Este lunes está siendo una jornada tranquila en lo que a incendios forestales se refiere. Sin duda, la meteorología ayuda a que esto sea así, a pesar de que la tregua parece terminarse, sobre todo en las provincias de Ourense y Pontevedra de cara al fin de semana.
A pesar que este sosiego, en Galicia los incendios forestales siempre generan polémica. Viene siendo así desde hace años y este verano no ha sido una excepción.
Si hace semanas, a principios de julio e, incluso, antes se advirtió por parte de entidades ecologistas de la llegada de los meses más complicados sin que la Xunta hubiera hecho los deberes, ahora las críticas se centran en las condiciones de los brigadistas que luchan con el fuego en los montes gallegos.
Los términos económicos de sus contratos han sido puestos en más de una ocasión en entredicho, a lo que se suma ahora una denuncia planteada por Carmen Rodríguez, portavoz de Política Forestal del grupo Socialista en el Parlamento autonómico.
Según sus palabras es un “insulto” que el Gobierno gallego, como alimentación a los brigadistas antiincendios que dependen de esta administración, les esté dando “apenas un mendrugo de pan y unas pocas lonchas de chorizo”. Con esto tiene que soportar las “jornadas de 10 horas ininterrumpidas de trabajo luchando contra el fuego”.
Ante esto, Rodríguez ha presentado una batería de iniciativas en la Cámara regional con el objetivo de “exigir alimentación e hidratación suficiente, equilibrada, segura y adaptada” para el conjunto de estos trabajadores.
La portavoz socialista en materia de política forestal ha asegurado que el Ejecutivo que preside Alfonso Rueda “arrastra” las carencias y “la desatención al equipamiento de los brigadistas desde los incendios del verano pasado, cuando quedaron en evidencia numerosas deficiencias en la organización y el funcionamiento del operativo”.
Respecto a esto ha insistido en que, 12 meses después de aquella llamada de atención, las deficiencias en este ámbito tan importante para quien tiene jornadas laborales tan extensas “continúan sin estar resueltas”. Esto, para Carmen Rodríguez es una demostración de “la dejación en la organización, reparto y calidad del avituallamiento durante la época de alto riesgo”.
"Unas pocas lonchas de chorizo"
A su juicio, es evidente que “un trozo de pan y unas pocas lonchas de chorizo” ponen de manifiesto que se trata de una alimentación insuficiente para un personal que, a las muchas horas de trabajo, añaden una labores de una enorme exigencia física y en condiciones especialmente adversas. Por ello, ha indicado que es “el colmo” que continúen “negándoles la comida y el agua a los brigadistas mientras el Gobierno gallego anuncia nuevos medios de extinción”, y esto cuando ya ha transcurrido una semana del mes de septiembre.
Ante esta situación, la dirigente del PsdeG ha exigido a la Xunta de Galicia y a su máximo responsable “condiciones de alimentación e hidratación dignas” durante los trabajos de extinción de los incendios forestales. De este modo, los socialistas atienden las reclamaciones de estos profesionales “que piden media dieta, que cifran alrededor de los 17 euros por día efectivo de trabajo, para garantizar una alimentación adecuada durante estas jornadas prolongadas”.
Sobre esto ha recordado que el Gobierno gallego presidido por Alfonso Rueda “tiene la responsabilidad de garantizar el suministro de agua, bebidas adecuadas para la reposición de líquidos cuando resulte necesario y alimentos en cantidad y calidad adecuadas, especialmente durante episodios de altas temperaturas y jornadas prolongadas de extinción”.
A mediados del pasado mes de julio, el sindicato CNT Galicia denunció a través de su sección del SPIF (Servicio de Prevención y Defensa contra los Incendios Forestales) lo que calificaron como “situación límite”.
Entre otras cuestiones que llevaban a esta organización a catalogar de esta manera las condiciones en que los bragadistas desarrollan su trabajo citaba la “alimentación escasa”, en un marco tan complicado como es el de los incendios forestales, considerando que estos trabajadores están “sometidos” a un trato que califican como “humillante, peligroso e inhumano”. Para ello, señalaban que “un simple bocadillo de chorizo y un litro de agua es, en muchas ocasiones, toda la provisión que reciben para jornadas que superan las doce horas, en unas condiciones físicas extremas”.
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