La Comunidad de Madrid da luz verde a dos nuevas zonas para acumular residuos en el Parque Tecnológico de Valdemingómez. Más concretamente, lo que se plantea es el proyecto de ampliación del vertedero de Las Dehesas, el lugar en el que la región arroja la mayor parte de su basura.

La justificación que dan para ello llevar a cabo la decisión es que “la capacidad actual del vertedero está a punto de llenarse”. El Ayuntamiento de Madrid prevé unas nuevas celdas numeradas como 8 y 9, que se encuentran situadas al sur de las actuales instalaciones, en el entorno del Parque Regional del Sureste.

El proyecto apunta a que “el emplazamiento seleccionado es la última reserva disponible de suelo libre en el interior de la parcela que se encuentra en contacto con las celdas existentes” y ya ha recibido el beneplácito ambiental de la administración de la Puerta del Sol, según informa este miércoles elDiario.es.

La concesionaria de las instalaciones municipales elige la ampliación del vertedero como la opción “más sostenible”, dado que de esta manera “se retrasa la necesidad de buscar un nuevo emplazamiento, que implicará impactos ambientales y económicos mayores”. Según los cálculos del mencionado documento, la vida útil de este territorio aumentará en 7,4 años.

Las dos nuevas celdas sumarán 127.120 metros cuadrados si se unen la superficie de la más grande -la 8-, que dispone de cerca de 79.000 metros cuadrados contando los taludes exteriores y los viales de acceso; y la 9, con sus 48.200 metros cuadrados. La capacidad máxima será de 2.495.547,14 metros cúbicos y 1.476.038,83 respectivamente.

Informe de la Comunidad de Madrid

El informe no contempla riesgos significativos para la salud de las poblaciones del entorno, debido a su distancia con respecto a las zonas residenciales más próximas de Madrid, Getafe y Rivas, eludiendo de esta manera que se produzcan problemas y considerando que no hay motivos para la protesta como en el caso del cantón de Montecarmelo, sobre el que el consistorio de Cibeles ha tenido que dar marcha atrás.

En este caso, dice la documentación, “la distancia que existe entre las futura celdas y las zonas urbanas indican que sus efectos serán muy bajos o inexistentes”. Y acentúa: “A pesar de que la población residente en unos 6-8 kilómetros alrededor del proyecto es de 500.000 habitantes, las zonas más sensibles habitadas suman unas 9.000 personas en Perales del Río y unas 80.000 en Rivas Vaciamadrid”.

Asimismo, expone que “los olores, principal afección de las instalaciones, afectaría a unas 5.000 personas en el entorno de la influencia, situado entre cuatro y cinco kilómetros”. La justificación habla de un estudio específico sobre los niveles de olor en el entorno, el cual indica que la extensión de isodoras aumentará en un 2%, cantidad que considera “poco significativa”.

Si bien, el mismo estudio admite que “el problema de los olores generados en el Complejo de las Dehesas es un impacto sobre el que se está actuando de forma intensa desde hace años”, reconociendo que no se ha conseguido aún “un control de las emisiones hasta niveles aceptables que eviten la afección de los núcleos urbanos del entorno”.

Igualmente, pone el acento en el “efecto acumulativo”, a la vez que reclama “la necesidad de desarrollar actuaciones integrales no solamente sobre el conjunto de las instalaciones municipales, sino también en las instalaciones del DCR de Pinto, por lo que se requiere el desarrollo de un plan de actuación supramunicipal”.

Al estudio ambiental lo complementa un informe de la División de Parques Regionales, dependiente de la Consejería de Medio Ambiente de la Comunidad de Madrid que avisa sobre los efectos que tendrá la construcción de las nuevas celdas de vertidos en el Hábitat del Interés Comunitario, compuesto por matorrales y pastizales que sirven de hogar a diferentes especies animales del entorno del Parque Regional del Sureste.

Para no dañar esta zona, el informe hace hincapié en la necesidad de “compensar, en la medida de lo posible, toda la afección apreciable sobre los hábitats y taxones de interés comunitario albergados en el espacio, derivada de la ejecución del plan”. Atendiendo a los cálculos, la reforestación deberá ser de 68.000 metros cuadrados, dado que la zona de especial valor natural que desaparecerá bajo el vertedero es de 34.000 metros cuadrados.

En cuanto a riesgos ambientales, se advierte también de la presencia de arsénico en los terrenos por encima del nivel de referencia de la legislación autonómica. Si bien la conclusión pasa porque la presencia de componentes de carácter peligroso “comportan un riesgo aceptable para la salud humana para un uso industrial del suelo y para las vías de exposición consideradas”.

Años de debate

Lo cierto es que la instalación lleva años siendo objeto de debate como consecuencia del impacto ambiental. Pero la controversia llegó con especial fuerza a partir de 2006, cuando los desarrollos urbanos de Valdecarros empezaron a atraer residentes que sufrían molestias y malos olores.

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