La Patum continúa siendo una fiesta profundamente antifascista”, aseguró este miércoles en el Parlament la diputada de ERC Alba Camps, a quien momentos más tarde la líder de Aliança Catalana, Sílvia Orriols, contestaba desde el atril afirmando que la tradicional celebración del municipio de Berga (Barcelona) era la “fiesta popular de los berguedanes y por extensión de los catalanes, no la fiesta particular de la CUP ni de Esquerra rendicionista de Cataluña”. Estas palabras eran una previa de lo que iba a suceder tan solo horas más tarde. Orriols acudía este jueves por la noche a dicha celebración y era recibida por una multitud con abucheos, carteles con mensajes como “Berga libre de racismo y odio” y gritos como “fuera fascistas de la Patum”.

Desde el balcón del Ayuntamiento de Berga, al que acudía como invitada por la concejala en el municipio Judit Vinyes, quien es regidora como parte de un grupo independiente, pero hace unos meses se pasó a Aliança Catalana -de hecho, será la candidata del partido de extrema derecha en la localidad-, Orriols asistía a cómo centaneres de personas gritaban desde la calle proclamas como “Bote, bote, bote, fascita quien no bote” o “Cataluña antifascista”.

Entre los gritos se encontraban incluso insultos dirigidos a la dirigente de Aliança Catalana y alcaldesa de Ripoll (Girona). La presencia de Orriols en el balcón del Consistorio ha acaparado toda la atención, al menos mediática, de la Patum, una festividad en la que cada año se escuchan multitud de gritos y proclamas independentistas, los cuales no han faltado en esta edición, pero han quedado opacados por los referidos a la líder xenófoba. Una situación que también refleja el complicado momento que atraviesa el independentismo a causa de la gran división ideológica que existe entre sus filas, especialmente tras la llegada de Aliança Catalana . 

La presencia de Orriols en la Patum ya había sido anunciada por la propia diputada justo una semana antes de que asistiera. La líder de Aliança Catalana dio a conocer el jueves anterior en un mensaje en la red social X que el próximo jueves estaría en el balcón del Ayuntamiento de Berga “para presenciar” la Patum junto a un claro ataque al Gobierno municipal de la CUP. Según Orriols, pretendía aprovechar la ocasión “para transmitir a los bergadanes que después de años de suciedad, oscuridad y degradación, hay esperanza”.

Sin embargo, fue este miércoles cuando caldeó especialmente el ambiente desde la misma red social con una publicación en la que señalaba que le había llegado que la CUP había repartido 2.000 silbatos en Berga para recibirla al día siguiente. “No sé si es verdad o no, pero, si lo es, qué manera de malgastar recursos y de llenar de plásticos innecesarios el mundo. De verdad, madurad y aceptad que Cataluña no es homogénea ni la uniformizaréis a coces y gritos. Menos silbatos y marihuana y más argumentos”, apuntaba en el mensaje. 

Por su parte, el alcalde de la CUP de Berga, Ivan Sànchez, hizo el miércoles “un llamamiento general para todo el mundo” a evitar el conflicto y celebrar la fiesta con armonía. “Llevamos muchos y muchos años trabajando para que la Patum sea un éxito, y sobre todo un ejemplo de concordia, de compartir, de amistad y de alegría. El ruego del Ayuntamiento es que esto continúe siendo así”, afirmó. 

El debate sobre la fiesta de la Patum

El mismo miércoles, durante la segunda jornada de pleno en el Parlament de esta semana, Orriols contestaba a las palabras de la diputada republicana y bergadana Alba Camps, calificando la Patum de fiesta antifascista, negando que esto fuera así. La dirigente independentista defendió que esto no era cierto debido a que dicha celebración nació en el siglo XIV y el fascismo en el siglo XX. “Resulta que iban 600 años avanzados en Berga”, declaró con tono irónico Orriols, que instó a los republicanos y la CUP a abandonar “el sectarismo”. 

Lo cierto es que, a pesar de que la Patum es una fiesta que data del siglo XIV y que se lleva a cabo con razón de la celebración católica de Corpus Christi que tiene lugar al mismo tiempo, desde hace años cuenta con una gran presencia de personas de izquierdas y antifascistas, especialmente independentistas. Tampoco son nuevos los gritos contra políticos en el marco de la Patum. En 2024 fueron para el ahora presidente de la Generalitat, Salvador Illa, a causa de la independencia, y doce años antes para uno de sus predecesores, Artur Mas, con motivo de los recortes de su Govern.

Dejando de lado el tema político e ideológico, lo que está claro es que la Patum es una fiesta de gran relevancia tanto para Berga como para Cataluña. De hecho, en 2008 fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco. La celebración se caracteriza, entre otros detalles, por las representaciones teatrales de figuras de origen tanto religioso como profano que bailan al ritmo de la música y los tambores, en las que el fuego acostumbra a tener un papel importante. Según la Unesco, la Patum “se distingue de las otras fiestas de la región por su riqueza y diversidad, la persistencia del teatro callejero medieval y sus componentes rituales”.

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