El escenario político que se está viviendo en Extremadura es un déjà vu de 2023. Es más, la principal protagonista ni si quiera ha cambiado. La candidata del Partido Popular (PP), María Guardiola, no cuenta con los escaños suficientes para ser elegida presidenta de la Junta y necesita el apoyo de Vox, igual que sucediera hace tres años. No obstante, ha decidido asumir una posición negociadora de máximos y mostrar intransigencia con la extrema derecha, generando exaltación entre los socios naturales y únicos de su formación.
Una réplica de lo que sucedió antaño, con filtraciones, ataques personales e insultos incluidos. Tras aquellas elecciones del 28 de mayo de 2023, Génova terminó levantando el teléfono y obligando a Guardiola a una recapitulación pública que aún se recuerda. Después de los comicios del 21 de diciembre del pasado, podría suceder lo mismo, pues Alberto Núñez Feijóo está muy interesado en mantener una buena relación con Santiago Abascal ante la necesidad de sus votos tanto en unas futuribles elecciones generales como en otras comunidades autónomas.
La onda expansiva podría afectar a Aragón, con Jorge Azcón muy pendiente, y a lo resultante de las urnas de Castilla y León, que abrirán el 15 de marzo. Sin embargo, Guardiola aguanta, si bien en esta ocasión sus reticencias no responden a una defensa de principios ideológicos ni supuestas líneas rojas que el PP aseguraba hace años que no traspasaría para conseguir el apoyo de la ultraderecha. Los conservadores ya han comunicado que están dispuestos a asumir como propias casi la totalidad de las medidas de Vox (el 95%), pero son más reticentes a entregar sillones.
El candidato de Vox, Óscar Fernández, y su equipo negociador, manejado desde Madrid, han exigido una vicepresidencia y un ramillete de Consejerías relevantes, concesiones a las que el PP no está dispuesto. Guardiola ha llegado a solicitar al PSOE un abstención gratuita que la eleve de nuevo a la Presidencia, algo que los socialistas ya han rechazo. Este movimiento ha molestado sumamente a los ultraderechistas y el intercambio de hostilidades, arrojando la culpabilidad al otro lado de la verja, ha tocado su culmen, suspendiendo las negociaciones y abriendo paso a los ataques.
Arrojo de culpas
“Es tremendo comprobar como la señora Guardiola y el PP están filtrando, convenientemente manipuladas y falseadas, nuestras primeras posturas en los intentos de negociación que empezaron con Vox”, acusa el líder de Vox Extremadura a Guardiola. “Lo mismo que en las negociaciones del 23. Así no vamos a ningún lado”, expone Fernández. "Lo mismo que en las negociaciones del 23. Así no vamos a ningún lado. Encima ayer supimos que le ha pedido al PSOE que se abstenga. Ole, ole y ole. Ya sabíamos que tiene muchas coincidencias con ese partido", espeta Fernández.
Sin embargo, desde el PP niegan “rotundamente” la mayor y aseguran que no están negociando con los socialistas para conseguir una abstención, pese a las palabras que su propia líder pronunció. Si bien son conscientes de las "dudas e interpretaciones" generadas por el hecho de que Guardiola dijera que, por responsabilidad, un partido que ha obtenido el peor resultado de su historia (PSOE) tiene que permitir gobernar. "No tiene nada que ver con negociaciones", aseveran desde el PP, algo que no creen en Vox.
“No es verdad. Rotundamente no”, traslada Guardiola, pasando a acusar a sus aliados de ser quienes están dinamitando las negociaciones y reiterando lo que trasladó días atrás: "la única verdad es que no negocio con este PSOE ni con el sanchismo". “Para filtrar eso, que no se corresponde con la realidad, publicaríamos los documentos completos, teniendo en cuenta que la semana pasada autorizaste públicamente que los enseñáramos. Aun así no lo hemos hecho, porque entendemos que no aporta al buen fin de las negociaciones”, se defiende de las acusaciones.
“La mano está tendida, la agenda abierta, la voluntad intacta y la convicción de que lo que nos separa es mínimo. Extremadura no puede esperar”, insiste Guardiola, que empieza a tener miedo de que Vox cumpla sus amenazadas de repetición electoral. Ambas formaciones tienen hasta el 3 de marzo, día que se celebrará el pleno de investidura, para alcanzar un acuerdo. De no conseguir la absoluta, la candidata del PP buscará la mayoría simple 48 horas después. Si esto no se produjese, el escenario está abierto a intentarlo cuantas veces haga falta hasta el 3 de mayo, tras el que sería obligatorio convocar unos nuevos comicios.
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