles tomaron el poder de Tenochtitlán, derrocaron del poder al emperador Moctezuma y la civilización azteca tal y como era conocida se extinguió.
Los españoles bautizaron como Nueva España al territorio conquistado para en 1535 establecer oficialmente el Virreinato de Nueva España, uniéndose así con la Corona y cuya capital se estableció en la actual Ciudad de México, edificada sobre las ruinas de la antigua Tenochtitlán. En los siglos posteriores, la población indígena que sobrevivió –que escaseó por a masacre de la guerra y las enfermedades importadas desde Occidente-, fue sometida al proceso de evangelización cristiano y por el que se desarrolló el posterior proceso de mestizaje entre los colonos españoles y los mal históricamente apodados ‘indios’. El sistema virreinal se controlaba a través de la Corona española, pero un virrey, una figura intermediaria, actuaba como mandatario principal de las colonias al otro lado del Atlántico.
Un periodo que se extendió hasta 1821, fecha en la que se declaró la Independencia de México del control español, pero, antes de llegar a este punto, el país norteamericano vivió otra guerra, que aconteció después del apresamiento y abdicación del rey Fernando VII a principios del siglo XIX. La Guerra de Independencia mexicana estalló en 1810 con un llamado a las armas conocido como ‘el Grito de Dolores’ contra la parte española, y se llegó a prolongar once años. El 27 de septiembre de 1821 fue el fin de los lazos de control español sobre México y el inicio de una nueva era.
El primer gobierno independiente estuvo en manos de una breve monarquía encabezada por Agustín de Iturbide o Agustín I a partir de 1822, quien tomó el control de un Imperio que abarcaba buena parte de Centroamérica y los actuales estados estadounidenses de California, Texas y Nuevo México. Sin embargo, la estabilidad duró poco, puesto que una rebelión contra la monarquía le obligó a abdicar en marzo de 1823 para volver a poner rumbo a Europa.
Entrando así en una etapa convulsa, el país pasó por dos Repúblicas y un segundo Imperio, pero no fue hasta 1910 cuando estalló la Revolución Mexicana, coincidente con el periodo anterior al México moderno, donde se instauró la etapa presidencial y la estabilidad de los distintos partidos políticos, entre otros ejemplos, con el impulso de la Constitución de 1917. La última etapa, la del México contemporáneo actualmente conocido, comenzó desde 1994 hasta la fecha actual.
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